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30 años del secuestro de Ortega Lara: 532 días encerrado en un zulo, el cautiverio más largo de ETA

  • El 17 de enero de 1996 la banda terrorista secuestró a Ortega en Burgos y lo trasladó a una nave industrial de Mondragón
  • Tras año y medio de investigación, la Guardia Civil detuvo a los integrantes del comando y encontró con vida al funcionario
30 años del secuestro de Ortega Lara

532 días encerrado en un zulo de seis metros cuadrados. Sin luz natural, perdiendo la cuenta de los días y con la única presencia de sus secuestradores. Cada jornada era una incertidumbre: no sabía si iba a vivir o morir. Bajo estas condiciones mantuvo la banda terrorista ETA al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara en el subsuelo de una nave industrial de Mondragón, a orillas del río Deva, en Guipúzcoa. Fue el secuestro más largo de la organización.

Corría el año 1996 y ETA sufría por la dispersión de sus presos a cárceles fuera del País Vasco y Navarra. Para la banda, cada traslado era una derrota y necesitaba una manera de negociar con el Gobierno. Lo intentaron a través de la única forma que conocían: la violencia.

El 17 de enero de 1996, hace hoy 30 años, José Antonio Ortega Lara salió de su trabajo en la cárcel de Logroño como cualquier otro día, para volver a su casa de Burgos con su mujer y su hijo de dos años. Pero José Antonio no regresó. La banda terrorista lo secuestró como una herramienta de presión, un rehén. El funcionario de prisiones no era un objetivo en sí mismo, sino un instrumento de chantaje al Estado: "O negocias el acercamiento de los presos o lo matamos".

Día 1. Burgos: el comando Bellotxa secuestra a Ortega Lara

El periodista Florencio Domínguez, director del Memorial de las Víctimas del Terrorismo de Vitoria, explica en una entrevista para RTVE que la mayor parte de las víctimas de ETA eran elegidas de forma arbitraria porque la organización recibía información sobre esas personas. "Es funcionario de prisiones y nos sirve, como tenemos información de este y no de otro, nos lo llevamos", resume Domínguez, poniendo en palabras el razonamiento interno de ETA.

En 1995, la banda decidió emprender una ofensiva contra los funcionarios de las cárceles para acabar con la dispersión. Con una vida normal, sin escoltas y una rutina metódica, Ortega Lara era el objetivo perfecto para ETA. "Abrí la puerta de mi garaje y tenía la precaución de observar si había algo raro, no observé nada", relató años más tarde ante el juez.

"Paré el coche y puse la barrera de seguridad. Por detrás salieron dos individuos y uno me puso la pistola en la sien". Los terroristas lo introdujeron en el maletero de su coche y luego lo transportaron al zulo en un camión. Ortega Lara había sido secuestrado por el comando Bellotxa y estaba a merced de ETA.

ETA reivindica el secuestro y España se moviliza

El 20 de enero, una persona anónima reivindicó el secuestro en nombre de ETA en una llamada telefónica al diario 'Egin'. A cambio de su liberación pedían la agrupación de sus presos en las cárceles vascas, en vez de la habitual petición de un rescate económico. Durante casi 18 meses, el burgalés se convirtió en rehén de ETA, atrapado en un cautiverio que finalizó cuando la Guardia Civil logró dar con el zulo el 1 de julio de 1997.

Manifestación pidiendo la libertad de Ortega Lara y Cosme Delclaux

Manifestación pidiendo la libertad de Ortega Lara y Cosme Delclaux EFE/ Federico Vélez

Enseguida la sociedad española alzó la voz en el preámbulo de lo que sería, solo un año después, el Espíritu de Ermua tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. El 22 de enero los compañeros de trabajo del funcionario convocaron un paro de cinco minutos en todas las cárceles españolas en un movimiento de solidaridad que no cesó hasta su rescate. Sus colegas de la prisión de Logroño decidieron concentrarse en silencio a las puertas de la cárcel todos los miércoles, día de la semana en que se produjo el secuestro.

La movilización social para pedir la liberación de Ortega Lara "no alcanzó las dimensiones de lo que vendría después, pero engrasó unos mecanismos sociales que explotaron con el caso de Blanco", afirma el director del Memorial. El 30 de enero, unas 25.000 personas se manifestaron en la capital de La Rioja contra los secuestros del funcionario y del empresario José María Aldaya.

