El incendio de la Vall d'Uixó, desde dentro: "Compartimos toda la información con los vecinos para evitar bulos"
- Gemma Guzmán y Eloi Martínez, periodistas de RTVE, fueron evacuados en el incendio que quemó 9.500 hectáreas
- Combinaron su labor periodística con la información de primera mano para sus vecinos de Alfondeguilla
Sábado 25 de julio. Es mediodía. Cuando Gemma, Eloi y sus dos hijos se dirigen hacia la piscina de Alfondeguilla, tienen la intuición de que no va a ser un día de verano más.
Poco antes, a las 10:30 de la mañana, se declara un incendio forestal en la ladera de la montaña cercana a la Vall d'Uixó, a unos cinco kilómetros de su casa. El primer foco queda extinguido, pero rápidamente se localiza un segundo, unos 500 metros más arriba del núcleo urbano, y poco después… un tercero, muy próximo a los anteriores. Los bomberos creen que hay algo fuera de lo común.
“Estaba comprando en el supermercado a primera hora de la mañana”, recuerda Eloi Martínez, periodista de RNE en Castellón. “Gemma me llamó por teléfono comentándome que los bomberos habían tuiteado sobre un incendio en la Vall d’Uixó. Al volver hacia Alfondeguilla, repasamos publicaciones y no vimos nada significativo. Más tarde dedujimos que se trataba del primer conato”.
Un helicóptero descarga agua en los alrededores de Artana, uno de los municipios afectados por el incendio MANUEL BRUQUE / AGENCIA EFE
El fuego se acerca peligrosamente a la zona forestal. Las condiciones meteorológicas son muy desfavorables, con temperaturas muy altas, escasa humedad y viento de poniente. Las llamas enfilan hacia la sierra de Espadán y se activan hasta 30 medios aéreos, bomberos forestales, agentes medioambientales y la Guardia Civil. La intensidad del frente va en aumento, a una velocidad superior a la de los medios terrestres. Las primeras estimaciones califican el incendio de muy grave.
“Tengo activadas en la red social X las notificaciones de Emergencias y de los Bomberos de la Diputación de Castellón y, esa mañana, me saltaron varias”, rememora Gemma Guzmán, periodista de TVE también en la provincia de Castellón. “Me sorprendió ver que se habían movilizado medios aéreos y en el chat familiar pregunté a unos parientes que viven en la Vall. En un primer momento, me dijeron que se veía algo de humo, pero parecía que ya lo habían apagado. Sin embargo, 45 minutos después volvieron a escribir en el grupo: ahora se veía más humo en otra zona de la montaña. Me pareció sospechoso”.
Cartel de acceso a la piscina municipal del pueblo de La Vilavella, próximo a Alfondeguilla MANUEL BRUQUE / AGENCIA EFE
“Casi siempre dejamos los móviles en casa, pero aquel día tuve un presentimiento“
Con todo, a esa hora aún no son conscientes de la gravedad y se encaminan hacia la piscina de Alfondeguilla. “Casi siempre dejamos los móviles en casa, pero aquel día tuve un presentimiento”, asegura Gemma. “Si se complica la cosa, puedo hacer fotos o algún vídeo que les sirva a mis compañeros de la tele”. Por inercia, la periodista llama al jefe de prensa de los bomberos de Castellón, y su respuesta le deja preocupada: ‘Gemma… se complica, no puedo hablar’.
“Vámonos a casa, que no tiene buena pinta“
Sobre las 14 horas ya es muy visible una gran columna de humo. El viento sopla en sentido contrario a Alfondeguilla, es decir, hacia la Vilavella. Sin embargo, la inquietud va en aumento. “Vámonos a casa, que no tiene buena pinta”.
Gemma y Eloi contaron el incendio a través de RTVE pero también a los vecinos de Alfondeguilla BLAI Y TEO MARTÍNEZ
Desalojo e incertidumbre
A media mañana ya se han realizado desalojos preventivos, principalmente en viviendas de la zona afectada en la Vall d'Uixó, pero la virulencia y la velocidad del incendio obligan a las autoridades a plantear un Cecopi y evacuaciones masivas.
