¿Vivimos en una "sociedad Es-Alert"?: los aprendizajes de la dana de 2024 ante la nueva normalidad climática
- Se envían más avisos ante los fenómenos extremos, pero no hay una "cultura de la prevención"
- Todavía queda mucho por hacer en materia urbanística y se sigue construyendo en zonas inundables
Ya lo cantaba el cantautor valenciano Raimon en 1984: Al meu país la pluja no sap ploure ("En mi país la lluvia no sabe llover"). Danas, gotas frías y riadas se han repetido históricamente en la Comunidad Valenciana y, en general, en la España mediterránea. Pero nada como lo que está ocurriendo ahora.
A pocos días del segundo aniversario de la fatídica dana de octubre de 2024 en la provincia de Valencia, otra dana -esta con el nombre de Adam- ha hecho revivir la pesadilla de entonces. Los registros son históricos: con más de 700 litros caídos en Forna, Alicante, este es el tercer episodio de lluvias más intenso en los últimos 40 años, solo por detrás del récord de 1987 -817 litros por metro cuadrado en Oliva, Valencia-, y del de 29-O de 2024, con 773 l/m2 en Turís, también en Valencia. Pero las cifras de víctimas son afortunadamente más reducidas: cuatro muertos frente a los 232 de hace dos años.
"Tenemos que acostumbrarnos a que los fenómenos extraordinarios son ya ordinarios", apunta a RTVE Noticias el ambientólogo y divulgador climático valenciano Andreu Escrivà. Este territorio ya es "dado a inundaciones", pero la crisis climática en la que estamos inmersos "intensifica los fenómenos que ya existían".
Un "Mediterráneo en ebullición" mete más energía al sistema, que "por algún lado tiene que salir", y lo hace en forma de tormentas más destructivas. "Solo hace falta unir los puntos", señala. Este verano el mar ha batido récords a nivel global y en España -hasta 33 grados en el agua en Baleares-, y ya los expertos advertían hace meses de que se estaba generando el caldo de cultivo para danas como Adam.
Adam no es un hecho aislado. Es la nueva normalidad climática. Ahora vivimos en una "sociedad de la emergencia" o "sociedad Es-Alert", tal y como la llama Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico de la Universidad de Alicante y profesor de Climatología. Es una nueva era en la que, sobre todo en el litoral mediterráneo, vivimos "pendientes de los mensajes que nos puedan llegar", con una aceleración de la destrucción climática que provoca que "año sí y año también nos veamos afectados por algún tipo de evento extremo", ya sean inundaciones, incendios u olas de calor.
El sonoro pitido del mensaje de alerta, una herramienta que comenzó a usarse en España hace solo tres años, se ha convertido en parte de nuestra vida cotidiana. Suena al unísono en miles de móviles en bodas o partidos de fútbol. Desde 2023 se ha enviado más de 500 veces, y solo este octubre las comunidades lo han enviado 47 veces, todas ellas por lluvias, según datos de Protección Civil a los que ha tenido acceso RTVE.
Los mensajes de alerta se disparan desde la dana
Es imposible separar las inundaciones de estos días de la dana de 2024, que dejó una destrucción sin precedentes en la comarca valenciana de l’Horta Sud. Fue a partir de entonces que las danas empezaron a ser nombradas por la Agencia Estatal de Meteorología -antes solo se nombraban las borrascas-. También cuando se comenzó a generalizar el envío de avisos a los móviles, después de la controvertida actuación de la Generalitat a la hora de alertar a la población. Para la jueza que investiga la causa sobre aquella gestión, el "tardío" y "erróneo" envío de la alerta está directamente relacionado con muchas muertes.
Aquel episodio traumático quedó integrado en la memoria colectiva española, pero sobre todo la valenciana, y cualquier fenómeno posterior se analiza en base a la gestión de la riada de la Rambla del Poyo. ¿Hemos aprendido de aquella dana? Andreu Escrivà es tajante: "No". "No hay una cultura de la prevención, no hay una cultura de la adaptación, no ha habido una modificación sustancial del urbanismo", enumera.
Por su parte, Jorge Olcina no es tan pesimista. Cree que "lamentablemente en España aprendemos a golpe de desastre", y que a partir del 2024 "quizá lo que más ha avanzado es la gestión de la emergencia, de los avisos".
Desde entonces, ha habido un claro aumento en el envío de Es-Alert. Los habitantes de las zonas más afectadas -las comarcas de La Safor y La Marina Alta, en el sur de Valencia y norte de Alicante- han recibido hasta cinco mensajes de alerta entre el sábado y la mañana del lunes, cuando se dio el pico de lluvias. Olcina cree que esto "sí ha servido para que se haya reducido el número de víctimas".
