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¿Se puede frenar el cambio climático en los tribunales? Así se ha llevado a Europa al banquillo de los acusados

  • El martes Estrasburgo decidirá sobre la demanda de seis jóvenes portugueses contra varios países por inacción climática
  • Los litigios climáticos, que se han multiplicado en los últimos años, pueden obligar a rendir cuentas a los gobiernos

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Los seis portugueses que han demandado a 32 países europeos tienen entre 12 y 24 años
Los seis portugueses que han demandado a 32 países europeos tienen entre 12 y 24 años GLAN

"Recuerdo muy bien ese día. Estaba aterrorizado viendo la televisión, toda esa destrucción, toda esa muerte". Aunque era solo un niño, André Oliveira rememora vívidamente los devastadores incendios de Portugal de 2017, que dejaron más de 60 muertos. Aquello fue la chispa que encendió su activismo climático, y que le llevó a él y a otros cinco jóvenes portugueses a buscar justicia.

Los seis decidieron demandar a su Gobierno y a otros 31 Estados europeos por inacción climática ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), en el mayor caso judicial relacionado con el cambio climático de la historia, y cuyo veredicto, que será trascendental en caso de victoria, se conocerá este martes. "Queríamos hacer algo por nuestras vidas y por nuestros hogares", recuerda Catarina Mota, otra de las demandantes, en un encuentro virtual con medios internacionales antes del fallo. 

En su caso, argumentan que la falta de medidas contundentes contra la crisis ambiental atenta contra derechos fundamentales como el derecho a la vida, a la intimidad y a la vida familiar, a no ser tratados de manera inhumana o degradante y a no ser discriminados.

Catarina, a sus 23, es una de las mayores del grupo, mientras que André tiene 16 actualmente y la menor, Mariana Agostinho, solo tiene 12 años. Su generación vive ya, y vivirá con mayor frecuencia e intensidad, los impactos de la crisis climática, con catastróficos incendios como el de Pedrógão Grande -considerado como el primero de sexta generación en Europa-, olas de calor o inundaciones, en un mundo que, de seguir con las políticas actuales, se podría calentar unos tres grados a final de siglo.

Se multiplican los litigios climáticos

Pero su caso, presentado en el Tribunal de Estrasburgo hace cuatro años, no es el único que ha llevado a los gobiernos al banquillo de los acusados por no hacer lo suficiente contra el cambio climático. Este tipo de procesos se conocen como litigios climáticos y se han multiplicado en los últimos años: desde 2017 se ha doblado el número de casos, con 2.540 sumarios abiertos en 54 jurisdicciones de todo el mundo, según la base de datos del Sabin Center for Climate Change Law de la Universidad de Columbia -aunque no todos son contra gobiernos, hay también muchos contra compañías privadas-.

"Se están convirtiendo en una herramienta muy importante para garantizar la rendición de cuentas, para presionar a los gobiernos y a las empresas para que hagan más, aunque obviamente no son la única solución al cambio climático", explica a RTVE.es Maria Antonia Tigre, directora de Litigación Global sobre Cambio Climático en la Universidad de Columbia y responsable de esta base de datos.

Son una herramienta muy importante para garantizar la rendición de cuentas, para presionar a los gobiernos y a las empresas para que hagan más

De entre estos cientos de casos, hay tres que pueden tener un impacto muy directo en la vida de los europeos si Estrasburgo falla a su favor. Este tribunal ha decidido aglutinar las decenas de demandas climáticas que ha recibido en tres casos simbólicos, y fallará sobre los tres el mismo día, el martes 9 de abril. Además del de los jóvenes lusos, conocido formalmente como Duarte Agostinho y otros cinco v. Portugal y otros 31 Estados, se juzga el de un alcalde francés contra este país (Carême v. Francia) y el de un grupo de mujeres suizas de la tercera edad contra su Gobierno (Mujeres Mayores por la Protección del Clima y otros v. Suiza)

El de Duarte Agostinho es el mayor por magnitud, ya que nunca antes se había presentado un caso contra tantos países, y una victoria sería "el avance jurídico más significativo en la lucha contra el cambio climático desde el Acuerdo de París", según el abogado Gerry Liston, de la organización que ha defendido a los jóvenes portugueses, Global Legal Action Network. El resultado sería algo equivalente a un tratado legalmente vinculante que obligaría a reducir rápidamente las emisiones y dejar atrás los combustibles fósiles, defienden.

Una victoria sería el avance jurídico más significativo en la lucha contra el cambio climático desde el Acuerdo de París

Pero una victoria en los otros dos casos también tendría consecuencias, y no solo para Suiza o Francia. Si se ganan, los ciudadanos de los 46 países miembros del Consejo de Europa -entre ellos España- podrían exigir a sus gobiernos actuar con mayor contundencia contra el cambio climático en base a estas sentencias, o el Tribunal podría reconocer el cambio climático como una amenaza a los derechos humanos, lo cual también podría motivar otras acciones judiciales. 

Otra demanda de ancianas suizas: "Por nosotras y las futuras generaciones"

La vista del tribunal el pasado septiembre de estos casos dio lugar a una extraña unión, la de los adolescentes lusos con las ancianas suizas. Aunque los impactos del calentamiento global serán distintos para unos y otros, todos tienen sus razones para luchar por conseguir frenar el caos climático.

Así lo explica a este medio Elisabeth Stern, de la organización demandante KlimaSeniorinnen Schweiz. Para poder probar su caso, tenían que demostrar que son un colectivo vulnerable a los efectos del cambio climático. "Está probado que la gente mayor sufre más durante las olas de calor, específicamente las mujeres mayores", señala esta activista de 76 años, y cita ejemplos como "ataques de asma, fallos del corazón o problemas respiratorios". 

