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Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

'Spartacus' abre el Festival de Mérida con Miguel Ángel Muñoz y el Düsseldorf Ballet Theatre

  • María Graciani dirige un montaje mezcla de danza, teatro y video mapping
  • La rebelión del esclavo tracio reivindica a la lucha de clases y advierte de los peligros del poder
'Spartacus' en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida
Eulalia N. González

2.100 años exactos después de iniciar la mayor rebelión de esclavos contra la República romana, 'Spartacus' resurge para inaugurar la edición número 72 del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, en un espectáculo de la directora María Graciani y la dramaturga Ana Graciani, en el que Espartaco repasa los momentos más importantes de su vida desde el umbral de su muerte en batalla.

Hacía 35 años que la historia del esclavo tracio no se representaba en el Teatro Romano de Mérida, desde que en 1991 lo trajera el Ballet de la Ópera de Novosibirsk (con el argentino Maximiliano Guerra como protagonista. Esta vez, le da vida Miguel Ángel Muñoz, que se estrena en el festival emeritense: "primera vez aquí en Mérida, inaugurando el Festival y nada menos que con 'Spartacus'. Estoy feliz, agradecido. Mi cumpleaños es mañana además, con lo cual estaré cumpliendo años en escena".

El madrileño es el único actor en escena, así que sobre él recae todo el peso de un texto que se presenta como una experiencia cercana a la muerte en la que el protagonista ve su vida pasar. "Esa vida medio nebulosa, medio onírica y medio recuerdo es el ballet", explica la autora y codirectora Ana Graciani.

Entrevista a Miguel Ángel Muñoz - Festival de Teatro Clásico de Mérida

Danza y palabra

María Graciani retoma la historia del mito de Espartaco, pero partiendo desde el final. "Quería un ballet y quería palabra", nos cuenta, "y leía y veía que había muerto en batalla y tenía una historia apasionante". Entonces, se puso en contacto con su coreógrafo de cabecera, Pascal Touzeau, con quien dirigió seis años el Ballet Madrid y que estaba confeccionando el Düsseldorf Ballet Theatre. Ella le planteó la idea y juntos fueron confeccionando lo que inicialmente iba a ser una producción centralizada en Berlín, pero el maestro de danza falleció de forma repentina el pasado 27 de abril y Graciani ha tenido que reconstruir el proyecto en tiempo récord.

El húngaro Peter Agardi asume la dirección de coreografía del ballet, centralizando el trabajo de la compañía de baile en Toulouse y coordinándose con la parte actoral de Miguel Ángel Muñoz, que Ana Graciani ha codirigido desde Madrid.

"Todos somos uno. Aquí no estamos haciendo texto y danza o danza y texto. Estamos contando una historia", explica el actor protagonista. Y añade: "hay otro Espartaco bailarín. Yo me nutro de lo que él hace con sus movimientos y él se nutre de cómo yo voy bailando con la palabra". Según la directora e idearia de la obra, "Peter ha hecho una coreografía preciosa. Es un ballet para toda la familia".

Un ballet que pone movimiento a obras sinfónicas clásicas de Tchaikovski o Músorgski en las escenas sobre la vida del héroe, que se fusionan en su muerte con las composiciones creadas por Tuti Fernández, director musical de la propuesta: "era difícil combinar ambos planos, pero ha salido una cosa hermosa que consigue llevar la narrativa de la historia".

Lucha de clases

Espartaco, uno de los personajes más emblemáticos del imaginario colectivo sobre el imperio romano a raíz de la película de Stanley Kubrick y Kirk Douglas, representa la lucha de clases a partir del legendario levantamiento de los esclavos que inició el gladiador en el año 73 a. C.

El actor encargado de dar vida ahora a 'Spartacus' considera que, 2.000 años después, "esa mecha que prendió sigue estando latente" porque "todo lo que nos sucede a nivel de protesta, de luchar por los derechos humanos, por que los hombres y las mujeres sean iguales sean iguales y por una vida digna. De alguna manera, lo comenzó él en aquella revuelta y en esa guerra que duró más de cuatro años".

En un momento del montaje en que el tracio rememora con rabia sus gladiaturas en la arena, el protagonista enuncia que mata para vivir "entre los aplausos y el regocijo de quienes pagan por ver a seres humanos despedazarse a cuchillazos". Un pan y circo que califica de "egoísimo" y que equipara con "el fondo de un pozo donde el alma deja de reconocerse".

La directora María Graciani explica que se trata de una "lucha de clases" en la que Espartaco se pregunta "por qué hay gente que se muere de hambre y gente que tiene tanto", al tiempo que advierte de un viraje al considerar que "incluso los que están abajo, cuando consiguen estar arriba, se olvidan un poco de que estuvieron abajo porque el poder mancha".