Marruecos vota entre el desencanto y las pugnas internas del majzén: "Los marroquíes saben que nada va a cambiar"
- La cita está precedida por la crisis de Ceuta y las pugnas dentro del círculo de Mohamed VI
- El presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, favorito para ser el próximo primer ministro
Marruecos acude este miércoles a las urnas convertido en un país de contrastes. Las grúas horadan el horizonte de sus grandes ciudades, las obras del Mundial de 2030 se multiplican y sus puertos, fábricas y nuevas infraestructuras alimentan el relato oficial de una potencia emergente al sur del Mediterráneo. En las calles, en cambio, los comicios legislativos suscitan desencanto, eclipsados por la realidad más inmediata: el elevado coste de la vida, el desempleo juvenil, la resaca de las protestas de la Generación Z –reprimidas por el aparato de seguridad– y el reciente asalto a Ceuta que ha tensionado de nuevo la relación con España.
"Conocí campañas electorales un poco vivas. En los años 80 y comienzos de los 90 eran feroces. Desde entonces todos los partidos han sido domesticados", señala en conversación con RTVE Noticias Ali Lmrabet, uno de los periodistas independientes más destacados de Marruecos. Lmrabet, que emprendió hace años el exilio, no cree que haya razones para mantener ninguna expectación con el resultado de una cita que renueva los 395 escaños de la Cámara de Representantes del país vecino. "Antes decíamos que las elecciones en Marruecos eran una farsa; hoy son una farsa más sofisticada. No hay interés entre la población porque los marroquíes saben que nada va a cambiar".
Para esta cita se han registrado 17,5 millones de personas, un 62,5% del censo total. La cifra final de participación podría ser aún más baja. En las últimas elecciones legislativas, celebradas el 8 de septiembre de 2021, estaban registrados aproximadamente 17,9 millones de electores. Votaron unos 9 millones de inscritos. Supone una participación cercana al 36%.
El régimen de Mohamed VI, que controla los medios, proyecta un país en desarrollo. El PIB creció un 4,9% en 2025 y las previsiones apuntan a otro año de expansión. Tánger Med se ha consolidado como uno de los grandes centros logísticos del Mediterráneo; las industrias del automóvil y la aeronáutica han atraído inversión internacional; y el país se prepara para compartir con España y Portugal la organización de la Copa del Mundo de 2030, con el nuevo estadio de Casablanca intentando arrebatar a Madrid la celebración de la final del torneo.
Una mujer pasa junto a los símbolos electorales de los partidos políticos que participan en las elecciones legislativas de Marruecos. AFP
Apuros económicos y deseos de emigrar
Pero esa fotografía convive con otra. El desempleo alcanzó el 13% en 2025 y superó el 37% entre los menores de 25 años, según datos oficiales. Las desigualdades territoriales siguen siendo pronunciadas; el empleo laboral femenino permanece en niveles muy bajos y el coste de la vida se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los hogares. Una realidad sombría que tiene su traslación directa en las elecciones, especialmente entre los jóvenes: apenas alrededor del 3% de los electores registrados tiene entre 18 y 24 años y sólo un tercio de los marroquíes de entre 18 y 35 años declara confiar en el Parlamento, el jefe del Gobierno o los partidos.
"La gente está más interesada en el coste de la vida que en otra cosa", resume Lmrabet. En el centro de la campaña está una juventud que no termina de reconocerse en la transformación económica que exhibe el país. El malestar afloró el pasado otoño con las protestas de GenZ212, un movimiento sin estructura partidista tradicional que, al grito de 'Menos estadios y más colegios y hospitales', colocó en el centro de sus reivindicaciones la sanidad, la educación, la corrupción y la falta de perspectivas laborales. La respuesta policial y judicial dejó centenares de detenidos y largas condenas para algunos manifestantes.
“Las elecciones no sirven para nada en Marruecos. Políticamente estamos en un estado vegetativo“
Un año después, las manifestaciones han perdido presencia en las calles, pero no las causas que las provocaron. Las estadísticas revelan, además, otro dato significativo: más de cuatro de cada diez jóvenes consultados manifiestan su deseo de abandonar Marruecos.
