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Luces, pantallas y rock épico: Muse deslumbra a más de 16.000 personas a su paso por Madrid

  • La capital española fue la tercera parada de la gira mundial del grupo
  • Más de 16.000 personas abarrotaron el Palacio de los Deportes

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Muse abarrotó anoche el Palacio de los Deportes de Madrid

Setlist Muse (20 octubre, Palacio de los Deportes):

The 2nd Law: Unsustainable

Supremacy

Interlude

Hysteria

Supermassive Black Hole

Resistance

Panic Station

Animals

Monty Jam

Explorers

Falling Down

Host

Time Is Running Out

Liquid State

Madness

Follow Me

Undisclosed Desires

Plug In Baby

New Born

---

The 2nd Law: Isolated System

Uprising

Knights of Cydonia

---

Starlight

Survival

Con una explosión de luces rojas, más propia de la llegada del apocalipsis, iniciaba el concierto de la banda británica Muse en el Palacio de los Deportes de Madrid. Era apenas el tercer concierto de su nueva gira, pero el grupo parece llevar mil años con este montaje, todo u culto al láser y a las pantallas gigantes.

Hace solo unos meses que publicaron su sexto disco, The 2nd Law, y aunque el trabajo no ha calado tanto como sus precedentes, el público madrileño disfrutó del concierto como si, efectivamente, el averno hubiese estado a punto de engullirles.

No se sabe qué es más espectáculo: ver a 16.000 personas (aforo completo) coreando "Supermassive Black Hole", o comprobar una vez más que Matt Bellamy (voz, guitarra y piano), Chris Wosltenholme (bajo) y Dominic Howard (batería) son solo tres músicos, pero suenan como un ejército de bandas milimétricamente acompasadas y destructivamente eficaces.

Muse, desde su visión post-apocalíptica y épica del rock, se ha convertido en la mejor "banda de estadio". Lo comprobamos en su última visita (Vicente Calderón, 2010) y lo corroboramos este sábado mientras Bellamy se retorcía por los suelos desangrándose en un espectacular solo de guitarra.

La gran pared de pantallas

El trío, acompañado en directo por el tecladista Morgan Nichols, ha vuelto a arrollar a la multitud con su imponente puesta en directo, apoyada por una enorme pantalla extensible en forma de zigurat que emite el directo del grupo recogido por cinco cámaras, mezclado con imágenes de un mundo caótico, a punto de implosionar.

Dicen ellos que esa "pirámide invertida", gran protagonista de la puesta en escena, es una especie de homenaje al 'The Wall' de Pink Floyd. Y ojo, el susodicho artefacto se descuelga a partir de "Isolated System" y se planta en el escenario, "tragándose" a la banda. A partir de ahí, el show alcanza la locura con canciones como "Uprising" o "New Born".

La maravilla de este trío

Y sí, "Knights of Cydonia" sigue siendo la más complicada del Guitar Hero, pero a Bellamy le sale más natural que su propia respiración. Él es en parte responsable de un espectáculo como este: además aporta una voz hipnótica, capaz de embelesar a miles de personas cuando se pone al piano con una "Falling Down" que ya quisieran Coldplay para sí mismos.

Pero Matt no es la única pieza de este engranaje: Wolstenholme ha descubierto en esta gira que puede ser protagonista y voz principal con su "Liquid State" (una redención musical, publicada en el nuevo disco del grupo, que explica cómo salió del alcoholismo). Y Howard (portador el sábado de la camiseta de la Selección Española de Fútbol), realmente podría desintegrar a cualquier ser humano o extraterrestre con cada toque de su contundente batería.

Sin pausa para la respiración

Es evidente que Muse se ha convertido en una de las bandas más importantes del mundo. Sólo así se explica la histeria colectiva desatada con canciones como "The Time Is Running Out", "Hysteria" o "Starlight", éxitos del grupo convertidos ya en himnos pop muy necesarios.

De ese The 2nd Law se disfruta (y mucho) una "Animals" que les vuelve tan atmosféricos y místicos como Radiohead o una "Supremacy" que podría ponerle banda sonora a la licencia para matar de James Bond. Esto, además de dos claros homenajes estilísticos a Queen: la imprescindible "Madness" y la olímpica "Survival", que cerró el concierto.

Muse se ha convertido en algo más que una banda que ofrece un concierto. Siendo conscientes de su propia grandeza, han creado un espectáculo visual que juega con las emociones, la sorpresa y con lo magnánimo de sus canciones. El grupo ha demostrado estar en un siguiente nivel que va más allá de su talento y virtuosismo: conectan con el público y les hacen vivir una experiencia a partes increíble e inolvidable.