¿Por qué silba el viento si es un fenómeno que no tiene sonido?
- El viento no es más que aire en movimiento generado por diferencias de presión atmosférica
- El rugido que muchas veces lo acompaña también tiene una explicación física
La borrasca Nils ha llegado acompañada de fuertes rachas de viento que han alcanzado hasta los 185 kilómetros por hora en la Estaca de Bares o los 162 kilómetros por hora en la sierra mallorquina de Alfabia. En Cataluña, donde los vientos han superado en muchos puntos los 100 kilómetros por hora, la Generalitat ha decidido suspender durante este jueves la actividad escolar, universitaria y deportiva, así como la atención sanitaria no urgente, como medida de prevención.
El episodio de viento intenso ha tenido impacto en otros lugares del país. En el litoral de Cantabria y el País Vasco se ha activado la alerta roja por las condiciones adversas, que han contribuido a un fuerte temporal marítimo con oleaje muy intenso. Asimismo, en distintas regiones el viento asociado a sucesivas borrascas ha provocado evacuaciones, suspensiones de actividades y el despliegue de equipos de emergencia para hacer frente a las consecuencias de este fenómeno meteorológico.
Detrás de estas situaciones de alerta se encuentra un fenómeno físico bien conocido: el viento, que no es más que aire en movimiento generado por diferencias de presión atmosférica. Aunque el viento en sí mismo no produce sonido, el silbido que lo acompaña en temporales como este también tiene una explicación física.
¿Qué es el viento?
El viento es el movimiento del aire en la atmósfera. Se produce porque el sol calienta la superficie de la Tierra de manera desigual: algunas zonas se calientan más que otras, y el aire caliente, al ser más liviano, asciende, mientras que el aire más frío, que es más pesado, se mueve para ocupar ese espacio.
"El viento es aire en movimiento, esa es su definición más básica. El principal mecanismo por el que el aire se mueve es, como casi todo en este planeta, a través de la radiación solar. Esta llega a la Tierra y la calienta de diferente forma, porque los rayos llegan de manera directa al ecuador y de manera más oblicua a los polos, por lo que tenemos diferentes temperaturas", explica Andrés Gómez, meteorólogo de RTVE. "La diferencia de temperaturas en el aire hace que haya también densidades distintas. El aire más caliente pesa menos. Es lo mismo que un globo aerostático cuando lo hinchas con aire caliente, que asciende. Cuanto más temperatura, menos densidad y, cuanto más frío, más densidad".
"El planeta Tierra, como sistema, como máquina, siempre busca el equilibrio, es decir, repartir la temperatura y rellenar las zonas calientes con aire más frío y viceversa. A partir de esas diferencias de densidad del aire con respecto a las diferentes temperaturas, surge la diferencia de presión que al final es por donde se va a canalizar el viento", agrega.
¿Qué factores intervienen?
Diferencia de presión: Como ya se ha indicado, es el principal. El aire siempre busca equilibrar la presión, moviéndose desde áreas de alta presión a las de baja presión.
Calentamiento solar: La Tierra y el mar se calientan a ritmos distintos, generando variaciones térmicas que impulsan el movimiento del aire.
Efecto Coriolis: Debido a la rotación de la Tierra, los vientos no se mueven en línea recta, sino que se desvían (hacia la derecha en el hemisferio norte y a la izquierda en el sur), influyendo en su dirección.
Topografía: Las montañas y valles pueden alterar la dirección y velocidad del viento.
Fricción: El rozamiento con la superficie terrestre (árboles, edificios) afecta la velocidad del viento cerca del suelo.
Intensidad: Cuanto mayor sea la diferencia de presión entre dos puntos, mayor será la velocidad del viento.
Este fenómeno se produce tanto en una dimensión planetaria como a pequeña escala. Según puntualiza Andrés Gómez, en la atmósfera existen los llamados centros de acción —borrascas y anticiclones—, que actúan como los motores de "esta gran máquina térmica que es el planeta". Como consecuencia, se generan zonas de alta y de baja presión que funcionan “como cintas transportadoras de grandes masas de aire y del viento que se origina por la diferencia de presión”.
Este meteorólogo señala que este mecanismo opera a gran escala planetaria, pero añade que también se manifiesta en fenómenos locales: “A pequeña escala tenemos las brisas, por ejemplo, en la playa”. En ese contexto más concreto, explica que a medida que avanza el día y el sol calienta la superficie, la tierra se calienta más rápido que el mar debido a su menor inercia térmica. Por ello, a partir del mediodía, cuando el contraste térmico entre ambos es mayor, se genera un flujo de viento en el que “el aire más frío del mar entra para compensar”, dando lugar a la brisa marina.
¿Por qué silba el viento?
El silbido del viento ocurre cuando el aire en movimiento pasa por espacios estrechos u obstáculos, como rendijas, árboles, cables, esquinas de edificios o montañas. Al atravesar estos lugares, el aire vibra y genera ondas sonoras. La forma y el tamaño del obstáculo influyen en el sonido: cuanto más angosto o irregular es el paso, más probable es que el viento produzca un silbido. Por eso, en días ventosos, se escuchan sonidos distintos según los objetos con los que el viento se encuentra en su camino.
Andrés Gómez precisa que el aire, por sí mismo, no tiene sonido, sino que este se produce "por una cuestión de fricción". Según señala, el aire es un fluido, igual que el agua, y funciona de manera similar: "cuando el viento choca contra objetos —especialmente si son delgados, como las ramas de los árboles o los cables del tendido eléctrico— se generan alteraciones en el flujo", y se crean "vórtices, que son como remolinos”. "Esas microvariaciones rápidas del aire a muy pequeña escala originan ondas sonoras que dan lugar a silbidos y bramidos", detalla.