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Redes sociales

Las infinitas posibilidades de Internet: los influencers, la imagen de Andalucía y la responsabilidad en las redes

  • SanMiguel reconoce un problema en España: “Los propios influencers no quieren ser denominados influencers"
  • El Consejo Audiovisual de Andalucía pone en marcha iniciativas para que los padres pierdan el miedo por el gap generacional

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Crónica de Andalucía - Entrevista a Ana Millán Muñoz, del Consejo Audiovisual de Andalucía, y Patricia SanMiguel, de ISEM Fashion Business School

En el Centro Universitario San Isidoro de Sevilla, expertos de todo el país han analizado el poder del mundo virtual, la imagen de Andalucía en él y cómo lanzar vídeos a la red se ha convertido en un nuevo perfil profesional: El de Influencer.

Las infinitas posibilidades de Internet se trataron en la Crónica de Andalucía junto a dos invitadas muy especializadas: Ana Millán, consejera del Consejo Audiovisual andaluz, y Patricia SanMiguel, profesora en la ISEM Fashion Business School de la Universidad de Navarra y experta en marketing digital.

Venimos demonizando el concepto de influencer, pero, cuando navegas por la red, encuentras que hay mucho profesional haciendo cosas muy interesantes

Desde el Consejo Audiovisual de Andalucía, se organizó ‘Andalucía influye’, una jornada que, según Ana Millán, tenía como objetivo “poner en valor el talento que tenemos en Andalucía y que fluye en nuestras redes porque es cierto que venimos demonizando mucho el concepto de influencer, pero, cuando navegas por la red, encuentras que hay mucho profesional haciendo cosas muy interesantes”. La imagen que se proyecta de nuestra Comunidad Autónoma se establece a través de los contenidos y los mensajes que se difunden en el medio.

El tema de los influencers, termino anglosajón de influyente, está en auge, pero no se analiza con suficiente profundidad. “Siempre ha existido”, recalca Patricia SanMiguel. “Con la llegada de las redes sociales, especialmente YouTube e Instagram, adquieren un poder de difusión y un poder de alcance desmesurado”.

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SanMiguel se describe como “una friki de la influencia del poder que tienen las personas de cambiar percepciones, opiniones y actitudes, por eso este proyecto que tenemos entre manos para nosotros es un sueño”.

La famosa frase 'Un gran poder conlleva una gran responsabilidad' se puede extrapolar a los usuarios y al uso de Internet. Especialmente en ese entorno, hay que aprender a ser responsables. Patricia SanMiguel es coordinadora de ‘El Libro Blanco de la Influencia Responsable’, un trabajo de investigación sobre el impacto de las nuevas formas de informar, de vender o, en muchos casos, de simplemente hacerse notar. Este proyecto nació hace tres años gracias a la cofinanciación de la Unión Europea y el apoyo de la Comisión Europea.

Mediante este proyecto, la idea era trabajar la alfabetización mediática con el objetivo de enseñar y ayudar a los usuarios de todas las edades y de todos los países en Europa y, especialmente, en España a entender cómo funcionan las redes sociales y qué impacto tienen en nuestras vidas.

‘El Libro Blanco de la Influencia Responsable’ de Patricia SanMiguel trata de llamar la atención al usuario para hacerle entender cómo funciona la influencia y qué impacto tienen las redes sociales en ellos. Además, llaman la atención a los influencer para ayudarles a ejercer, de forma responsable y profesionalizada, esa influencia.

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Un nuevo perfil profesional

Esa cifra ha quedado obsoleta y ya no nos podemos fijar en ella de una manera única.

Ser influencer no es solamente cosa de aficionados, sino que se han creado profesionales buenos y no tan buenos. Para reconocerlos, Patricia SanMiguel explica que el indicador que se usa como KPI es la cifra de seguidores. “De esta forma podemos identificar entre microinfluencer, desde dieciocho mil seguidores; macroinfluencers, si llega, por ejemplo, entre los 200 mil y los 400 mil seguidores; megainfluencer 500 mil seguidores; y las influencers celebrities, que superan el millón”. Sin embargo, reconoce que “esa cifra ha quedado obsoleta y ya no nos podemos fijar en ella de una manera única”.