ETA envía fotografías de Ortega Lara a 'Egin'

En un comunicado de febrero, y ante las protestas masivas del funcionariado de prisiones, ETA aseguró que si el Gobierno de Felipe González acababa con la "estrategia de represión", los funcionarios dejarían de ser un objetivo preferente. Ese mismo mes, los terroristas enviaron a 'Egin' dos fotografías de Ortega Lara para demostrar que se encontraba con vida y "en buen estado".

Ortega Lara tras un mes de cautiverio, en una foto difundida por ETA al diario Egin

Ortega Lara tras un mes de cautiverio, en una foto difundida por ETA al diario Egin EFE

Los secuestradores del comando Bellotxa obligaron a Ortega Lara a escribir una carta manuscrita dirigida a sus compañeros de prisión, instándoles a cesar el maltrato contra los etarras que estaban encarcelados. En la misma nota, pedía al Gobierno la negociación con la banda. En una entrevista publicada por 'El País', Ortega aseguró que estaba convencido de que el Gobierno no iba a negociar: "Porque si lo hacía por mí, al día siguiente lo tendría que hacer por otro". De hecho, tras su liberación le dijo al entonces ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, que "entendía que el Gobierno no hubiese negociado".

Un zulo con condiciones infrahumanas y "extrema desesperanza"

La nave industrial de Mondragón estaba próxima al río Deva, lo que provocaba que en el "habitáculo hubiese mucha humedad, el agua se filtraba por la proximidad del río", detalla el periodista, que recuerda las condiciones infrahumanas en las que estuvo encerrado Ortega Lara. A esta presencia de humedad permanente, hay que añadir la ausencia de ventilación, lo que provocaba un espacio de "aire muy viciado". Más allá de estas condiciones de vida, Domínguez pone en foco en la "incertidumbre del destino". Cuando los secuestradores entraban en esa habitación, Ortega Lara no sabía si era para darle de comer o pegarle un tiro.

En un secuestro que tiene fines económicos, el rehén puede tener la esperanza de salir con vida y recuperar la libertad a cambio del dinero que se ha pedido. Sin embargo, cautiverio tenía fines políticos: "Eso hizo que muchas veces José Antonio pasara momentos de extrema desesperanza, por la falta de perspectivas de salir de ahí".

Zulo en el que permaneció secuestrado por ETA durante 532 días Ortega Lara

Zulo en el que permaneció secuestrado por ETA durante 532 días Ortega Lara Txema Fernández

La "cuenta atrás" y el acercamiento de presos

Durante el secuestro de Ortega Lara se celebraron en España elecciones generales y el Gobierno cambió de color. El nuevo presidente, José María Aznar, heredó de González la búsqueda del prisionero y la lucha contra la banda armada. En septiembre, coincidiendo con los 250 días de cautiverio, el PNV y Eusko Alkartasuna (EA) pidieron al Ejecutivo mayor flexibilidad y diálogo en el acercamiento de presos a cárceles locales, a fin de resolver el secuestro.

El tiempo pasa y las esperanzas de la familia son cada vez menores. Con este escenario, el entonces portavoz de Herri Batasuna, Karmelo Landa, advirtió en octubre que no acercar a los presos a Euskadi era una "cuenta atrás".

El tiempo apremiaba y la tensión iba en aumento. Cada partido político tenía su particular visión sobre cómo afrontar el problema. En enero de 1997, Izquierda Unida pidió a Aznar que negociase con ETA la liberación del secuestrado. En un gesto de acercamiento de posturas, el Gobierno trasladó a cuatro presos de la organización a un centro penitenciario de Álava. Previamente, en julio, fueron acercados otros 32.

Los terroristas sienten seguridad en su escondite

Pese a no conseguir sus reclamaciones, a ETA no le interesaba matar todavía a Ortega Lara. Pensaban que a largo plazo podrían ganar y se sentían seguros en el lugar donde estaban escondidos. El zulo en el que encerraron a Ortega Lara ya lo habían utilizado antes para secuestrar al ingeniero donostiarra Julio Iglesias Zamora: "Era un escondite que los terroristas consideraban fuera del alcance de las investigaciones policiales porque lo tenían desde hace muchos años", analiza el director.

