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Givenchy cuelga su costura en el Thyssen

  • "La moda para mí es el pasado", dice el modisto de 87 años
  • La muestra acoge 91 vestidos, bocetos, pinturas y fotografías
  • Audrey Hepburn fue su musa y su mejor embajadora
  • Blog de moda: Givenchy, de Audrey Hepburn a Isabelle Huppert

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Givenchy cuelga su costura en el Thyssen

"Para mí la moda es el pasado". Así de contundente se muestra Hubert de Givenchy que con mucha amabilidad nos concede unos minutos tras la rueda de prensa que ofrece en el Thyssen. Un breve encuentro porque está muy cansado tras varios meses de preparativos y entrevistas.

En el rato que compartimos se muestra orgulloso de haber pertenecido a una época distinta, una época gloriosa para la moda. "Antes las mujeres estaban encantadas de ir bien vestidas pero ahora parece que no importa nada".

Dice que no le interesa la moda que se hace ahora, que le es ajena porque "el trabajo de los modistos es embellecer a la mujer y yo ahora,  cuando veo lo que publica la prensa, advierto un aire triste. Y es porque la mujer lleva prendas tristes".

"Audrey Hepburn era admirable"

Pero se muestra feliz con la exposición que presenta el museo. Ha tenido carta blanca y la oportunidad de poder expresarse. Habla de ella, de la muestra, con humildad y respeto. Humilde es la forma de presentarla ya que el modisto no ha querido hacer una retrospectiva de su obra, ni repasar sus éxitos.

"La mayoría de los modelos son piezas el archivo de Givenchy y de clientas de Nueva York, Texas o París que han tenido la amabilidad de prestarlos", nos cuenta el maestro.

Y es que su pretensión no es otra que destacar a todas las personas que ha conocido en su vida y que han dejado huella en su moda y en su corazón. Desde las costureras que trabajaron en su taller hasta las estrellas que llevaron sus creaciones.

Pero la emoción salta a sus palabras cuando habla de Audrey Hepburn. "Ella era única. Tanto por su físico como por su personalidad y su vida modélica, sobre todo al final de su vida colaborando con Unicef. Era admirable", dice monsieur Givenchy.

Balenciaga, su maestro y su referente

El respeto se advierte en las palabras que dedica a Balenciaga. "Con su desaparición termina la alta costura", dice el modisto. "Su técnica era perfecta y sus vestidos estaban realizados de forma arquitectónica, tanto por fuera como por dentro. Pero lo mejor de él es que era honesto y auténtico y eso se nota en su obra", añade.

La exposición es una invitación a pasear por la belleza. "Es un homenaje a sus clientas, a los artesanos que trabajaron para él, a su familia de la que heredó el gusto por lo bello y los artistas que conoció en el París de los años 50 y en el estudio de Schiaparelli", cuenta Eloy Martínez de la Pera, su comisario.

"He hecho muy poco porque el maestro ha estado pendiente de todo. Ha bocetado todo lo expuesto y ha hecho hasta los textos que hay en cada sala. Mi trabajo casi ha sido de figuración", añade el comisario. "Esta exposición ha sido casi como una flor ya cortada". 

Martínez de la Pera aconseja acercarse a esta exposición "teniendo en cuenta que estamos ante el gran creador que hizo fetiche el color negro. Y hay que verla buscando esa excelencia en los tejidos que aprendió de Balenciaga, pero también pensando en esas grandes mujeres que tuvieron el privilegio de llevar los vestidos de Hubert". 

Las mujeres Givenchy

El recorrido comienza por las primeras creaciones del maestro, como la camisa Bettina. Un diseño, humilde y sencillo, realizado en 1952 en algodón blanco que llevaba las mangas adornadas y que goza de la eterna juventud. Después se exponen los vestidos que llevaron esas mujeres importantes de la vida social y la política. Y es que Givenchy vistió los años 60, 70 y 80, pero además contribuyó a generarlos.

Audrey Hepburn es la mujer que simboliza su estilo . El modisto la adoraba, la quería, la tenía como musa y solo la muerte de la actriz les separó. Para ella hizo todo tipo de ropa, tanto para momentos muy especiales de su vida personal como para sus películas.