Estas llegan a primera hora de la tarde, en la Vilavella y algunas urbanizaciones de la Vall y de Betxí. Horas después le toca a Artana, Eslida, Alcudia de Veo, Chóvar, Sueras... o Alfondeguilla. Cuando llega la orden, Gemma y Eloi llevan algunas horas preparando el escenario. Son momentos de tensión. “Al volver de la piscina, nuestros hijos habían vomitado por los nervios”, confiesa Gemma. “A partir de ese momento decidimos plantearlo como si fuese una aventura, para evitar que les afectara, para que no tuvieran miedo. ‘Blai, Teo… si nos evacúan, ¿qué os llevaríais?’. Fueron a su habitación y empezaron a sacar juguetes de forma indiscriminada. Cuando sonó el Es-Alert emprendimos la salida”.
La evacuación no es sencilla. “En 10 minutos salió todo el pueblo que, aunque es pequeño [unos 800 habitantes], todos lo hacíamos por la misma carretera”. Eloi incide en que la Serra d’Espadà es el segundo parque natural de la Comunitat Valenciana, un pulmón verde y motor económico de la zona. En muchas localidades de la propia sierra se duplica la población durante los meses de verano.
Gemma también rememora esa tarde del sábado. “Como tenemos dos coches, Eloi se adelantó con los niños y yo me quedé haciendo vídeos del desalojo. Apuré mucho, salí casi 20 minutos más tarde. Pero estaba tranquila, tenía la obsesión de hacer vídeos para la tele. Creo que eso me quitó algo de nerviosismo”.
Informar a su pueblo
Ese sábado por la noche, ya en la casa del familiar que les acoge, ven toda la sierra arder. Es un shock. Una imagen que se les queda grabada en la retina para siempre.
A la mañana siguiente, domingo, los vídeos que reciben en sus móviles les inquietan aún más. En uno de ellos, el fuego baja las laderas del barranco y se acerca al casco urbano de Alfondeguilla. “Nosotros tenemos la casa pegada a la montaña y, entre esa imagen y la del fuego ardiendo por la noche… ahí pensé que nuestra casa podía llegar a quemarse”, reconoce Eloi.
“Entre esa imagen y la del fuego ardiendo por la noche… pensé que nuestra casa podía llegar a quemarse“
Gemma recuerda que, al ver esas imágenes, rompen a llorar. “Fue tan fuerte la impresión que, aunque no trabajaba ese domingo, decidí irme al PMA (puesto de mando avanzado). Comprendí que era la única manera de saber lo que estaba pasando de primera mano e informar a la gente del pueblo”.
Ese día, sin cámara, sin micro, pero sin despegarse del móvil, la periodista residente en Alfondeguilla se informa y dedica su tiempo a enviar audios a la gente del pueblo con las voces de los responsables de la extinción para que sepan lo que ocurre. Y es que los bulos comienzan a propagarse al mismo ritmo que el incendio. Cuenta Eloi que la información que leen en grupos de WhatsApp del municipio no se ajusta a la realidad. “Es por eso que decidimos compartirlo todo, canalizamos la información en estos grupos para evitar los bulos y los malentendidos”.
Esos audios, esa información de primera mano, resulta determinante con el paso de los días. “Los cortes de voz que mandaba a los chats, a su vez se rebotaban y llegaban a mucha gente, también de fuera del pueblo”, averigua Gemma días después. “Incluso en el Ayuntamiento me dijeron que iban a publicar en el bando los datos que yo iba suministrando. Era una manera de informar por vía muy directa a la gente, que estaba sumida en un enorme estado de preocupación”.
Paisaje quemado en La Vall d'Uixó, donde se inició el incendio que quemó cerca de 9.600 hectáreas MANUEL BRUQUE / AGENCIA EFE
Los momentos más delicados
El domingo 26 de julio, las llamas alcanzan unas 6.500 hectáreas, con cerca de 48 kilómetros de perímetro y alrededor de 16.000 evacuados. Los bomberos lo consideran fuera de control.
El mismo domingo por la mañana, Eloi Martínez interviene en un informativo nacional como periodista, pero, sobre todo, como afectado por el incendio. “Ahí tuve una sensación extraña: no me sentía ni física ni psicológicamente preparado para hacer esas conexiones, porque estaba preocupado. Pensaba que nuestra casa se quemaba, los niños viviendo fuera en casa de unos familiares… y ahí sí que tuve esa contradicción”.
