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A bordo del Astral (VIII)

"Existe, aunque no se vea"

  • Abandonamos el Mediterráneo tras ocho días: no hemos visto rescates, pero el problema no ha desaparecido
  • Las mujeres, a menudo víctimas de abusos sexuales, son las más vulnerables

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El barco con bandera británica Astral, de la ONG Proactiva Open Arms, el pasado 7 de octubre.
El barco con bandera británica Astral, de la ONG Proactiva Open Arms, el pasado 7 de octubre.

Volvemos.

Hace ya casi cuatro días que dejamos el Astral.

No hemos visto ningún rescate, pero eso no significa que el problema haya desaparecido.

Son más o menos las cinco y cuarto de la mañana en el aeropuerto de la isla de Djerba en Túnez. Esperamos pacientemente en fila a que llegue nuestro turno para facturar. Delante de nosotros hay turistas y también tunecinos con grandes maletas; maletas que supongo abrirán en algún lugar de París. Ese es el destino de nuestro primer vuelo antes de llegar a Madrid.

Lo que describo es algo muy normal. Gente que utiliza el avión para ir de un lugar a otro del mundo. Algo tan habitual que tardo un tiempo en hacer comparaciones. Me toca compartir fila de asientos con dos tunecinos. Y es ahí donde me doy cuenta de que ellos, que tienen todo el aspecto de ser inmigrantes, buscan una nueva vida, sin tener que jugársela en el mar. Como tiene que ser.

“Primero hay que salvar vidas, después tendremos que gestionar el problema migratorio en Europa”. Es lo que me decía Erasmo Palazzotto, diputado nacional de Izquierda Italiana. Entrevisté a Erasmo la semana pasada, él es uno de los integrantes de “Operación Mediterránea”, una plataforma de asociaciones civiles italianas, apoyadas por algunos partidos de izquierda de su país, que han comprado un viejo barco con el que esperan salvar vidas en el Mediterráneo Central.

Erasmo Palazzotto, diputado nacional de Izquierda Italiana (a la derecha) junto al capitán del Astral, Riccardo Gatti.

Erasmo Palazzotto, diputado nacional de Izquierda Italiana (a la derecha) junto al capitán del Astral, Riccardo Gatti. AK yh

Las mujeres son las más vulnerables

Son muchas las historias que durante los ocho días que hemos estado en el Astral –mi compañero José Martínez y yo- nos han contado. Todas duras, incluso las que han acabado bien.

En un rescate de noche es mucho más fácil que la gente se ahogue. No solo porque se vea menos, sino porque la gente se deja ir. Sobre todo las mujeres. Son casi palabras textuales de Óscar Camps, director de la ONG Proactiva Open Arms. “Las que van con niños suelen sujetarlos a su pecho con cinta adhesiva para no perderlos y si se caen al agua se ahogan más rápidamente, porque no tiene manera de poder sacar la cabeza”.

Las mujeres son, además, muchos más vulnerables. Todas, me aseguran varios miembros de la tripulación del Astral, han sufrido abusos sexuales durante el recorrido de meses o años desde sus países de origen. Para poder continuar su viaje tienen que aguantar ser violadas. Muchas de ellas se quedan embarazas y cuando tienen a sus hijos “no quieren verlos”.

El barco Astral, de la ONG Proactiva Open Armas, mientras se acerca el velero italiano 'Mare Jonio'.

El barco Astral, de la ONG Proactiva Open Armas, mientras se acerca el velero italiano 'Mare Jonio'. AK yh

Rescates precarios

“Cada rescate es diferente”. Eso también nos lo han repetido muchas veces. “Lo primero que tienen que saber es que vamos a ayudarles, después tenemos que intentar que no se abalancen todos hacia el mismo lado de la barca, porque volcarían”.

Se han encontrado embarcaciones con unas 30 personas, otras con más de 500, e incluso varias con 1000. En los que se parecen todos los rescates es en la precariedad. Por supuesto, no hay nadie que se encargue de manejar el motor. Son los inmigrantes los que se encargan de ello, y puede ser un gran problema hacerlo porque si les rescatan, por ejemplo, los guardacostas libios, les pueden acusar de traficantes de personas.

Casi nadie lleva chalecos salvavidas y los que tiene algo de dinero para comprar uno, no sirve para mucho en el caso de que lo tengan que usar porque “son chalecos falsos”, con los que se hunden en pocos minutos.

Italia trata de confundir a las ONG's

A esta situación se añade una política en algunos países europeos “contraria a la ayuda de las ONGS en el Mediterráneo Central”. Especialmente la del gobierno italiano. Hasta la primavera de este año había colaboración y cuando se detectaba que podía encontrarse una barca a la deriva, les avisaban. Ahora es todo lo contrario. Tratan, nosotros fuimos testigos, de confundir para que los barcos de las ONGS no puedan rescatar. Emiten “avisos” contradictorios y fuera de hora para despistar. En un área tan inmensa como aquella hacer un rescate sin colaboración es una tarea casi imposible.

Lo que también nos dejan claro las ONGS es que Libia no es un país seguro para que se encargue de salvar las vidas de la gente que quiere llegar a Europa.

“Somos testigos de un genocidio”, me aseguró también Erasmo Palazzotto. “Este año han muerto unas 1700 personas ahogadas en esta zona”. Todavía quedan casi 3 meses para que acabe 2018.