El periodista de investigación Omar Radi observa ahora ese país desde fuera. Pasó cuatro años encarcelado de una condena inicial de seis antes de recibir en 2024 un indulto de Mohamed VI. Él insiste en que nunca solicitó aquella gracia y considera su encarcelamiento parte de una política represiva más amplia contra voces críticas. Desde el extranjero, Radi detecta un malestar que, a su juicio, no ha hecho sino crecer. "La cólera que condujo a 2011 y al Hirak del Rif se ha multiplicado, se ha agravado y es mucho más manifiesta y visible", advierte en una entrevista con el programa Orilla Sur de Radio 5. La diferencia, sostiene, es que el poder ha debilitado durante los últimos años a las organizaciones políticas y sociales que podían canalizar aquella frustración.
"Tenemos un problema constitucional en Marruecos. La gente vota a instituciones parlamentarias y gubernamentales que, al final, no tienen ningún poder. Es algo cosmético, muy cosmético. Las elecciones no sirven para nada en Marruecos. Políticamente estamos en un estado vegetativo", explica Radi sin titubeos. Hay otro contraste que considera especialmente revelador: la velocidad de las obras vinculadas al Mundial frente a los problemas cotidianos de una parte de la población. "Lo único que funciona a una velocidad increíble son las obras para el Mundial de 2030. Se está produciendo una oleada increíble y masiva de demoliciones de viviendas, barrios enteros y partes completas de las ciudades. Todo sucede dentro de una economía casi mafiosa, porque esas decisiones se toman con una opacidad absoluta".
Los grandes partidos han hecho precisamente del empleo juvenil uno de los ejes de campaña y prometen alrededor de un millón de nuevos puestos de trabajo durante la próxima legislatura, junto a inversiones multimillonarias en infraestructuras.
RNI, PAM, Istiqlal y el regreso de los islamistas
Veintisiete formaciones concurren a las elecciones, pero la competición por la primera posición vuelve a estar concentrada en un reducido grupo de partidos. La Agrupación Nacional de Independientes (RNI, por sus siglas en inglés), el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) y el histórico Istiqlal integraron la coalición surgida de las elecciones de 2021. Los tres desplazaron al Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), la formación islamista que había encabezado el Ejecutivo durante una década y que sufrió entonces un derrumbe electoral: pasó de 125 escaños en 2016 a una representación testimonial cinco años después.
El secretario general del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) de Marruecos y ex primer ministro, Abdelilah Benkirane, asiste a un mitin con motivo del inicio de la campaña electoral AFP
El PJD intenta ahora recuperar terreno de la mano de Abdelilah Benkirane, jefe del Gobierno entre 2012 y 2017 y una de las personalidades políticas más reconocibles de Marruecos. Para Lmrabet, la trayectoria de los islamistas ilustra los límites del sistema: ganaron elecciones, alcanzaron el Gobierno tras la reforma constitucional de 2011 y acabaron políticamente debilitados.
"Les dejaron gobernar, les pusieron muchísimas trabas y al final los machacaron", sostiene. Su conclusión es que, más allá de los cambios en el reparto parlamentario, el ganador estará integrado en el espacio político aceptado por Palacio. "Va a ganar un partido o dos próximos al Palacio Real. Ya lo sabemos".
El RNI llega, además, a las elecciones sin Aziz Akhannouch, el multimillonario primer ministro, como jefe del partido. El empresario multimillonario, jefe del Gobierno desde 2021, cedió en febrero la presidencia de la formación a Mohamed Chouki, hasta entonces presidente de su grupo parlamentario. Chouki fue elegido como candidato único en un congreso extraordinario.
El PAM es una formación creada en 2008 desde palacio por iniciativa de Fouad Ali El Himma, una figura muy próxima al rey Mohamed VI y considerado el verdadero poder en la sombra del régimen alauí. El partido constituye la otra gran fuerza de la actual mayoría y ha incorporado a su primera línea a una figura cuyo nombre trasciende desde hace tiempo la política convencional: Fouzi Lekjaa. Ministro delegado encargado de Presupuestos y presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol, Lekjaa se ha convertido en uno de los rostros más visibles del desarrollo deportivo de Marruecos y de la preparación del Mundial de 2030. Durante esta campaña ha participado activamente en actos del PAM, aunque finalmente no concurre personalmente por un escaño.
