El heavy metal fue un accidente laboral (o no): la historia real de Tony Iommi y Black Sabbath
- Lanzan en España las memorias del ‘padre’ del género musical más duro
- Una vida llena de anecdotario cafre junto a Ozzy Osbourne, fallecido en julio, que también publica
La mitología reza así: Tony Iommi (Birmingham, 1948), el guitarrista y fundador de Black Sabbath, creó el heavy metal al hacer de la necesidad virtud tras su sacrificio en el acto fundacional primigenio. Corría 1965, y el joven de 17 años estaba a punto de salir de gira por Europa con un grupo anterior, The Birds & The Bees, cuando la tarde antes de despedirse de la fábrica sufrió un accidente en su mano…
La concatenación de fatalidades es historia del pop: realmente, Iommi ya había dejado por la mañana aquel curro, pero la ‘mamma’ le obligó a volver por la tarde (“Los Iommi no se rinden. Tú vuelves al trabajo y terminas el día como es debido”). Y en su línea de la cadena de montaje, una señora que doblaba piezas de metal con una máquina no se presentó y ahí que le mandaron a ocupar su puesto sin tener ni idea.
Tony Iommi durante un concierto en 2009 EFE
Nunca había usado “aquella guillotina que se accionaba con un pedal inestable. Metías una hoja de metal, presionabas el pedal y, pum, una enorme prensa industrial golpeaba y doblaba el metal”. En una época más laxa en seguridad laboral, pasó lo que imaginan, que aquella plancha cayó sobre su mano derecha. “La retiré en un acto reflejo y me cortó la punta de los dedos. Los huesos sobresalían. Había sangre por todos lados”, describe en Iron Man, sus memorias recién publicadas en España (ed. Libros del Kultrum)
¿Y por qué relatar esto? Por la mística y los matices. El propio músico lo explica: “Quieren ver en la pérdida de mis dedos el origen de la profundidad y las afinaciones más graves que definirían el sonido de Black Sabbath, el que sería el modelo de inspiración del heavy metal. Duele como mil demonios tocar la guitarra con los huesos amputados y tuve que reinventar mi manera de tocar para soportar el dolor. En el decurso de esta adaptación, Black Sabbath empezó a sonar como ninguna banda lo había hecho antes. Pero, ¿puede afirmarse que el origen del heavy está en la mutilación parcial de mis dedos? Es una burda exageración”, opina. Y en la primera línea del primer capítulo: “Aclaro, por si las dudas, que no nací con la misión de alumbrar el heavy metal”.
El origen de los Iommi
Hijo de una saga de heladeros y pequeños comerciantes italianos, el infante Tony era un estudiante flojo, guerrero, ‘working class’, que coincidió en el colegio con Ozzy Osbourne, de un año menos, sin tener relación y sin saber por supuesto que se volverían titanes. Ambos eran de Birmingham, la cuna del heavy metal por los Sabbath y también por Judas Priest y la colindancia de Robert Plant y John Bonham de Led Zeppelin. Aunque antes de todo, para el mozalbete de los Iommi descubrir a los Shadows y Cliff Richard fue clave. Y lo de Django Reinhardt, trascendental.
“Justo acababa de entrar en una gran banda y, en mi último día de trabajo, me había quedado lisiado para toda la vida. El director de la fábrica vino a verme unas cuantas veces, era mayor, calvo, con bigote. Se llamaba Bryan. Se dio cuenta que estaba muy deprimido, y un día me dio un EP y me dijo que lo pusiera. Le dije que no me apetecía. Y el me dijo: ‘Te contaré una historia, este tipo toca la guitarra con tan solo dos dedos’. Era el gran guitarrista belga de gypsy jazz Django Reinhardt y, hostia, era increíble”, cuenta el cercenado artista.
Después se confeccionó unos dedales, fue pionero en el uso de cuerdas finas en la guitarra eléctrica (lo que suele resultar contraintuitivo por los riffs graves, pesados y oscuros marca de la casa de Sabbath) y amoldó su manera de tocar al dedo índice y meñique. Y, por fin, tras pasar por varios conjuntos menores (The Rockin’ Chevrolets, The Birds & The Bees, The Rest o Mythology) fundó el grupo por el que le pusieron su mote inmortal: ‘El padre del heavy metal’.