“En una conexión hablé de la orografía y me emocioné pensando en que eran las montañas y caminos de mi pueblo“
Sin embargo, con el paso de las horas, la profesionalidad y la responsabilidad del servicio público se imponen. “Puse el piloto automático en el trabajo, haciendo jornadas maratonianas, desde la mañana hasta media tarde… y apenas tuve esa sensación”. Solo una vez le sorprende la emoción. “En una conexión hablé de la orografía y me emocioné [lo hace también ahora] pensando en que eran las montañas y caminos de mi pueblo, que conozco desde niño. Jamás pensé que mencionando las montañas podría romperme”.
Informar en medio de la tragedia
El fuego sigue avanzando durante los días siguientes hacia el corazón de la Serra d’Espadà, mientras los equipos de extinción intentan contener sus distintos frentes y se suceden rebrotes. El lunes 27 de julio ya se superan las 7.000 hectáreas, se mantiene confinados a unos 64.000 vecinos y a 10.000 personas evacuadas. Cuatro de ellas, Eloi, Gemma y sus dos hijos.
El desgaste emocional y físico es enorme para Gemma y Eloi. Además, se crean una presión añadida con la iniciativa de informar a su pueblo. Tanto es así que, por las noches, al llegar a la casa que les acoge, Gemma se derrumba. En ocasiones, también, durante las largas jornadas de trabajo. “Recuerdo escuchar una declaración de unos vecinos justo antes de entrar en directo. Decían que tenían ganas de ver su casa, de volver a su hogar. Me puse a llorar, a escasos segundos de que me dieran paso”.
No es el primer incendio que cubre Gemma Guzmán, pero sí el más delicado. “Involuntariamente, te conviertes en una protagonista más. Las historias que contamos son las que estamos viviendo. Te han evacuado, tienes que estar fuera de casa, alojados en casa de un familiar, luego hay que volver…”.
“No quería que vinieran de Madrid o de Valencia a contar este incendio“
Las dinámicas del trabajo no les permiten desconectar. Tampoco es su intención. “No quería que vinieran de Madrid o de Valencia a contar este incendio”, reconoce Eloi. “Yo conozco estas montañas, estos caminos, conozco a la gente, sé de qué vive la comarca, cuál es su futuro… tengo todo el contexto para poder explicarlo lo mejor posible”. Y así lo ha hecho, apostilla Gemma.
La vuelta a casa
Finalmente, el incendio queda estabilizado el 31 de julio, con unas 9.600 hectáreas afectadas, y los vecinos evacuados pueden regresar progresivamente a sus localidades. “Ahora soy consciente que tardaré mucho en olvidar ciertas cosas”, comenta Eloi. “El día que nos realojaron, recuerdo entrar de los primeros, estar hablando en la plaza con un vecino y escuchar el eco de nuestra conversación de las montañas. Jamás había sentido nada igual”.
Cuando se conoce que realojan a todos los vecinos, Gemma toma una decisión. “Hice vídeos de la primera columna de humo, del desalojo, del PMA… pero me prometí a mí misma que, cuando volviéramos a casa, no iba a grabar nada [se emociona]. Quería que el regreso a casa fuera algo íntimo, sin pensar en el trabajo. La gente estaba muy emocionada, aplaudíamos a los bomberos… se produjeron imágenes muy intensas, pero preferí no inmortalizarlas”.
Con el paso de los días, los periodistas elevan la mirada, cogen perspectiva. “Después de 26 años de carrera, si repaso todo lo que he hecho en mi vida laboral, tengo la sensación de que he estudiado Periodismo para explicar este incendio. Es mi pueblo, mi gente. Yo me he preparado toda la vida para esto [se emociona]”.
La mirada de Gemma es algo diferente. “Yo no soy de aquí, pero yo quiero mucho a esta Serra d’Espadà, ya es parte de mi vida. No sabes la cantidad de personas que me han agradecido el trabajo que hicimos esos días: ‘Nos aportaste tranquilidad’, ‘no imaginas lo bien que nos fue’, ‘esperábamos tus mensajes con ansia’, ‘los reenviábamos a nuestros familiares’. Me ha llenado muchísimo. Me quedaré con eso para siempre”.