Faouzi Lekjaa, presidente de la Real Federación Marroquí de Fútbol y miembro del buró político del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), participa en un mitin electoral previo a las próximas elecciones legislativas, en Benslimane (Marruecos). Mosa'ab Elshamy Mosa'ab Elshamy/AP
¿Quién sucederá a Akhannouch?
La pregunta que recorre Rabat no es quién ganará las elecciones sino quién encabezará el próximo gobierno. La Constitución de 2011 establece que Mohamed VI debe nombrar al jefe del Gobierno entre los miembros del partido que obtenga la primera posición en las elecciones legislativas. Eso convierte la batalla entre RNI, PAM e Istiqlal en algo más que una competición por unos cuantos escaños.
Lmrabet da por hecho que habrá relevo. "Pienso que vamos a tener otro jefe de Gobierno", asegura. Y entre los nombres sobre los que, según él, existe expectación, cita precisamente a Lekjaa: "Todo el mundo está mirando hacia el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol".
“Todo el mundo está mirando hacia el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol“
El escenario sigue abierto. Lekjaa no se presenta como candidato a diputado y ha rechazado públicamente algunas de las especulaciones que lo colocan al frente del próximo Ejecutivo. Su creciente protagonismo en la campaña del PAM, sin embargo, ha alimentado las conjeturas sobre el papel que podría desempeñar después del miércoles. Akhannouch abandona la primera línea partidista después de una legislatura compleja. Petrolero y una de las principales fortunas del país y de África, su condición de empresario ha sido recurrentemente utilizada por sus críticos para cuestionar la separación entre poder económico y político, una línea casi imperceptible en la élite marroquí.
Radi sitúa al todavía jefe del Gobierno en otra pugna menos visible. “Forma parte de una batalla institucional con otros aparatos del Estado, los servicios de inteligencia, el Ministerio del Interior y el principal consejero del rey”, sostiene. "No entiendo por qué el actual jefe del Gobierno, que ha servido muy bien al Palacio y las decisiones reales, forma hoy parte de una batalla con una parte del Palacio y del Ministerio del Interior".
Ahí aparece la cuestión que sobrevuela cualquier elección marroquí: cuánto poder está realmente en juego. La Constitución reformada tras las protestas de 2011 amplió formalmente las competencias del jefe del Gobierno y del Parlamento. Pero Mohamed VI continúa desempeñando un papel central en la arquitectura institucional. El monarca mantiene el control de las grandes orientaciones estratégicas y conserva una influencia determinante en política exterior, seguridad y otros ámbitos sensibles.
"Tenemos una Constitución que concede al rey prerrogativas muy amplias y que condiciona todas las decisiones del Gobierno al visto bueno o a la bendición real", afirma Radi. "Tenemos un Gobierno que espera a que el rey exprese su voluntad para ejecutar esas decisiones". Y frente a ese amplio poder, el monarca ha optado en los últimos años por ausentarse del país y reducir al mínimo sus apariciones públicas.
Activistas del partido Agrupación Nacional de Independientes (RNI) participan en un mitin electoral en Salé (Marruecos) en el marco de la campaña del partido para las elecciones legislativas marroquíes. Efe
Las guerras dentro del Majzén
No obstante, la cuestión más difícil de descifrar no se halla en las urnas. Radica en el Majzén —el círculo de poder que informa en torno al rey—. En palacio, en los servicios de inteligencia, en el Ministerio del Interior y en los equilibrios entre los distintos hombres que han acompañado durante décadas a Mohamed VI. Radi y Lmrabet coinciden en detectar tensiones internas, aunque ambos reconocen que se mueven en un territorio donde abundan las hipótesis y escasea la información pública.