El vestuario de Desayuno con diamantes (1961) es uno de los más reinterpretados de la historia de la moda y un referente de elegancia clásica e intemporal. Pero hubo otras damas que desfilaron por todo el planeta vestidas por el maestro, como la duquesa de Windsor, Grace de Mónaco y Jackie Kennedy. Cuatro estilos con un mismo acento.

Su otro amor fue la pintura

No falta en la muestra el diálogo entre moda y arte. Así pueden verse cuadros del Thyssen con diseños de Givenchy. "No me considero un coleccionista, soy un seleccionador de obras" dice con esa grata modestia.

El costurero no se limitó, como otros, a trasladar un cuadro a un vestido porque él compartía inspiración con muchos de esos artistas y eso es lo que se ha querido destacar en esta exposición.

Termina el paseo con un espacio de belleza absoluta en el que flotan los vestidos de novia y de noche, creaciones que se revelan contra el paso del tiempo sin cirugía ni botox, diseños que se muestran con una juventud y vigencia impactantes, casi con arrogancia.

Obras de arte en blanco que han acompañado a muchas mujeres en su camino hacia el altar, hacia el amor, hacia maridos que sentían celos del vestido de sus parejas. Y enfrentados vemos otras delicias en negro. El color con el que Givenchy escribió las claves de la elegancia absoluta.

Hubert de Givenchy, la historia

La leyenda comenzó en un pequeño atelier de la rue Alfred de Vigny de París. Era 1952. Hubert de Givenchy abría su propio atelier pero no era un desconocido ya que arrastraba experiencia, amigos y clientas desde sus inicios.

Nació en febrero de 1927 y, debido a la muerte de su padre, creció junto a su madre y abuela. De ellas aprendió a apreciar los tejidos y no tardó en darse cuenta de que con ellos confeccionaría su destino.

Estudió Bellas Artes en París y se formó en los talleres de Jacques Fath y Robert Piguet. Recomendado por Christian Dior entra en el estudio de Lucien Lelong y después, gracias al ilustrador René Gruau entra en la casa Elsa Schiaparelli donde trabaja como director artístico durante cuatro años.

Una nueva estrella

Pero llegó la hora de tomar su propio camino y fue entonces cuando abrió su atelier. La prensa lo recibió con halagos y The New York Times bautizó esta nueva etapa con un espléndido titular: 'Ha nacido una estrella'.

Una estrella que no se apagaría nunca. Givenchy no dejó indiferente a nadie con sus colecciones, revolucionarias y sorprendentes, tanto que el diario Le Figaro lo llamó l´enfant terrible.

Pero su aguja cambió de estilo cuando conoció a Balenciaga. Hubert le consideraba un amigo y le veneraba como a un maestro. Lo admiraba mucho y siempre ha dicho que fue su gran fuente de inspiración, su referente.

Givenchy, a la mínina oportunidad, declara su amor por España. Balenciaga fue su guía en Madrid, en Toledo y, por supuesto, en Getaria. Por eso quiso supervisar las obras del museo del español en 2010 y acudir, un año después, a la inauguración. Entonces ya llevaba 15 años alejado de las pasarelas.   

El relevo del maestro

Más de una década en la que su casa pasó por diferentes etapas. Tras su retirada vinieron John Galliano, Alexander McQueen, Julien McDonald y Riccardo Tisci. El italiano está en el atelier desde 2005 y en estos años ha hecho que la casa sea una de las más influyentes, más notables y más rentables.

Hoy, 18 años después del adiós de Hubert de Givenchy, su firma ha traspasado los límites de la moda para convertirse en un estilo de vida, en una etiqueta adorada por los amantes de la moda de todo el mundo y por las estrellas del cine y música. Hoy, 18 años después de decir adiós, el modisto vuelve a encontrarse con su obra, con su vida, con su pasado y con ella, con Audrey.

La exposición permanecerá en el Thyssen hasta el 18 de enero de 2015 y es la primera incursión del museo en la moda tras la muestra de joyería que se hizo sobre la casa Cartier.

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