¿Controla Putin a Rusia con la ayuda de sus servicios de inteligencia?
Documentos TV
- Extorsiones, veneno, emboscadas o detenciones arbitrarias son algunos métodos contra activistas, empresarios y disidentes
- Según los expertos el Servicio Federal de Seguridad se ha infiltrado en la sociedad rusa como nunca antes lo había hecho
- Este miércoles, “El poder de los espías rusos”, a las 20:00 en RTVE Play y a las 00:55 en La 2 de TVE
Cuatro exiliados rusos revelan en “El poder de los espías rusos” —que la madrugada del miércoles al jueves se emite en Documentos TV— cómo sus vidas se truncaron por oponerse al régimen. Uno de los fundadores de la banda feminista de música, Pussy Riot, un empresario ruso de éxito, un joven estudiante de 16 años y un periodista especializado en la Inteligencia rusa fueron objetivos de los métodos y prácticas del FSB, los espías rusos. Los expertos aseguran que nunca antes habían ejercido tanto poder.
Amenazas, detenciones y novichok
En el año 2000, cuando Vladimir Putin llegó al poder en Rusia, puso en marcha un gigantesco aparato gubernamental en el que él mismo había servido durante gran parte de su vida: el Servicio Federal de Seguridad o FSB. El edificio Lubianka que alberga a la Inteligencia rusa se encuentra en pleno centro de Moscú. Desde allí, se trabaja sobre la idea de seguridad que impone el régimen.
“Putin y el FSB comparten un objetivo común: la necesidad de controlar“
“Putin y el FSB comparten un objetivo común: la necesidad de controlar”, asegura el periodista Andrei Soldatov. Él ha conocido en primera persona las acciones del FSB. Como uno de los expertos más relevantes en la Inteligencia rusa, Soldatov publicó temas relacionados con ella en su página web de investigación con la que se granjeó un ejército de enemigos.
En 2020, comenzó a percibir que tenía problemas con su licencia de medios. Investigó los motivos y le dijeron que la licencia se había cancelado por el fallecimiento del editor. “El editor soy yo. Fue un mensaje bastante directo, la verdad”, sentencia Soldatov. Dos semanas después, hizo las maletas y puso rumbo a Reino Unido.
En 2022, el periodista ruso de investigación fue incluido por las autoridades rusas en la lista de personas más buscadas ©Michael Weihrauch
A la ciudad ucraniana de Jarkov huyó Pyotr Verzilov, desde donde trabaja y apoya a Ucrania en la guerra. Este activista político cofundador del grupo artístico feminista Pussy Riots había realizado, desde 2011, varias acciones provocativas contra Putin y su política. En 2018, Pyotr, junto a su novia Nika Nikulshina, integrante de Pussy Riots, y otros dos miembros de la banda, saltaron al campo en la final del Mundial de fútbol que se celebraba en Rusia.
“Para nosotros era importante recordar al resto del mundo que, en Rusia, no existen las libertades políticas, no se celebran elecciones libres y los disidentes son detenidos”. Es lo que le ocurrió a él y a sus compañeros semanas después y, tras ponerles en libertad, Pyotr comenzó a sentirse mal.
“Experimenté una asombrosa sensación que también describió Navalny al ser envenenado”, relata el activista, al que lograron salvar milagrosamente en un hospital de Berlín de los efectos del novichok, un potente y mortal veneno que no sabe cuándo le fue administrado.
“Pensaba que se iba a morir cada maldito segundo”, recuerda Nika, angustiada. “El veneno supone un método muy particular porque sirve para intimidar a la familia más próxima y a los que te apoyan”, explica el experto Soldatov.
Una extorsión denominada “cuota”
En Londres, el empresario Alexei Shmatko cofundó una start-up que desarrolla un sistema de pago más rápido y barato que los de los gigantes estadounidenses. Aquí, en Reino Unido, ha cosechado tanto éxito como en Rusia, su país natal, del que tuvo que huir, en 2011, al convertirse en víctima de la Inteligencia rusa. En 2008, le convocaron a una reunión con el subdirector del FSB. “Me dijeron: ‘Te tenemos en el radar. Tan solo tienes que darnos nuestra parte y todo te irá bien’”, recuerda Shmatko.
“Me dijeron: ‘Te tenemos en el radar. Tan solo tienes que darnos nuestra parte y todo te irá bien’“
Los expertos revelan que en la Rusia de la primera década del siglo XXI era práctica habitual que grupos estatales corruptos intentaran saquear a las empresas. La de Shmatko fue una de ellas. “A esta extorsión la denominan cuota”, relata Alexei.
Ante la negativa a sucumbir al FSB comienza a ser acusado de delitos falsos y finalmente es detenido y arrestado. En prisión sufrió torturas y no le pusieron en libertad hasta que “el juez aceptó un soborno de mis padres”, cuenta, mientras explica que, al igual que a otros empresarios rusos, no le quedó más remedio que realizar un pago.
Shmatko fue uno de los objetivos del FSB como empresario de éxito en la década de 2000 ©Michael Weihrauch
Objetivo: un adolescente de 16 años
Kevin Lik tenía 16 años cuando, sin saberlo, entró en el punto de mira del Servicio Secreto ruso. Este adolescente, superdotado y con múltiples inquietudes, también se había interesado por la historia de Rusia. “Así descubrí los vídeos de Alexei Navalny en YouTube”.
La ventana de su cuarto daba a unas instalaciones militares. “Empecé a hacer fotos de esos camiones”, cuenta Kevin. Por entonces, ya se oía que podía estallar una guerra entre Rusia y Ucrania. Cuenta que los horribles crímenes que se cometieron poco después en Bucha, le hicieron reaccionar. “No sabía exactamente cómo podía entregar las fotos, que podrían ser relevantes para la investigación de crímenes de guerra en Ucrania”, relata. Finalmente, se las envió a la embajada alemana en Moscú.
Kevin Lik revela que durante su juicio había dos miembros del FSB en la sala en todo momento ©Michael Weihrauch
Durante meses, estuvo comunicándose con alguien que se hizo pasar por un funcionario de la delegación alemana. El FSB le tendió una emboscada. “Se me acusaba de traición a la patria”.
Ahora, vive en Alemania y tiene 20 años. “Cumplí los 18 y los 19 en la cárcel, es el primer cumpleaños que puedo celebrar en libertad”, afirma Lik, que se benefició de un intercambio de prisioneros. Rusia recuperó a diez espías y agentes, mientras que Estados Unidos y Alemania recibieron a 16 presos políticos, incluidos varios periodistas estadounidenses, los principales políticos de la oposición rusa y Kevin Lik.