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20 años del 11-S

Terrorismo yihadista, extrema derecha, más gasto militar y ciberataques: amenazas de un mundo post-11-S

  • Los grandes atentados han disminuido, pero el yihadismo se ha extendido fuera de Oriente Medio
  • El gasto militar mundial casi se ha duplicado desde 2001

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El ciberterrorismo, una amenaza post-11S
El ciberterrorismo, una amenaza post-11S

Se cumplen 20 años de los atentados del 11-S que inauguraron una época marcada por el miedo a grandes atentados terroristas y la obsesión con la seguridad.

En dos décadas el mundo ha presenciado el surgimiento de Al Qaeda y el Estado Islámico, la "guerra contra el terror", las invasiones de Afganistán e Irak, la guerra en Siria y la consolidación del ciberespacio como nuevo campo de batalla.

Nos preguntamos si el mundo es más seguro entonces que ahora, y cuáles son las viejas y nuevas amenazas.

El terrorismo desciende y cambia de naturaleza

El 11-S inauguró una época de atentados masivos en los que se buscaba causar el mayor número de víctimas. A los de Estados Unidos siguieron otros en Madrid, Londres, Bombay o París; las explosiones casi diarias en Irak y Afganistán; la irrupción del Estado Islámico y los "lobos solitarios". El terrorismo yihadista ha sido sin duda la principal preocupación de seguridad en estos años.

Según el Global Terrorism Index (Índice Global de Terrorismo, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, con sede en Australia), el impacto del terrorismo en el mundo se ha reducido de forma constante desde su pico máximo, en 2014, cuando 33.000 personas murieron en atentados en un solo año.

El informe señala diferentes fases en esta evolución desde 2001. Durante una década, los atentados se concentraron en Afganistán y, sobre todo, en Irak, escenarios del despliegue de Estados Unidos en la llamada "guerra contra el terror". Irak vivió su peor año en 2007, con 2.600 muertos.

La emergencia del Estado Islámico en 2014 conllevó un aumento de ataques y víctimas en Oriente Medio, notablemente en Siria e Irak, y un aumento simultáneo en Nigeria, pero desde entonces hasta 2020 el descenso ha sido constante gracias, entre otros factores, a la cooperación internacional. Solo continúa aumentando en Afganistán, que ocupa el primer puesto en la lista de países que más sufren esta lacra.

Curiosamente, los países más golpeados por el terrorismo tras el 11-S han sido países islámicos, y la gran mayoría de las víctimas han sido musulmanes.

En Occidente, los atentados alcanzaron su punto más alto en 2015 y 2016, y desde entonces no han dejado de descender. Cada vez hay menos ataques de "lobos solitarios" impulsados por motivos religiosos.

Sin embargo, el GTI detecta en esos países un aumento vertiginoso del terrorismo xenófobo y de extrema derecha. El número de muertes provocadas por este tipo de atentados ha pasado de 11 en 2014 a 89 en 2019, con atentados como el de marzo de 2019 contra una mezquita en Christchurch (Nueva Zelanda), con 51 muertos, o el tiroteo en El Paso (Texas, EE.UU.), con 23 víctimas, cinco meses después.

Moussa Bourekba, investigador del CIDOB especializado en el Norte de África y Oriente Medio y terrorismo yihadista, advierte que las cifras globales pueden dar una falsa impresión. "Aunque no hay un número tan letal de atentados, ha habido una globalización tremendamente amplia de grupos yihadistas en el mundo. Hay tres o cuatro veces más yihadistas que 20 años atrás, y entre tres y cinco veces más ataques cada año que en 2001", subraya en declaraciones a RTVE.es.

Aunque no hay un número tan letal de atentados, ha habido una globalización tremendamente amplia de grupos yihadistas en el mundo

"Las mutaciones del yihadismo nos tienen que preocupar más allá de las cifras que tienden a reflejar un descenso de su actividad a nivel global. La gran mayoría de organizaciones no se centran tanto en proyectar o planificar atentados para llevarlos a cabo fuera de los territorios, sino que están en una dinámica de control territorial con el fin de implantar la utopía del califato o zonas de gobernanza de ideología yihadista".

La derrota de EE.UU. en Afganistán puede incentivar a estos grupos a seguir el ejemplo de los talibanes, que han declarado el Emirato Islámico, señala el analista.

