Un radar para convertir las palas cántabras en deporte oficial
- Las palas cántabras fueron creadas por Mariano Pérez y un grupo de amigos en 1928 en la playa de la Magdalena, en Santander
- La asociación Palas de Cantabria Valetudo Racket quiere convertir este juego en un deporte oficial incorporando un reglamento y una medición de velocidad
Modernidad y tradición no siempre son palabras contrarias, de hecho, hay muchas ocasiones en las que van de la mano. Y más si se cuenta con la tecnología como aliada. El juego de las palas cántabras es una práctica habitual y emblemática de las playas de Cantabria, que capta la atención de multitud de visitantes. Y para darlo a conocer y animar a más gente a que lo practique, varios aficionados han creado la asociación Palas de Cantabria Valetudo Racket. Quieren convertirlo en deporte oficial incorporando un sistema de medición, a través de un radar y un reglamento.
"Para convertirse en deporte, cualquier juego necesita tener unas reglas, que son en este caso muy básicas. El juego es totalmente exacto al juego tradicional: consiste en el intercambio de la pelota entre cuatro jugadores que juegan como compañeros, no compiten unos contra otros. Y el objetivo es que la pelota no se caiga. Eso es básico, como en el juego tradicional. Lo único que cambia es que hay un radar que mide la velocidad y puntúa al equipo en función de la velocidad a la que juega. Lo que hace el radar es parametrizar la partida". Así explica la esencia de esta práctica Ángel Ortiz, miembro de la asociación Palas de Cantabria Valetudo Racket y nieto de Mariano Pérez, el creador de las palas cántabras. Ortiz impulsa esta iniciativa, junto a otros palistas de la asociación, para cumplir el sueño de su abuelo.
"Mi abuelo ya lo intentó en vida. Por los años 90, diseñó un formato de juego de competición, pero no era el ideal porque sí que competían unos contra otros dentro del mismo equipo. Aquí mismo, en Piquío, lo estuvimos probando, pero no cuajó. No funcionaba por eso, porque competían dos contra dos, y en las palas tradicionales no se compite. Los cuatro jugadores van juntos y persiguen el objetivo de que no caia la pelota". Su nieto, Ángel Ortiz, cree que para lograr un modelo de competición que funcione, es clave la tecnología, que posibilita una competición por puntos. "Ahora existe la tecnología suficiente. Yo voy a ver si con un poco de suerte hago su sueño realidad. Si me está viendo desde ahí arriba, seguramente me apoyaría", concluye.
El radar
La incorporación del radar es fundamental para conseguirlo. El reglamento desarrollado por Ortiz y sus compañeros establece partidas de 20 minutos — con 20 minutos previos solo de calentamiento — y una competición por equipos para alcanzar la mayor puntuación. Cada equipo de cuatro jugadores tiene que terminar la partida con el número máximo de puntos posible y evitar que la pelota caiga al suelo más de 60 veces.
"El radar va captando la velocidad a la que circula la pelota tras cada golpe. Al final de la partida, genera un archivo que da todos los parámetros de la partida: la velocidad media, las velocidades en los rangos en los que has jugado... Y eso sirve, o bien a modo de entrenamiento para mejorar tú mismo, o para poder hacer torneos y competir contra otros equipos. Nunca compiten los jugadores dentro de la pista", añade el nieto del creador de las palas cántabras.
Miembros de la asociación Palas Cantabria Valetudo Racket jugando a las palas Asociación Palas de Cantabria Valetudo Racket
Sobre el radar, explica que se trata de un sistema homologado que se utiliza en la ATP de tenis y en la liga profesional de béisbol americano. Lo conocieron gracias a unos amigos griegos, que lo usaban para jugar a otra modalidad de palas, y decidieron aplicarlo también a las palas cántabras. "Cada vez que la pelota cae al suelo, el radar se para y se para el tiempo", explica Marta, palista que ejerce como jueza durante algunas partidas. Ella se encarga de parar el radar cuando la pelota cae. "En función de la velocidad que marca -- que oscila entre los 60 y 80 km/h, habitualmente --, el radar emite un sonido u otro y va sumando los puntos. Al final, cuando acaban esos 20 minutos, el equipo puede llegar a acabar con 80.000 o 100.000 puntos, por ejemplo. El final de una partida lo marcan dos opciones: o bien que se agoten los 20 minutos de juego o bien que se caiga la pelota 60 veces. Cada vez que se cae la pelota, resta puntos. Y si se llega a 60 veces, se acaba la partida automáticamente. Lo ideal es que una partida termine porque se ha agotado el tiempo y se ha conseguido una buena puntuación. En el caso de una competición por equipos, ganaría el equipo que más puntos obtuviera". Y con eso sueñan estos amantes de las palas cántabras, con poder llegar a establecer competiciones por equipos.
"Para la gente más competitiva, era el detalle que faltaba. Las palas son un juego de toda la vida y nos encanta, y la esencia sigue siendo la misma: jugar a que no se caiga la bola. Pero añadir la posibilidad de conseguir puntos y de competir contra otros equipos le da un punto de adrenalina", argumenta Marta. Aunque hay muchos aficionados que se muestran reticentes a la incorporación de la tecnología y de esa intención deportiva, otros muchos muestran curiosidad y cada vez son más los que se acercan a probarlo. "Es más divertido porque también te puedes superar a ti mismo, te da una vara para medir. Por eso nuestro objetivo es convertirlo en deporte, para que esa competición pueda ser una realidad. Creemos que puede sumar", añade también Loreto, otra de las palistas que pertenece a la asociación Palas de Cantabria Valetudo Racket.
Marta, palista y jueza del radar durante las partidas Asociación Palas Cantabria Valetudo Racket
"Lo bonito de este deporte es que en un mismo equipo no compiten los unos contra los otros, sino que es algo colectivo, eso no cambia. Y la competencia con el resto de equipos también es sana: a ver quién consigue más puntos en cada partida. Al final se trata de una competición basada en la superación propia de cada equipo, no en la rivalidad", concluyen.
Por el momento, esperan poder empezar a organizar torneos, tal vez el año que viene puedan sacar adelante el primero. Su sueño -- y también el del abuelo Mariano Pérez -- de convertir las palas cántabras en un deporte oficial, es, sin embargo, un sueño de largo recorrido; pero esperan también poder alcanzarlo algún día.