"Hay batallas y guerras de servicios y de inteligencia que no comprendemos", señala Radi. "No vemos más que los resultados, algunos síntomas". Entre ellos, cita incluso las deserciones de antiguos miembros de los aparatos de seguridad que han salido de Marruecos y divulgado posteriormente información desde el extranjero.
Lmrabet va más lejos. "Sabemos que hay una guerra interna entre servicios secretos", afirma. Sitúa en esa rivalidad a los aparatos de inteligencia exterior e interior y habla de una pugna que, según él, lleva años desarrollándose. Un conflicto que salpica a la DGST, la Dirección General de Vigilancia del Territorio, el servicio de inteligencia y seguridad interior dirigido por Abdellatif Hammouchi, y la DGED, la Dirección General de Estudios y Documentación y el servicio de inteligencia exterior dirigido por Yassine Mansouri, amigo de infancia de Mohamed VI.
En ese complejo entramado aparece recurrentemente Fouad Ali El Himma, amigo de infancia de Mohamed VI, antiguo político y desde 2011 consejero real. El Himma es una de las figuras más influyentes del entorno palaciego. "El que manda después del rey es Fouad Ali El Himma", asevera Lmrabet.
Un activista besa la frente de una mujer mientras reparte folletos durante un mitin del Partido del Progreso y el Socialismo (PPS), celebrado en el zoco semanal de la comuna rural de Ait Ikkou, en la región de Khemisset. AFP
Ceuta, el episodio que nadie termina de explicar
Unas relaciones internas de un poder extraordinariamente cerrado que adquieren una relevancia adicional después de lo ocurrido en Ceuta. El 30 de julio, coincidiendo con la Fiesta del Trono, decenas de miles de personas se dirigieron desde el norte de Marruecos hacia la ciudad autónoma española. La magnitud del movimiento desbordó la frontera y provocó la mayor crisis migratoria vivida en la ciudad.
Semanas después, siguen abiertas las preguntas sobre cómo pudo producirse una movilización semejante y sobre qué información manejaban previamente las autoridades a ambos lados de la frontera. Una investigación de la Audiencia Nacional española analiza la posibilidad de que aquella entrada masiva no fuera completamente espontánea y trata de esclarecer su eventual organización.
"Probablemente hubo un intento de desestabilización de España desde Marruecos, pero dudo que fuese Marruecos el autor", explica Radi. Su principal argumento es la fecha. El movimiento se produjo el 30 de julio, Fiesta del Trono, mientras Mohamed VI pronunciaba uno de sus principales discursos anuales. "En el momento mismo en el que el rey hacía un discurso muy autocomplaciente, diciendo que Marruecos avanza muy bien, había gente descalza abandonando Marruecos hacia Ceuta", recuerda.
Lmrabet comparte la extrañeza. "Es imposible que Marruecos organice un asalto de esta magnitud el 30 de julio", desliza quien apuesta por atribuir su autoría a una parte del majzén. Las redes sociales —recuerda— llevaban tiempo difundiendo llamamientos para dirigirse hacia Ceuta. A su juicio, la incógnita es cómo pudo producirse una movilización de decenas de miles de personas sin una reacción inmediata de las fuerzas de seguridad. Su hipótesis es que pudo existir inicialmente cierta tolerancia o relajación de los controles utilizada como señal política hacia España y que la situación terminara escapándose de las manos cuando corrió el rumor de que la frontera estaba abierta.
"En su huida, la gente debió pasar cerca de donde estaba el rey, que se encontraba en la ciudad de Rincón con un enorme despliegue de fuerzas del orden. Marruecos es un estado policial que lo controla todo. Yo digo que alguien del régimen dio la orden de abrir la frontera. Alguien capaz de manejar los hilos", añade. "Las playas se vaciaron en una hora o dos porque la gente comenzó a decir que la frontera estaba abierta", relata a partir de testimonios que asegura haber recabado. Y formula una pregunta que sigue sin respuesta: "¿Cómo puede una ciudad desplazarse hacia Ceuta y no verla nadie?"
El rey de Marruecos, Mohamed VI, en una imagen de finales de agosto una celebración religiosa en Rabat.