Black Sabbath
Tras una jugarreta de un camello, Mythology salió en las noticias con una publicidad destructiva: “Atrapan a una banda con drogas”. Bendita inocencia del mundo de ayer que supuso su fin pues nadie les contrataba. Y Iommi volvió con el rabo entre las piernas al diminuto hogar familiar junto con el baterista Bill Ward que también andaba ahí pero decidieron intentarlo de nuevo. Y, justo, vieron un anuncio de un cantante: “Ozzy solo busca bolo. Tengo mi propio equipo”. “Ni de coña, conozco a este tío”, dijo el guitarrista.
Pero el “ni de coña” se trocó en una de las bandas más importantes del siglo XX por su innovador papel. El origen del heavy, junto con Geezer Butler, el legendario bajista y letrista del grupo, y una grabación de su disco homónimo, de 1970, que duró un solo día. Y de ahí al exitazo con número 1 en listas del Reino Unido con su segundo álbum Paranoid, después vendría Masters of Reality etcétera etcétera. Aún hoy tienen más de 16 millones de oyentes mensuales en Spotify.
Tony Iommi, el segundo de abajo por la izquierda, junto a Ozzy Osbourne Libros del Kultrum
“Intuíamos que habíamos dado con algo; podíamos presentirlo, y se te ponían los pelos de punta, era algo muy diferente. Aún no sabíamos lo que estaba fraguando, pero nos gustaba”, apunta tras sus primeros ensayos en donde compusieron “Wicked World” y la propia “Black Sabbath”. Es decir, ellos mismos fueron los primeros en olerse la negra tostada.
De hecho, el riff de “Black Sabbath”, sin Iommi saberlo, estaba enmarcado en el intervalo del diablo, una progresión musical tan lúgubre que durante la Edad Media llegó a estar prohibida por la Iglesia… “Algo o alguien nos insuflaba ideas y nos guiaba desde otra dimensión”, escribe entonces. A añadir a este ocultismo la afición a las pelis de terror (y de ahí el nombre del grupo), más sus melenas con bigotes y una estupenda ingesta de porros con aliño de setas mágicas. Elfos oscuros con un sonido de guitarra y bajo fusionados como novedoso muro de sonido.
Culto satánico y Black Zeppelin
Aunque se les pintara como rivales de Led Zeppelin y Deep Purple, Iommi aclara que solo con estos últimos él sintió que hubiera piqué por popularidad. Es más, eran muy buenos amigos de John Bonham al punto que cuando estaban grabando Sabbath Bloody Sabbath los zepelines les visitaron e hicieron algunas jams juntos. “No sé si hay grabaciones de eso. Aquello hubiera sido algo diferente: Black Zeppelin. Ha sido la única vez que las dos bandas han tocado juntas”.
Tony, flanqueado por Brian May (a su derecha) y un joven Eddie van Halen Libros del Kultrum
Y también habla, por supuesto, de sus supuestos vínculos con el Diablo, que el artista desmiente a pesar de toda su imaginería y versos tan sutiles como “¿Te gustaría ver al papa colgado de una soga?”. “Fue lo que aparentemente transmitía la música que les hizo pensar que formábamos parte de un culto satánico. De hecho, nos invitaron a unirnos a una secta”. Y el líder supremo de las brujas de Inglaterra fue a un concierto para captarlos. Y Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satanás, celebró a su llegada a San Francisco un desfile en su honor en el que iba en un Rolls Royce con la pancarta: “Bienvenidos, Black Sabbath”.
Está claro que jugaron con ello, pero Iommi, que sufrió un intento de asesinato con una daga por parte de un fanático religioso, agua la fiesta: “Nuestra música no se concibió para amenizar el culto satánico. Geezer leía un montón de libros del ocultista y místico inglés Aleister Crowley. Es evidente que tomó algunas ideas… Pero acusarnos de ser satánicos es ridículo”. Por cierto, ni una mención en el libro a cuando Ozzy decapitó de un mordisco un murciélago en un concierto, ya en solitario tras echarle…
“No voy a hacer de telonero de ese payaso”
A partir del despido de Ozzy por sus excesos con las sustancias, la autobiografía de este innovador héroe de la clase obrera con amor por la pelea, mujeriego y políticamente incorrecto (un “heterobásico” que se diría ahora) se convierte en un largo embrollo de cambios de formación, para empezar con Dio como sustituto del legendario frontman pero incluso por allí estuvo también Ian Gillan. Coincide este periodo con la decadencia y la rivalidad de Sabbath contra el proyecto de Ozzy en solitario (Dio dixit: “No voy a hacer de telonero de ese payaso).
