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Coronavirus

Confinados en la 'España vaciada': más vulnerables, sin centros de salud y con escasos comercios

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 Vecinos de pequeñas localidades de Soria o Teruel se sienten más vulnerables en esta crisis del coronavirus.
Vecinos de pequeñas localidades de Soria o Teruel se sienten más vulnerables en esta crisis del coronavirus.

La crisis del Covid-19 no se ha olvidado de visitar ningún pueblo de España. Cualquier municipio, por pequeño que sea, está sufriendo las consecuencias de la pandemia, aunque no en todos los rincones de la península las medidas de contención están afectando a sus ciudadanos de la misma forma. Mientras que en las grandes ciudades unos pueden plantearse en qué supermercado hacer la compra ‘online’, en las zonas más despobladas de la 'España vaciada' hay pocos comercios o ninguno.

Tampoco disponen de centros de salud y están obligados a desplazarse en caso de necesitar atención médica, algo que preocupa especialmente en pequeñas localidades de la provincia de Soria porque cuentan con una población muy envejecida y son conscientes de que los recursos sanitarios en la ciudad están al límite

La España vaciada, con una sanidad insuficiente

Sin establecimientos y sin agua potable

Ascensión tiene 71 años y vive en Fuentecantos, un pueblo de Soria en el que hay alrededor de 50 personas empadronadas y solo una veintena de casas habitadas actualmente. No hay ningún tipo de comercio y tampoco centro de salud ni farmacia.

“A mí me lo trae todo mi hija cuando va a comprar. Sobre todo pan y fruta porque de lo demás tenemos ya en casa porque tengo dos congeladores llenos”, cuenta a RTVE.es Ascensión, que vive con su marido.

Ambos sufren problemas de corazón y son “muy conscientes”, dice, de que correrían mucho riesgo en caso de contraer el coronavirus. Por eso intentan salir lo mínimo de casa y agradecen tener la ayuda de sus familiares para poder abastecerese, una suerte que no tienen todos los vecinos del pueblo. 

"Yo estaría muy asustada si no tuviera a nadie o si estuvieramos alguno de los dos malo, pero por ahora no tenemos síntomas. Tenemos el teléfono del médico y me recetó lo que necesitaba por teléfono, pero espero que no nos pase nada. Lo bueno es que en este pueblo somos tan pocos que no nos tropezamos con nadie", explica. 

En el caso de Fuentecantos, además, las viviendas no tienen suministro de agua potable, así que los habitantes están obligados a desplazarse a diario al depósito municipal para llenar sus garrafas.

"Desde el Ayuntamiento intentamos desinfectar mucho las zonas por las que pasa más gente como el depósito de agua. También intentamos que los vecinos no tengan que ir a Soria a comprar y, si lo necesitan, les hacemos la compra", explica alcalde del pueblo, Juan Carlos García, que llama personalmente a muchos vecinos para saber cómo están.

"En el pueblo tenemos gente que está sola y que a lo largo del día no habla con nadie más que contigo"

En estos pueblos, lamenta, "se vive con mucho más miedo porque sabes que no tienes un médico cerca" y preocupa que, si la situación empeora en toda la provincia, el hospital no tenga recursos para acudir a estas zonas en caso de urgencia.

“El miedo es muy libre y tenemos que ayudar a combatirlo. En la gente mayor las posibilidades de contrastar la información son muy limitadas porque no tienen acceso a fuentes oficiales, así que desde el ayuntamiento también les ofrecemos esa información sin alarmar. Además en el pueblo tenemos gente que está sola y que a lo largo del día no habla con nadie más que contigo”, añade el alcalde. 

"Hay sensación de miedo porque la gente es muy mayor"

A unos 40 kilómetros de Fuentecantos se encuentra Salduero, otro municipio soriano en el que viven 175 personas y donde el turismo era, hasta la irrupción de la epidemia, el motor que movía la economía local. Ahora los dos hostales y las casas rurales están cerradas. 

“Con lo que nos costaba a través de las redes sociales animar a la gente a que viniera, y de repente hemos tenido que cambiar el chip y decirles que ahora no. Hay mucha gente de fuera vinculada al pueblo y les hemos tenido que pedir que no vinieran porque los recursos sanitarios están dimensionados en función de la población censada y podríamos saturarlos”, explica Guilermo Abad, alcalde de Salduero.

Desde ese ayuntamiento también intentan ayudar a los vecinos de mayor edad y es el propio alcalde quien a veces entrega productos a los que no pueden salir de casa o desplazarse. 

“Nosotros tenemos un centro de salud en el que cada día pasaba el médico, pero desde que se decretó el estado de alarma ya no pasa consulta. La gente que necesite cualquier cosa tiene que llamar por teléfono. Tampoco hay farmacia”, agrega Abad, quien señala que esa realidad, sumada a la saturación del Hospital de Soria, ha hecho que aumente el temor entre los vecinos de Salduero.

“He detectado que hay sensación de miedo en la gente de aquí que es muy mayor. Dicen ‘ostras, si me toca a mí a lo mejor no me pueden atender en condiciones óptimas’”, revela.

Los escasos comercios ayudan a los vecinos

Es en este periodo de crisis sanitaria, económica y social es cuando se ve con mayor claridad que la grandeza de estos municipios radica en el sentimiento de comunidad. Todos se conocen y todos saben que tienen cerca muchas manos dispuestas a ayudar, aunque estén cubiertas por guantes. Eso les permite sentirse más protegidos y sobrellevar la inevitable preocupación colectiva.

En Oliete, una localidad de Teruel con menos de 400 habitantes y donde la población no hace más que descender, la incertidumbre la combaten con música. Cada día, el ayuntamiento da "un pregón" en el que la canción ‘Resistiré’ –el gran himno del confinamiento- suena a través de los altavoces ubicados en las calles del pueblo.

“En estos días sale el lado más humano de cada uno”

“En estos días sale el lado más humano de cada uno”, asegura Angelines, que regenta junto a su hermana una de las dos únicas tiendas de alimentación que hay en esa localidad turolense. Ellas intentan aportar su “granito de arena” llevándole la compra a casa a los vecinos que no pueden salir. También permiten que se realicen los pedidos por teléfono para evitar que se concentre mucha gente, ya que únicamente abren por las mañanas.

Temen que la crisis destruya la débil economía local

De momento, en la tienda no han tenido ningún problema de desabastecimiento y el negocio marcha bien, pero esperan que la vuelta a la normalidad llegue pronto para que no afecte aún más a esas zonas que ya sufrían debilidad económica antes de la pandemia.

Con mucho esfuerzo está resistiendo en Oliete la iniciativa ‘Apadrina un olivo’, que durante el estado de alarma sigue cuidando de los miles de olivos centenarios abandonados en la localidad. Están en plena campaña de poda y abonado, pero tienen a varias personas sin poder trabajar.

“En las almazaras recibimos cada día aceite y se hacen pedidos a través de la tienda online, pero no hay pedidos de restaurantes ni de hoteles. Tenemos nueve personas contratadas y nos preocupa saber cómo continuaremos si esto se alarga mucho…”, detalla Alberto Alfonso, el director de ese proyecto.

Espera que el compromiso por llenar la 'España vacía' pueda retomarse pronto, pero en esta crisis hasta los olivos, dice, susurran: "paciencia".

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