Más gasto militar y más armas nucleares

Bourekba subraya también el potencial desestabilizador de los actores no estatales, sean grupos terroristas, narcotraficantes, traficantes de personas o hackers, pero recuerda que el enfrentamiento tradicional entre estados no ha desaparecido.

El aumento del gasto militar mundial puede ser un indicador de que este antagonismo entre estados se ha recrudecido en las últimas dos décadas. Tras reducirse entre 1989 y 1999, con el final de la Guerra Fría, el gasto militar volvió a aumentar y casi se ha duplicado desde 2001, hasta acercarse a los 2 billones de dólares (1,7 billones de euros) en 2020, según cifras del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI).

El mayor aumento proporcional se ha producido en Asia por las inversiones de China, pero Estados Unidos sigue siendo, con diferencia, el país que más recursos dedica a prepararse para la guerra.

 

En su último informe anual, el SIPRI también detecta que, aunque hay menos armas nucleares en el mundo que hace un año, el descenso paulatino que se experimentaba desde el final de la Guerra Fría se ha frenado.

Al "club nuclear" se sumó en 2005 Corea del Norte, y además, ha aumentado el número de las armas atómicas desplegadas con fuerzas operativas, la mayoría en manos de EE.UU. y Rusia. Las principales potencias confieren mayor importancia a las armas nucleares en la defensa, advierte el SIPRI.

Tampoco ha desaparecido la amenaza de las armas químicas y biológicas, y una de las pesadillas de los responsables de seguridad es que puedan ser usadas por terroristas. Pocos recuerdan ya que pocas semanas después del 11-S se produjeron varios envíos de cartas con ántrax. En 2010, el FBI atribuyó estos envíos a un bioquímico militar, y cerró el caso.

El ciberespacio, nuevo campo de batalla

Un nuevo campo de batalla cuya importancia ha aumentado en estos 20 años es el ciberespacio. Desde 2003, se han producido al menos 782 ciberataques (contra instituciones oficiales, empresas de defensa y tecnología) o ciberdelitos de importancia, según un recuento del Center por Strategic and International Studies de Washington (CSIC),

En 2012, el entonces secretario de Defensa de EE.UU., Leon Panetta, advertía de que "un ciberataque perpetrado por estados o por grupos extremistas violentos puede ser tan destructivo como los ataques del 11-S".

La ciberseguridad es una de las prioridades para la OTAN, que ha denunciado incluso a China por el último ciberataque de repercusión mundial.

"La seguridad absoluta no existe"

"La seguridad absoluta no existe", explica a RTVE.es Federico Aznar Fernández-Montesinos, analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). "Si miramos el desarrollo de los conflictos, el hecho más importante de los últimos 40 años es la caída del Muro del Berlín. Hasta 2015-2016 el número de conflictos había descendido. 2001 supuso tan solo un pequeño aumento", subraya Aznar.

Comparado con el de la Guerra Fría, el mundo actual es "más desordenado", lo que no es sinónimo de inseguro. "Hay intereses compartidos, luego los conflictos deben ser limitados".

Para el analista, la lección más clara del 11-S es que "la democracia se apoya en la voluntad de una nación, y la política exterior tienen que ser asentada sobre eso, y no se obra fuera de manera distinta a como se hace dentro. Es una fuerza lenta pero real, hay que ser consecuentes con los propios principios, y más cuando se lucha contra fenómenos que ponen en cuestión la democracia". "Tras 20 años luchando contra el terrorismo te tienes que sentir orgulloso de que el terrorismo no te ha hecho cambiar tus valores", insiste.

Aparte del terrorismo, Aznar cree que en los próximos años habrá que observar otros fenómenos, como el ascenso de China a potencia económica mundial; el deshielo del Ártico; el surgimiento de potencias regionales en África; o el uso del espacio exterior. "El espacio exterior va a ser escenario de problemas en los próximos 15 o 20 años. El 60% del PIB europeo lo forman sistemas apoyados en el espacio, y no hay prácticamente una normativa establecida".

Otra amenaza que ha quedado de manifiesto con el coronavirus es la de las pandemias. El IEEE ya advertía en 2019, antes de declararse la emergencia sanitaria, de que las enfermedades transmisibles suponían una amenaza a la seguridad global que no reconoce fronteras. El coste humano y económico de la COVID-19 ha recordado que a veces las armas más eficaces son las vacunas y un buen sistema sanitario.