Esto le daba garantías a ETA de que no se daría con el secuestrado y podrían mantener el pulso durante mucho tiempo. A medida que se prolongaba el secuestro sin que las autoridades diesen con el lugar, los terroristas mantenían el "protagonismo mediático" y sentían su poder frente al Estado.

ETA se sentía segura con el escondite en Mondragón. El zulo estaba instalado bajo una nave industrial repleta de máquinas que simulaban la actividad de un taller mecánico. Bajo una de esas pesadas máquinas, estaba el agujero que conectaba con el habitáculo de Ortega Lara y que la Guardia Civil encontró en julio de 1997.

Día 532. Mondragón: la Guardia Civil entra en la nave

Durante año y medio de investigaciones, la Guardia Civil siguió decenas de pistas que no dieron resultado, hasta que entre la documentación incautada a un dirigente de ETA detenido en Francia, apareció un hilo del que tirar. En un listado de pagos en efectivo a miembros de la banda, figuraba la siguiente anotación encriptada: "Ortega 5K BOL".

Los agentes estaban convencidos de que se trataba de un pago de cinco millones de pesetas a un todavía desconocido 'Bol' para sufragar el secuestro de Ortega. La investigación condujo hasta un nombre: José Manuel Uribetxeberria Bolinaga, un hombre de Mondragón que ya estaba fichado por la Guardia Civil. Entonces, los agentes comenzaron a rastrear los movimientos de Bolinaga hasta confirmar su pertenencia a ETA y localizar una nave industrial "en la que no se fabricaba nada".

Con absoluta discreción, conscientes de que cualquier paso en falso podía constar la vida de Ortega Lara, los guardias civiles vigilaron durante varias jornadas la nave industrial a la que los sospechosos entraban varias veces al día. Entre otras cosas, "vieron que introducían alimentos que no consumían, porque comían en sus casas". Por tanto, esa comida era para otra persona a la que no se le veía entrar ni salir.

Ante estos hechos, la Guardia Civil ordenó el arresto inmediato de Bolinaga y el resto de integrantes del comando la madrugada del 1 de julio, iniciando una cuenta atrás que podía acabar con Ortega Lara muerto si no daban con él en las horas siguientes.

Recreación con figuras de la liberación de Ortega Lara en el zulo de Mondragón

Recreación con figuras de la liberación de Ortega Lara en el zulo de Mondragón GUARDIA CIVIL

Encuentran el acceso al zulo debajo de una máquina

El juez Baltasar Garzón se trasladó de urgencia desde Madrid para coordinar el registro judicial de la nave industrial de Mondragón. Cuando entraron, el lugar estaba repleto de maquinaria y no había ningún rastro de Ortega Lara. Uno de los etarras detenidos que fue trasladado junto al operativo hasta la nave, negó que allí estuviese el funcionario.

Fueron varias horas de registro sin encontrar nada. A pesar de haber entrado "con el convencimiento absoluto de que estaba allí, el desánimo empezó a hacer estragos", describe Domínguez. Tanto es así que algunos de los presentes plantearon finalizar el registro y salir con las manos vacías, convencidos de que no era el lugar donde permanecía cautivo Ortega.

Pero los responsables de la investigación se mantuvieron firmes en su convicción de que el secuestrado estaba allí y que era cuestión de tiempo dar con el zulo. A altas horas de la madrugada, uno de los agentes notó algo extraño en una de las máquinas y decidieron levantarla. La entrada estaba cuidadosamente oculta y se abría mediante un sistema hidráulico con varias palancas. Bajo una apertura de 56 cm de diámetro, apareció finalmente el zulo, y la Guardia Civil rescató con vida a José Antonio Ortega Lara.

ETA había lanzado un ultimátum al Estado y salió derrotada. Dos semanas después, la organización terrorista secuestró a Miguel Ángel Blanco, pero esta vez no cometió el mismo error. El concejal del PP fue hallado 48 horas después en una carretera de Lasarte con dos disparos en la cabeza y murió en el hospital.