A bordo del Hondius
- 14 españoles permanecen en la embarcación cuyos ocupantes están confinados
- Otro grupo de 24 españoles, 9 de ellos navarros, abandonaron el crucero días antes de registrarse los primeros casos mortales por hantavirus.
El caso de contagio por hantavirus que afecta al crucero MV Hondius, ha despertado una alerta sanitaria de primer orden y afecta directamente a pasajeros y tripulación de la embarcación neerlandesa, que están confinados en su interior, a la espera de poder hacer una evacuación controlada y con garantía sanitaria. De momento, la crisis se salda con un brote de hantavirus que ha dejado tres muertos. El Hondius atracará en la isla de Tenerife, en las islas Canarias, en unos tres días tras completar el viaje que le separa ahora mismo de Cabo Verde. En territorio español, los pasajeros afectados por el brote serán atendidos en el hospital de La Candelaria. De este modo, el Gobierno español da respuesta a la solicitud de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en cumplimiento del derecho internacional, permitiendo que el barco atraque a puerto.
Los últimos pasajeros desembarcados
El crucero, que realiza una ruta de mes y medio, zarpó de la Patagonia argentina -Ushuaia- en la segunda quincena de marzo, a donde regresó el 1 de abril, momento en el que desembarcó buena parte del pasaje, incluido un grupo de 24 españoles, entre los que se encontraban 9 navarros. Uno de ellos, buceador profesional e instructor subacuático ya jubilado, es Luis Gorricho. Un hombre de gran experiencia en expediciones marinas, patrón de barco, y que ha surcado todos los mares y polos del planeta para la práctica del buceo. De hecho, en esta salida se hicieron inmersiones en la Antártida, Polo Sur.
Ha pasado más de un mes desde entonces y ningún miembro de este grupo ha presentado problemas de salud o que pudieran vincularse a un supuesto contagio, por lo que se muestran tranquilos. Si bien, ninguna autoridad sanitaria o de la empresa que gestiona la embarcación se ha puesto en contacto con ellos para interesarse por su evolución física. Respecto a las condiciones de higiene y sanitarias del barco, Gorricho tiene claro que "era de una pulcritud extrema, tanto para revisar equipaje y vestimentas en los embarques, así como con continuas desinfecciones al regresar a la embarcación". Este experimentado profesional navarro del mundo marino y subacuático recuerda haber visitado la sala de máquinas, por petición expresa propia, y quedó "impactado del grado de limpieza, orden y pulcritud que presentaba, incluídas las protecciones de disco para evitar entradas de ratas en los agujeros que perforan el casco para los amarres".
A su juicio, se hace difícil pensar que hubiera ratas en el interior del buque, por lo que Gorricho se inclina a pensar que es más factible -que no imposible- que el contagio se produjera fuera de la embarcación.