De algún modo, el volumen de seguidores podía indicar el nivel de profesionalización, pero, tras el auge durante la pandemia, ya las marcas están contactando con microinfluencers. SanMiguel lo tiene claro: “En el momento que tú empiezas a tener una contraprestación económica por el trabajo que tú haces, lo estás convirtiendo en una profesión”.

Las ganancias, explica Patricia, “dependería del número de marcas con las que trabajas, si son contratos a largo plazo o contratos a medio plazo, si te pagan por publicación o ya eres un embajador de la marca que tienes un pago anual por ello”. Además, hay caché también entre los influencers. “Ahora mismo, una persona con 10 o 20 mil [seguidores] puede ganar por publicación 200 €. Si nos vamos ya a María Pombo, estamos hablando de 5 o 10 mil euros”.

Hablar de precios es muy complicado y, a veces, es bastante secreto.

En los medios de comunicación y las revistas, está regulado cuánto dinero se emplea en publicidad, según el tamaño o la tirada. Esa tabla de precios, en el mundo del influencer, no existe. SanMiguel aclara que depende de “en qué altura de la ola estés”, es decir el estatus de una celebridad varía y las ganancias dependen del “impacto que tengas de forma internacional, nacional o del momento en el que estés. Por tanto, hablar de precios es muy complicado y a veces es bastante secreto”.

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El término ‘influencer’

El término influencer está muy manido y unido a connotaciones muy negativas.

Patricia SanMiguel pone encima de la mesa un gran problema que tenemos en España, que no ocurre ni en Europa ni en Estados Unidos: “El término influencer está muy manido y unido a connotaciones muy negativas”.

La situación ha llegado a un límite que, “ahora mismo, los propios influencers no quieren ser denominados influencers”. De hecho, SanMiguel admite que “en el libro, fue uno de los problemas que teníamos. Quieren ser llamados talents, creadores de contenidos, líderes de opinión...”

A pesar de todas esas denominaciones preferentes, en el marco internacional, se entiende por influencers a aquellas personas que tienen un gran número de seguidores, que está influyendo en su entorno y que, una gran mayoría, tienen una contraprestación económica.

Todo en la vida tiene su cara y su cruz. Hay que fijarse más en lo positivo.

Tratar esta nueva profesión positivamente es una obligación porque es la democratización del poder de la comunicación, a pesar de los riesgos que eso conlleva. El reto de los influencers es lanzar publicaciones atractivas sin caer en la banalización o del contenido mientras que el reto del público es pararse a verificar si el contenido que están consumiendo es de calidad. Patricia SanMiguel afirma que “todo en la vida tiene su cara y su cruz. Hay que fijarse más en lo positivo, pero sin olvidar que hay que trabajar la parte de la cruz”.

En este sentido, los influencers tienen la capacidad de comunicar de una forma muy cercana. Los usuarios, cuanto más jóvenes son, lo ven como una relación de amistad y de compañerismo. Esto provoca que la mente se sitúe en una posición de tranquilidad y de confianza, por tanto, el impacto es mucho mayor. La campaña ‘Andalucía Influye’ se dirige a los influencers para decirles que tienen un poder increíble de influir a la gente joven, de cambiar las cosas, por lo que deben ayudar a enseñar.

Sin embargo, es importante que el usuario sea crítico porque, ante más noticias, más comunicación y más ruido. La alfabetización mediática da algunas herramientas para identificar qué es lo que quieres y dónde está la calidad.

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La imagen de Andalucía

Cada uno de nosotros sigue al influencer que entiende, con el que comparte opinión.