Nada que ver con la situación de 2024, cuando el primer mensaje llegó a las 20.11, demasiado tarde para la mayoría de los fallecidos. En esta ocasión también se ha declarado el confinamiento de la población -hasta 800.000 personas-, algo que se planteó en la reunión del Cecopi de aquel fatídico 29 de octubre, pero que se descartó entre polémica. "Salo, de confinar nada", le dijo el jefe de gabinete del entonces president de la Generalitat, Carlos Mazón, a la consellera Salomé Pradas, que dirigía la reunión.
Los mensajes, además, son ahora "más precisos, más ajustados", y se pide a la población medidas concretas como subirse a plantas altas, añade Olcina.
¿Una "banalización" de los mensajes?
Mientras, Escrivà considera que, si bien ha mejorado el envío de alertas, todavía falta "mucha pedagogía" sobre qué significan esas alertas. También cree que hay "demasiado foco" en el Es-Alert y que incluso se corre el riesgo de caer en una "banalización" y a la ciudadanía le puede costar distinguir los mensajes más urgentes.
El problema, opina, es que en 2024 "se hizo tan rematadamente mal que ahora, por el mero hecho de enviar una alerta, ya nos parece que lo estén haciendo bien". Por ejemplo, no cree que hayamos mejorado respecto a la gestión de la dana de la Vega Baja de 2019, cuando "el Cecopi se reunió a tiempo y se habló con la gente los días anteriores".
Esa coordinación entre administraciones sí que parece haberse recuperado ahora, tal y como ha celebrado la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Pilar Bernabé, lo que ha permitido agilizar el despliegue de la UME y facilitar los rescates.
"Más que concienciación hay miedo"
Pero, ¿ha aprendido la población? Muchos, en 2024, bajaron a mover sus coches o sacarlos del garaje cuando comenzaron las lluvias, lo que se convirtió en una trampa mortal, algo que parece que no ha ocurrido ahora.
Para el divulgador Andreu Escrivà, "más que concienciación hay miedo" y "trauma", especialmente en las zonas directamente afectadas por la dana de l’Horta Sud. Es un miedo "mal dirigido", ya que "no ha habido un esfuerzo serio y coordinado de las administraciones para establecer una nueva cultura de la prevención".
Coincide Jorge Olcina: es necesaria una "educación para el riesgo, con mensajes claros a la población de cómo actuar". "Hay mucha población aquí, especialmente en la zona mediterránea, que no sabe bien dónde vive, no sabe que su casa está al lado de una rambla. Si no ha habido un episodio importante en los últimos años, la memoria colectiva de este riesgo es muy débil".
“Hay mucha población que no sabe bien dónde vive, no sabe que su casa está al lado de una rambla“
"Desocupar" lo construido sobre zona inundable
Ambos expertos también coinciden en una crítica: si algo no ha cambiado sustancialmente desde 2024 es el urbanismo, la construcción sobre zonas inundables. Entonces esta cuestión llegó a la conversación pública y ha habido alguna medida al respecto a nivel autonómico, como recoge el nuevo plan valenciano de inundaciones (Patricova); o bien a nivel local, ya que desde 2015 los ayuntamientos están obligados a establecer mapas de riesgo.
Pero aun así, se sigue construyendo en zonas inundables. Muchas de las zonas anegadas en Oliva, Piles o Els Poblets están construidas en esas áreas de riesgo. "Lo que estamos intentando hacer, y creo que es ahí donde está el error básico, es preservar a toda costa aquello que tenemos ahora e intentar seguir como si nada, fortificándolo de alguna manera. No, lo que hay que hacer es cambiarlo de base", propone Escrivà. Cree que hay que empezar a hablar de "deconstruir" y "retirarnos de algunas zonas".
Lo mismo opina el geógrafo de la Universidad de Alicante. "Habría que considerar la opción de la desocupación de esos espacios y el traslado de esas viviendas a otro espacio más seguro", señala. Reconoce que es una medida con un alto coste económico y difícil de explicar a la población afectada, pero la ve imprescindible en aquellas zonas más expuestas y donde ya se han dado daños personales en los últimos años: "En algunos casos están jugándose la propia vida".
Tras el paso de la borrasca Gloria en 2020, que destruyó el paseo marítimo de Bellreguard (Valencia), su alcalde propuso no reconstruirlo y devolver ese espacio a la naturaleza. Aquello le costó duras críticas, pero de nuevo la localidad ha sido gravemente afectada por la dana Adam.
Asimismo, ve fundamental una inversión mayor y continuada en adaptación climática, que vaya del 0,5% al 1% del PIB anual. Fondos que deberían invertirse, por ejemplo, en infraestructura hídrica que proteja a la población. "Porque si no, vamos a seguir asistiendo a lo que hemos visto en las últimas horas". El caos climático, como lo llama Andreu Escrivà, ya está aquí, y todavía estamos muy lejos de adaptarnos a él.