40 años del 'asesinato ejemplarizante' de Yoyes por atreverse a salir de ETA
- María Dolores González Catarain, "Yoyes", fue la primera mujer en llegar a la dirección de la banda terrorista
- Fue asesinada como una advertencia para quienes estuvieran pensando en dejar ETA
Una placa recuerda a María Dolores González Catarain, "Yoyes", en la plaza de su pueblo, la localidad guipuzcoana de Ordizia. El diez de septiembre de 1986 fue asesinada a tiros en ese lugar mientras paseaba con su hijo de tres años. Ella fue la primera mujer que llegó a ocupar puestos de responsabilidad en ETA. Pero en 1979 decidió abandonar la banda terrorista. Se acogió a la amnistía y volvió a su casa tras vivir varios años en México.
El asesinato de Yoyes fue ejemplarizante. Así lo asegura Eider Nafarrate, doctora en Historia Contemporánea de la Euskal Herriko Unibertsitatea y especialista en los procesos de salida de ETA. Con él, dice, se mandaba un mensaje a la militancia de la banda: uno no puede salir sin que haya consecuencias. El crimen causó una enorme conmoción, tanto en el plano político como en el social. Le matan, señala Nafarrate, "para que no se produzca un efecto llamada como creían que se podía producir con una figura como la suya".
Romper el silencio
La vuelta de Yoyes a Ordizia fue muy discreta, recuerda Kepa Korta, quien fuera alcalde de la localidad en aquel momento. Aunque había pintadas que la acusaban de traidora, Korta nunca pensó que la propia ETA llegara a matarla. Él fue uno de los promotores de una comisión para protestar por lo ocurrido. Los primeros firmantes, asegura, tomaron una decisión "muy potente", porque por primera vez dijeron en voz alta y públicamente "dejad de matar".
"Dar ese paso era terrible", dice, "porque el ambiente que se vivía era que todos estábamos de acuerdo con lo que se estaba haciendo. Y eso afectaba a todo tu contexto, porque la gente no expresaba estas discrepancias". Se produjeron insultos y amenazas, relata, pero se generó por primera vez un proceso de contestación social hacia ETA. Estas actuaciones fueron articulando un movimiento, "como una bola" dice Korta, a base de acciones concretas y pacíficas.
No se arrepintió
A pesar de que fue acusada de traidora, Yoyes nunca se arrepintió de su pertenencia a ETA, según la historiadora Eider Nafarrate. Y en ningún momento colaboró con la justicia. "Ella no hizo un arrepentimiento explícito en vida o al menos nunca lo expresó como tal. Su salida", subraya, "se produce porque deja de creer en lo que está haciendo ETA, considera que su camino ya ha finalizado".
Otro aspecto que pone de relieve Eider Nafarrate es el componente de género: el hecho de que al hablar sobre el asesinato de Yoyes se haga referencia a su papel como madre, "nos da pistas de que ser mujer lleva a relegar su papel como victimario y hacer hincapié en su papel como víctima de ETA, cuando en realidad esos dos papeles coexisten". Aunque también es cierto que ella "reflexionaba mucho sobre el papel de la mujer dentro de una organización terrorista como ETA". Yoyes tenía 32 años cuando fue asesinada. Los autores del crimen fueron condenados a 47 y 26 años de prisión.