Ana Millán cataloga la diversidad de Internet como “maravillosa porque, efectivamente, cada uno encuentra un espacio donde puede expresarse con total tranquilidad y con total libertad porque cada uno de nosotros sigue al influencer que entiende, con el que comparte opinión, forma de vida o modelos”.

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Desde el Consejo Audiovisual andaluz se detecta que nuestra comunidad proyecta una imagen muy concreta. Millán advierte que “no me parece justo meterlos a todos en el mismo saco porque encontramos que hay andaluces que están haciendo una labor estupenda, por ejemplo, Alejandro Ortega. Es violinista, con lo cual, eso ya lo posiciona lejos del típico estereotipo andaluz”.

Alejandro Ortega (@__alejandrortega en Instagram) es un joven sevillano que tiene 1,8 millones de seguidores en su cuenta de Tik Tok. A través de su contenido, actúa y es un profesional de la música como cualquier profesional de la vida real. La única diferencia es que él ha sabido encontrar en la red social su desarrollo profesional. Esta cercanía y este poder de desarrollo hasta ahora no estaba a la alcance de todos.

Otro caso destacable es la Dra. Violadé (@draviolade en Instagram), que es una pediatra del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Durante el confinamiento, empezó a recibir vía WhatsApp e Instagram preguntas o dudas de sus pacientes reales. Al estar confinados, no podía pasar consulta presencial, pero ella encontró este canal de comunicación directa y no quiso desatender a sus pacientes.

Eso es una revolución.

A día de hoy, su cuenta de Instagram tiene más de diez mil seguidores. Además de la información que comparte, la Dra. Violadé pasa consultas por teléfono, por correo electrónico, por videollamada e incluso yendo al domicilio del paciente. Ana Millán reconoce que “eso es una revolución y es una manera nueva de desarrollar una profesión”.

Las redes sociales no son ni buenas ni malas. Son una herramienta.

Las redes sociales son una fuente de entretenimiento, pero también nos aportan mucho más. Sin embargo, muchos padres, sobre todo, temen ver al adolescente todo el día metido en redes sociales porque piensan que lo que están haciendo es perder el tiempo. Ana Millán recalca que “es importante lanzar ese mensaje, tanto a padres como educadores, de que las redes sociales no son ni buenas ni malas. Son una herramienta. Lo interesante es que enseñemos a utilizarla y, por eso, desde el Consejo Audiovisual Andalucía, queremos poner foco sobre todo en esa prevención de los menores ante los contenidos audiovisuales”.

Las claves para que los padres estén prevenidos ante esa ventana infinita de la que hablamos es, sin duda, la participación y la implicación. Millán comenta que, desde el Consejo Audiovisual de Andalucía, se han puesto en marcha iniciativas “donde animamos a los padres a que pierdan el miedo porque es verdad que existe un gap generacional”. Llevamos conviviendo algo más de diez años con las redes sociales, por lo que la mayoría de ellos no han recibido una formación digital. Sin embargo, Ana Millán reconoce que “eso no quita a que no puedan aprender y acercarse al mundo digital. Hay padres, en ocasiones, que sienten que estar junto a su hijo, cuando está navegando, es cómo ser un policía. No se trata de eso. Nosotros defendemos, más que la figura del poli malo, la del vigilante de la playa. Lo que hace es acompañar para que pases un buen día y una buena experiencia, pero, sobre todo, enseñando y orientando al menor”.

No podemos negar que, la mayoría de las veces, son los jóvenes los que dominan las redes sociales. La razón principal del desarrollo de estas habilidades es que le dedican mucho más tiempo a rastrear y a navegar. Millán no duda que “con la práctica y con la dedicación es cómo se aprende, pero luego ellos tienen grandes lagunas porque les falta conocer las reglas del juego”.

No se trata de buscar culpables, sino que es responsabilidad de todos.

Internet es tan nuevo que toda la sociedad está aprendiendo todavía a desarrollar las herramientas disponibles. Es obligación de todos hacer un buen uso de él. Ana Millán es contundente: “No se trata de buscar culpables, sino que es responsabilidad de todos.”