Ozzy Osbourne en el festival Wacken Open-Air en 2011 EFE/CARSTEN REHDER
Y unas memorias con ingente anecdotario zoquete, donde se alcanzan altas cumbres de lo primario. Un solo ejemplo de mil: «Ya le había prendido fuego a Bill anteriormente —cuenta Iommi—, pero esta vez se me fue de las manos. Mientras él rodaba por el estudio chillando, yo me estaba partiendo de risa. Pero, cuando continuó retorciéndose, aquella espantosa situación se mostró en toda su crudeza. ¡Mi batería estaba ardiendo! Todo empezó como una fiesta. Le dije: “Bill, ¿puedo prenderte fuego?”. “Ahora no, que estoy ocupado”. Pero luego vino: “Me voy al hotel, por si quieres prenderme fuego”. Acabó con quemaduras de tercer grado. La madre me llamó por teléfono: “¡Maldito hijo de puta! ¡A Bill le van a tener que cortar la pierna!”. Me sentí fatal y no sabía qué hacer, pero al final no fue tan grave».
La muerte de Ozzy
Satánicos o no, Black Sabbath estuvieron encantados de tocar para la Reina de Inglaterra en 2001, y William y Harry incluso se acercaron a Iommi para recriminarle que no hubieran tocado su canción homónima. Un grupo que, según se deja caer aquí, también fue el primero en componer una canción de rock progresivo “Symptom Of The Universe” y de inventar la mano cornuda heavy. Reivindicados por los punks y los grunges (Soundgarden, Alice in Chains o Melvins beben de ahí), son merecida historia viva de la música...
Hasta este verano. El pasado julio, Ozzy Osbourne, el 'Príncipe de las Tinieblas', murió a los 76 años de un ataque al corazón. Iron Man lo escribió Iommi en 2011, y es ahora cuando se ha publicado en nuestro país. Coincide con la publicación de Últimos ritos, la autobiografía de Ozzy en donde confiesa que para él la primera canción de heavy fue “You Really Got Me”, de The Kinks. Y, a pesar de todas sus idas y venidas, Ozzy y Iommi, y Sabbath, se reconciliaron y dieron algunos pocos conciertos con la vieja formación.
El 5 de julio de 2025, en Villa Park, Birmingham, en su casa, se organizó un concierto epopéyico titulado Back to the Beginning con Anthrax, Mastodon, Pantera, Alice In Chains, varios supergrupos formados para la ocasión (con Steven Tyler, Tom Morello, Billy Corgan, Sammy Haggar o Yungblud), Tool, Slayer, Guns N' Roses, Metallica, el propio Ozzy y la última reunión de Black Sabbath con los miembros originales. Tocaron "War Pigs", "N.I.B.", "Iron Man" y "Paranoid". Nadie lo sabía aún, pero el cantante murió sólo tres semanas después.
Homenaje en Birmingham al cantante Ozzy Osbourne (y al resto de Black Sabbath) este pasado julio tras el fallecimiento del cantante EFE/EPA/ADAM VAUGHAN
Pero unos años antes, en la clausura de los Juegos de la Commonwealth de 2022, también en su ciudad natal, Iommi y Ozzy cruzaron sus caminos una vez más para tocar “Paranoid” y “Iron Man”, una fugaz reunión por la que Brian May de Queen posteó en las redes que se le habían saltado las lágrimas”. Con la BBC emitiendo en directo, con el entonces príncipe Carlos en la grada, y con el vocalista ya septuagenario, muy cascado, que se preguntó para sí mismo al tiempo que cantaba: “¿Qué probabilidades había de que las cosas me pudieran salir así?”.
Su compadre Tony Iommi, de alguna manera, le responde. “He tenido la suerte de tener una férrea fuerza de voluntad. Me viene de serie, por cómo me criaron. Siempre tenía a mi madre y a mi padre recordándome: “Oh, nunca vas a hacer nada de provecho”. Debido a eso, llegué a tener muy claro que tenía que lograr algo, me dio la determinación para luchar. Como cuando me corté la punta de los dedos y me dijeron que no volvería a tocar nunca más. No lo acepté”.