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Carl el Mazmorrero, el 'blockbuster' de la literatura: frenético y adictivo

  • Reseña doble: Carl el Mazmorrero y El juicio final de Carl
  • Universal International Studios y Fuzzy Door preparan la serie de Carl el Mazmorrero, con Christopher Yost al guion
  • El libro de cocina del anarquista de la mazmorra se publica en enero 2026
La portada de un libro presenta a un hombre saltando con una bengala, vestido con camisa oscura y pantalones cortos amarillos con lunares, sobre un fondo rosa con forma de dientes. Un gato negro con sombrero corre a su lado.
Detalle de la portada de 'Carl el Mazmorrero' (Nova Editorial).
Daniel Cargol

Una invasión alienígena, un joven despechado, una gata persa llamada Princesa Donut, una IA con fetiches absurdos y un reality show intergaláctico. Son los ingredientes que han convertido a Carl el Mazmorrero en uno de los fenómenos literarios del año; la apuesta de Nova ha arrasado en librerías, incendiado redes y conquistado, por igual, a crítica y lectores.

Una saga sin complejos, que no pretende iluminar con epifanías ni rozar la profundidad filosófica. Su pacto es otro: sorprender, reírse de sí misma y del lector, romper sus propias reglas cuando le conviene y, sobre todo, entretener. Ahí radica su encanto. Carl el Mazmorrero es un blockbuster literario.

Matt Dinniman, escritor, músico y diseñador, firma aquí una serie nacida en la autoedición que hoy cuenta con una gran base de fans en inglés. Nova la trae al mercado hispanohablante con un ritmo de publicación constante: El juicio final de Carl (ya disponible) y El libro de cocina del anarquista de la Mazmorra (enero de 2026). Tres de los siete libros —u ocho, si contamos el volumen en el que trabaja actualmente el autor— que componen la saga, y todo apunta a que Nova publicará íntegra en español. Además, se suma la promesa de una adaptación televisiva a cargo de Universal International Studios y Fuzzy Door (Padre de Familia, American Dad, Ted).

El fin del mundo será televisado o no será

Con aire postapocalíptico, la primera novela arranca con Carl, que por azar se libra del fin del mundo provocado por una misteriosa raza alienígena. Su destino: la Mazmorra, un reality show intergaláctico que convierte a la Tierra en un escenario de espectáculo, violencia y supervivencia.

La dinámica es tan sencilla como cruel: subir niveles, sobrevivir a pruebas letales y alcanzar la última planta para reclamar la propiedad del planeta. En ese recorrido lo acompaña la Princesa Donut —uno de los personajes más memorables de la saga—, de ego monumental y magnetismo inagotable, que funciona como contrapunto cómico e improbable compañera de viaje. Su relación es la chispa que sostiene el relato.

La portada de un libro muestra el título

 Nova Editorial

Dinniman abraza sin pudor sus influencias. Aunque parte de ideas conocidas, resulta original por la forma en que estas se entrelazan: la presencia de los juegos de rol con distintas clases (Dragones y Mazmorras, Baldur’s Gate, Elden Ring), la dinámica del isekai japonés —en la que una persona es transportada a un mundo fantástico que suele funcionar como un videojuego— y un toque apocalíptico con tintes de Los Juegos del Hambre. Un cóctel molotov de referencias que resulta explosivo.

Gatos, mazmorras, fetiches y sangre

Carl el Mazmorrero se sostiene en la relación entre Carl y la Princesa Donut. Su complicidad —hecha de pullas, lealtad y sorpresas— es el motor que impulsa el libro. Reproduce con acierto la de cualquier humano y su mascota: él, empeñado en trazar planes y cuidar de los demás; ella, gata hasta la médula, narcisista y ferozmente protectora de lo suyo y de Carl.

En torno a ellos orbitan numerosos personajes secundarios. La mayoría cumplen un papel funcional, como NPCs de un videojuego: acompañan, aportan color, plantean misterios, pero rara vez trascienden. Apenas un par destacan, casi como cameos, prometiendo desarrollos que quedarán para más adelante. Es una elección consciente: la novela centra toda su energía en sus protagonistas y en la presentación de su mundo antes de expandirlo.

El otro gran personaje es la IA de la Mazmorra. No es solo un espacio ni un árbitro: es presentadora sádica, comentarista meta y voz que dicta (y cambia) reglas, sanciones y anuncios como si interrumpiera la acción con una cuña publicitaria. Su humor negro sostiene buena parte del tono y, sí, arrastra un fetiche recurrente con los pies de Carl que roza lo absurdo y desarma por sorpresa; un running gag que aporta comedia incómoda y define la personalidad caprichosa del “sistema”.

Más niveles, más caos, más Mazmorra

El juicio final de Carl retoma la historia justo donde la dejó su predecesora, sin cambios drásticos de tono ni de forma. No busca reinventarse, sino expandirse. Mantiene la misma energía frenética y el humor negro característico, pero amplía la escala: más criaturas, más trampas, más absurdos y una Mazmorra aún más delirante y despiadada.

Si el primer libro servía como introducción al juego, el segundo profundiza en las reglas y comienza a sembrar una tesis más ambiciosa. El germen de una revolución empieza a latir entre líneas, y Carl, cada vez más consciente de su papel, deja de ser un simple concursante para convertirse en un agitador dentro del sistema.

El vínculo entre Carl y Donut también evoluciona: los rifirrafes se agudizan, la confianza crece, y su complicidad —a medio camino entre familia encontrada y dueña con su esclavo— gana matices. Dinniman acierta al mantener su dinámica como eje emocional de la historia; la saga funciona porque ellos funcionan.

Subiendo de nivel

Narrada en primera persona, la serie apuesta por una prosa funcional y directa, que no busca lirismos ni florituras, sino mostrar, enganchar y entretener. Los capítulos, breves y llenos de giros, sostienen el ritmo sin dejar apenas espacio para el respiro. Aunque el primer libro presenta un leve bache en su tramo medio, El juicio final de Carl corrige el rumbo con un equilibrio más sólido entre acción, exploración y humor.

Mención especial merece la traducción y localización de David Tejera Expósito, que mantiene el tono y la irreverencia del original, trasladando con precisión chistes, referencias culturales y lenguaje gamer sin perder naturalidad.

Con sus dos primeras entregas, Carl el Mazmorrero confirma por qué es uno de los mayores fenómenos de la literatura de género reciente. Ritmo, acción, humor negro y un punto de locura desatada. Dinniman no pretende trascender; pretende entretener. Y lo logra.

Como conjunto, Carl el Mazmorrero y El juicio final de Carl consolidan una saga que no deja de subir de nivel: más brutal, más divertida y, poco a poco, más consciente de su propio mensaje. La dupla formada por Carl y Donut destila carisma y sarcasmo a partes iguales, mientras la Mazmorra —esa IA burlona con sentido del espectáculo— se prepara para algo más grande.

Porque si algo deja claro Dinniman, es que el fin del mundo, efectivamente, será televisado.