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Fotografía

La cámara oscura de Richard Learoyd, el alquimista que reniega de lo digital

  • El fotógrafo usa una cámara del siglo XIX que genera imágenes únicas que se asemejan a la pintura
  • La Fundación Mapfre en Madrid presenta una exposición con más de 40 obras del británico
     

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La cámara oscura de Richard Learoyd, el alquimista que reniega de lo digital

El fotógrafo británico Richard Learoyd (Reino Unido, 1966) bromea sobre el “espectáculo” cada vez que saca a la calle una de sus gigantescas cámaras oscuras.

“Siempre vienen un montón de niños porque tiene algo de magia ver una imagen proyectada sobre un papel en blanco. Es como el cine antiguo. La fotografía es flotante, está invertida y los niños quieren tocar el panel. Es una sensación muy curiosa”.

El uso de este sistema precursor de la fotografía actual es la piedra angular de la “magia” del trabajo de Learoyd. Un artesano “manitas” que construye sus propias cámaras, basadas en los proyectores del Renacimiento y en los artefactos del siglo XIX, aunque la mayor parte de sus fotografías las crea en estudio.

'A la manera de Ingres', 2011 Cortesía del artista y Fraenkel Gallery, San Francisco

Sus colosos disparan una única foto, sin posibilidad de retoque, sin grano y con un efecto singular a caballo entre el misterio y la poesía. El británico no oculta su alergia a “las fotografías digitales en serie” que nos bombardean sin descanso y que valora como “imágenes vacías”, aunque ser un alquimista de la luz en el siglo XXI es una “lucha constante”.

“Me he gastado miles de dólares en papel y productos químicos que ya han desaparecido. Los tengo guardados en un congelador. Y me pasé años intentando convencer a Kodak para que me vendiera papel en blanco y negro. No se fiaban porque pensaban que era la competencia”, explica el fotógrafo en la presentación en la Fundación Mapfre en Madrid de una exposición con más de 40 de sus fotografías (Hasta el 24 de mayo de 2020).

Extraña modernidad

A pesar de la tradición, no hay resquicio de nostalgia en sus imágenes extrañamente contemporáneas e inclasificables. Tan detallistas que obligan al espectador a mirar una y otra vez- cómo el mismo autor recomienda- y que pivotan sobre tres géneros clásicos: retratos, bodegones y paisajes.

Y atención porque el contenido no es, a priori, agradable. Entre carcasas de coches calcinados (que Learoyd colecciona), desiertos yermos o una versión un tanto inquietante de las “naturalezas muertas” que remiten a instantes detenidos. Pero hay truco.

'Octopus I, II, III'. Cortesía del artista y de la FraenkelGallery, San Francisco

“Sus bodegones no son de flores. Vemos un manzano con las ramas picadas por insectos. También animales muertos como pulpos o aves que cuelgan pero de forma hermosa. Parecen objetos figurativos maravillosos con colores atenuados que dan la sensación de que quiere que los examinemos más tiempo”, indica Sandra S. Phillips, comisaria de la muestra y conservadora emérita del Museo de Arte de San Francisco.

Por su parte, Richard Leroyd recuerda que su objetivo es elevar la fotografía como una de las patas de las Bellas Artes. Capturas con sabor pictórico, que beben directas del academicismo de Ingres o los prerrafaelitas ingleses pero tamizadas bajo la agudeza psicológica del autor que busca el flechazo.

“Quiero conectar y hacer cosas que la gente quiera mirar. Si tu entras en un museo y una foto te da una impresión diferente o funciona a varias distancias eso ya es enorme”, opina.

Capítulo aparte merecen sus desnudos: inusuales, rupturistas, melancólicos. “Casi siempre son personas que conozco y me gusta verlas envejecer”, asegura, aunque “nunca paro de buscar y también incluyo desnudos masculinos”. Y añade la gota imprescindible del anecdotario.

“Nunca lo pido porque yo soy una persona muy tímida, pero os sorprendería la cantidad de personas que quieren ser retratadas desnudas. Sobre todo jóvenes que lo toman como un reto, pero luego se dan cuenta de que no es nada sexy. Es bastante incómodo y difícil porque tienen que estar mucho tiempo sin moverse”.

'Los pecados del padre', 2016. Cortesía del artista y Fraenkel Gallery, San Francisco


 

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