¿Una crisis dentro del propio régimen?
Es aquí donde Lmrabet vincula Ceuta con las luchas internas del aparato. El periodista asegura haber observado durante las semanas posteriores intentos de medios próximos a diferentes sectores del poder por responsabilizar a determinados cuerpos de seguridad y exculpar a otros. "Lo que percibo es una tentativa de un sector del Majzén de implicar más a los gendarmes en el asalto a Ceuta y preservar a la Policía Nacional y a los servicios secretos", sostiene. Para Lmrabet, ese movimiento sería otro episodio de "la guerra entre servicios".
“Lo que percibo es una tentativa de un sector del Majzén de implicar más a los gendarmes en el asalto a Ceuta y preservar a la Policía Nacional y a los servicios secretos“
La cuestión migratoria sí forma parte desde hace años de la negociación entre Marruecos y sus socios europeos. "Marruecos considera la problemática migratoria y su posición geográfica como una carta que puede jugar en las negociaciones", señala Radi. La pregunta, añade, es quién decide cuándo utilizarla: "La toma de decisiones en Marruecos es opaca". La preocupación permanece intacta en vísperas de las elecciones. Este martes, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, afirmó que su homólogo marroquí, Naser Burita, le ha garantizado que Rabat adoptará medidas para impedir un nuevo cruce masivo hacia Ceuta el 23 de septiembre, después de que hayan circulado nuevas convocatorias en redes sociales.
La crisis ha golpeado una relación que desde 2022 atravesaba uno de sus periodos de mayor cooperación. Aquel año, el Gobierno de Pedro Sánchez respaldó la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental como la base "más seria, realista y creíble" para solucionar el conflicto, modificando una posición española mantenida durante décadas.
Pero debajo de esa cooperación permanecen asuntos especialmente sensibles. Marruecos mantiene su reivindicación sobre Ceuta y Melilla, mientras España considera indiscutible su soberanía. Y la tragedia de este verano ha vuelto a demostrar hasta qué punto migración, política exterior y cuestión territorial pueden entrelazarse en cuestión de horas.
Para Lmrabet, sin embargo, Ceuta apenas ha irrumpido en la campaña electoral marroquí. "No veo ninguna incidencia en las elecciones", sostiene. Tampoco observa una movilización nacionalista excepcional alrededor de la reivindicación de las dos ciudades, más allá de los sectores que tradicionalmente la defienden.
Miembros y simpatizantes del Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) vitorean mientras asisten a un mitin del partido en Tánger el 16 de septiembre de 2026, en el marco de la campaña electoral del PAM de cara a las elecciones legislativas de Marruecos. AFP
El Sáhara, Israel y la política exterior
El otro escenario que sobrevuela las elecciones está fuera de las fronteras del reino. Durante los últimos años, Mohamed VI ha convertido el Sáhara Occidental en el eje de la diplomacia marroquí. La normalización de relaciones con Israel en 2020 estuvo acompañada por el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre la antigua colonia española.
La pasada semana los ministros de Exteriores de Marruecos e Israel, Nasser Bourita y Gideon Sa'ar, acordaron elevar formalmente sus relaciones diplomáticas. Entre las medidas, figuran convertir las actuales oficinas de enlace en embajadas en ambos países y nombrar embajadores por primera vez.
La profundización de las relaciones con Israel tiene, sin embargo, un coste interno. El rechazo a la política israelí hacia los palestinos está muy extendido en la sociedad marroquí y las movilizaciones propalestinas han sido recurrentes. Lmrabet interpreta los últimos movimientos diplomáticos como mensajes dirigidos fundamentalmente hacia el exterior y no hacia el electorado. "Es más un mensaje hacia la Unión Europea y especialmente hacia España", afirma.
Las elecciones de este miércoles decidirán la composición del Parlamento, pero no modificarán la posición de Mohamed VI en la estructura del Estado ni resolverán las incógnitas sobre las relaciones dentro del propio aparato de poder. "La única persona a la que la gente espera no habla: el rey, o el Palacio como institución", zanja Radi.