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Cannes se rinde a la trágica y bella historia de amor de Pawel Pawlikowski

  • El director de Ida hace un ejercicio de nostalgia en Cold war
  • Christophe Honoré divide con un drama sobre el sida en los 90

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El cineasta polaco Pawel Pawlikowski y la actriz Joanna Kulig, durante la presentación de la película 'Cold War'.
El cineasta polaco Pawel Pawlikowski y la actriz Joanna Kulig, durante la presentación de la película 'Cold War'. EFE apc

El director polaco Pawel Pawlikowski (ganador del Oscar a mejor película de habla no inglesa em 2015 por Ida) ha conquistado el Festival de Cannes con una historia de amor tan trágica como bella: la que cuenta en Cold War, un ejercicio de nostalgia hacia el pasado.

"El amor es siempre cuestión de superar obstáculos, de cuando alguien se enamora y el resto del mundo no existe. Y eso es difícil de situar en el mundo de hoy en día", lleno de móviles y de avances tecnológicos que interfieren en la vida, ha explicado el director sobre su elección de los años cincuenta para situar la historia.

No se trata, agregó, "de una nostalgia por el estalinismo, sino por esa especie de claridad que había entonces, en un mundo sin móviles". La película sigue la historia de Zula y Wiktor, una cantante y un director de orquesta que se enamoran pero que quieren llevar dos vidas muy diferentes. Mientras ella quiere permanecer en Polonia, él desea huir de las prohibiciones y la falta de libertad de su país.

Joanna Kulig y Tomasz Kot interpretan con brillantez a los protagonistas de este amor imposible que se desarrolla ante la cámara en un precioso y contrastado blanco y negro, muy diferente al del alabado y premiado de Ida.

La metáfora del blanco y negro

En el caso de "Cold War", Pawlikowski intentó hacer la película en color pero fue incapaz de encontrar la paleta de colores adecuada para contar la historia. "El mundo se convierte en una especie de metáfora con el blanco y negro", señaló el realizador. Y el director de fotografía, Lukasz Zal agregó: "En Polonia en aquella época no había color"

Un blanco y negro que se convierte en un protagonista más de la película y que permite que cada plano se convierta en una obra de arte, algo en lo que ahondó una de las productoras, Ewa Puszczynska, que consideró que las películas de Pawlikowski no son solo una historia, sino "piezas de arte".

Una belleza que impregna la historia trágica de estos dos amantes, marcados por el destino, por un fatalismo que el realizador comparte en el sentido de que todas las vidas acaban mal, aunque aseguró que lo que busca con su cine es ahondar en las relaciones humanas. "Es eso lo que me preocupa, el comportamiento de los amantes y sus repercusiones, más que la cuestión filosófica del destino", agregó.

Christophe Honoré divide con un drama sobre el sida en los 90

En la otra cinta de la sección oficia, el realizador francés Christoph Honoré ha provocado una fuerte división de opiniones  con Plaire, aimer et courir vite, un drama sobre el sida y la homosexualidad en los años 90, aplaudido y rechazado a partes iguales.

alificada de "necesaria" y "profunda" o de "tediosa" y "complaciente", la película cuenta la relación entre un joven de 22 años y un escritor cercano a la cuarentena enfermo de sida y que ve cómo se aproxima el final de su vida.

Una historia en la que sin embargo el drama del sida no es el asunto principal, según explicó en rueda de prensa Honoré, que señaló que su objetivo era explorar cómo nos sentimos un poco solos cuando perdemos a nuestros ídolos.

Con elementos autobiográficos -el realizador es original de Rennes, como el joven de la película, y también se trasladó a París persiguiendo sus sueños-, la narración transcurre a dos velocidades en la Francia de 1993. La del joven Arthur (Vincent Lacoste), cuya vida se acelera a medida que el filme avanza, y que se cruza con Jacques (Pierre Deladonchamps), que está en un momento de ralentización y de renuncia a todo.

"Dos velocidades contradictorias que eran un elemento esencial para que se viera el contraste entre los personajes en la película", indicó Honoré.
Un realizador que quería reflejar el periodo de sus veinte años, aún vivo en su memoria, y mostrar el "sentimiento de una época en la que intentábamos huir de la manera más rápida posible".

"El desafío de este filme era encontrar una fotografía sensible de esos años, que corresponden a mi juventud, pero sin una mirada demasiado nostálgica", precisó un realizador con títulos como Les chansons d'amour (2007) y Les bien-aimés.

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