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La fotografía de Emmet Gowin, de la inmortal Edith al paisaje andaluz

  • La Fundación Mapfre muestra su primera retrospectiva en España
  • En el marco de PhotoEspaña, reúne 180 obras del artista hasta el 1 de septiembre

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'Nancy', Danville (Virginia), 1969. © Emmet Gowin, cortesía Pace/MacGill, Nueva York

Aunque está considerado como uno de los fotógrafos más originales e influyentes de los últimos 40 años, la obra del estadounidense Emmet Gowin no se había expuesto todavía en España. Pero la Fundación Mapfre, en el marco de PhotoEspaña 2013, pone fin a esa carencia con la primera retrospectiva sobre el artista, una amplia exposición que reunirá 180 instantáneas desde este miércoles 29 de mayo hasta el 1 de septiembre en la Sala Azca de Madrid. 

La exposición permite disfrutar de una amplia selección de dos de las principales temáticas que han ocupado a este fotógrafo de 72 años a lo largo de su carrera: su ámbito familiar, con su esposa y musa, Edith Morris, como principal protagonista, y los paisajes aéreos.

Precisamente de este último ámbito, la muestra recoge una serie de fotografías aéreas de los campos andaluces creadas especialmente para la ocasión, bajo el título "Landscapes Andalucía". Se trata de fotografías de las tierras granadinas captadas en solo dos días de octubre de 2012 y que supusieron para Gowin, "toda una experiencia por lo generoso de lo desconocido".

"Es un auténtico privilegio poder exponer en un país tan bello como España", ha asegurado Emmet Gowin en la presentación de la muestra este martes en Madrid.

De la intimidad familiar a la devastación

La muestra de la Fundación Mapfre resume la trayectoria de Gowin, desde sus inicios influenciado por grandes nombres como Robert Frank, Henri Cartier-Bresson, Eugène Atget o Walker Evans, hasta el nacimiento de su estilo propio tan solo dos años después de empezar a trabajar con su primera Leica de 35 mmm adquirida en 1962.

La familia Morris, especialmente su esposa, jugará un papel esencial en la obra del fotógrafo, retratada regularmente entre 1965 y 1967, tiempo en el que también comenzó a utilizar una cámara de fuelle de 4 x 5 pulgadas que aportaba una mirada más acogedora al objeto.

Como decía el propio Gowin, fotografiar a su familia y su entorno natal en Danville (Virginia) ha supuesto una forma de "reafirmar" lo realmente importante en su vida, "lo más precioso" para él. "Cuando quieres mucho a alguien le quieres dar toda tu atención", asegura.

Edith, su primer hijo, Elijah, y el segundo, Isaac, pueblan sus instantáneas, expresando la fuerza de la comunicación entre personas que se aman y se respetan. A comienzos de los 70, y de manera fortuita, Gowin se ve obligado a utilizar una lente de una cámara de 4 x 5 pulgadas en un aparato de 8 x 10, dando como resultado unas imágenes circulares que sugieren una nueva mirada y dan la sensación de acceder a un lugar prohibido.

Unos años después, Gowin se centraría en los paisajes y en cómo ha influido la actividad humana sobre los mismos, especialmente mediante fotografías aéreas: las desoladoras consecuencias de la erupción del volcán Saint Helens (EEUU); los territorios devastados por la acción humana en el medio y lejano Oeste de los EEUU y en otros países como Checoslovaquia; los círculos de irrigación y el absurdo consumo de agua en Kansas; o los desiertos de Nevada vistos como paisajes lunares. 

A estos se unen los paisajes de los campos de andalucía, las únicas imágenes en color de toda la muestra.

La exposición también abarca una de las últimas fascinaciones de Gowin, los insectos. Para realizar un trabajo de catalogación científica, viajó a Latinoamérica y fotografió incansablemente miles de mariposas nocturnas. Esta pasión la fusionó además con su pasión permanente, el amor hacia Edith, al incorporar su silueta en su serie "Mariposas nocturnas: Edith en Panamá", que sirve para cerrar la exposición.

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