“Cuando yo era pequeña, los Alpes suizos se consideraban el castillo de agua de Europa, y ahora los glaciares se están derritiendo a una velocidad tremenda”

Relata que ella ya sufrió un ataque de calor el verano pasado, en una Suiza en la que los días de 30 grados ya no son extraños. En este montañoso país "las consecuencias del cambio climático son muy visibles", apunta Stern. "Cuando yo era pequeña, los Alpes suizos se consideraban el castillo de agua de Europa, y ahora los glaciares se están derritiendo a una velocidad tremenda", lamenta. Decidieron actuar judicialmente, detalla, inspiradas por el éxito del caso Urgenda, uno de los litigios climáticos más relevantes, y que supuso que el Tribunal Supremo neerlandés obligara al Gobierno de Países Bajos a reducir las emisiones un 25%.

Pero este grupo de más de 2.000 mujeres no se han involucrado en esta larga lucha -que empezó en 2016 en los tribunales suizos- solo por ellas. "En diez años, la mayoría de nosotras estaremos bajo tierra, claro que lo hacemos por las futuras generaciones", dice, con algo de humor negro. Por eso su alianza con los jóvenes portugueses ha sido tan fuerte: "Ellos tienen mucho respeto por el hecho de que sigamos siendo activistas y no estemos sentadas cosiendo en una mecedora, y viceversa, nosotras admiramos que tengan esa valentía".

Los seis jóvenes lusos y algunas de las mujeres mayores suizas, en la vista de su caso en Estrasburgo

Los seis jóvenes lusos y algunas de las mujeres mayores suizas, en la vista de su caso en Estrasburgo

Maneras "creativas" de demostrar el impacto de la crisis climática

Cada país o jurisdicción es diferente, y muchas veces los demandantes tienen que ser "creativos" con sus casos para lograr tener éxito, según explicaba Gregor Schamschula, abogado de la organización ecologista austriaca Ökobüro, en un encuentro sobre derecho climático en Viena al que pudo asistir RTVE.es. En su caso, presentaron la situación de una persona con un tipo de discapacidad que empeoraba con cada grado más de temperatura, aunque la demanda no prosperó porque el TEDH centralizó los casos en los tres ya mencionados, descartando otras muchas denuncias.

En otro caso llamativo, un campesino de los Andes peruanos ha demandado al gigante energético alemán RWE, una de las multinacionales más contaminantes del planeta, por su contribución concreta en las emisiones de gases de efecto invernadero. Saúl Luciano Lliuya arguye que el deshielo de un glaciar amenaza con desbordar un lago que inundaría sus campos, y RWE debe aportar el equivalente a su aportación al cambio climático a la construcción de un dique de contención. Su proceso es novedoso ya que se trata de la primera vez que se desarrolla contra una empresa cuyo impacto no es directo sobre el demandante, ya que RWE no opera en Perú, pero precisamente trata de demostrar que este problema es global y el calentamiento no tiene fronteras.

En España, el primer caso de litigio climático, presentado en 2020 por Greenpeace, Ecologistas en Acción y Oxfam Intermón, fracasó al rechazarla el Tribunal Supremo el año pasado. La corte consideró que los objetivos de reducción de nuestro país, que los ecologistas veían insuficientes, se ajustaban a los de la UE.

¿Qué papel tienen los jueces? Mayor sensibilidad pero "falta de formación"

Para Tigre, investigadora sobre litigios climáticos, aunque las victorias sean muy celebradas, "hay lecciones importantes que aprender de las derrotas". Muchas, explica, se deben a cuestiones procedimentales o de separación de poderes: “"Hay una gran discusión sobre cuál es el límite del poder judicial, si puede obligar a los gobiernos a hacer más, y en algunas jurisdicciones las demandas fracasan por eso".

Ana Barreira, directora del Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDMA), subraya que los litigios climáticos son "una herramienta más, pero no la única" en la acción climática. Advierte, además, de que el aumento de casos en los últimos años también puede suponer la constatación de un fracaso: "Es un muy mal indicador, porque quiere decir que los países contratantes del Acuerdo de París no están haciendo mucho", apunta.

Los litigios climáticos se duplican en los últimos cinco años

Una barrera a la que se enfrentan estas demandas, añade, es la falta de formación en materia ambiental de la judicatura. Pero por otro lado, Tigre señala que "los tribunales están siendo cada vez más receptivos a estos casos, dándoles prioridad, porque obviamente necesitamos una respuesta mucho más rápida de lo que el sistema judicial a veces puede dar".

Ninguno de los expertos consultados se atreve a predecir el veredicto de Estrasburgo, pero los demandantes coinciden en que el camino recorrido ya es todo un hito. "Hemos aprendido que cuando trabajamos juntos conseguimos cosas que nunca se habían hecho antes, esperemos inspirar a otra gente para unirse al movimiento climático", apunta Sofia Oliveira, de 18 años, hermana de André.

No vamos a parar de intentar que los Gobiernos protejan nuestro futuro

Estos seis portugueses han dedicado buena parte de su infancia y adolescencia a litigar para conseguir que su país y otros se tomen en serio la emergencia climática. Y tienen claro que no van a parar aunque el fallo sea negativo. Con una contundencia inusual para sus 16 años, André advierte: "No vamos a parar de intentar que los Gobiernos protejan nuestro futuro".