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La fe mueve elecciones

 

 

  • El fundamentalismo cristiano fue determinante para que ganara Bush
  • La mitad del electorado estadounidense es evangélico o católico
  • Los evangélicos se inclinan por los republicanos pero desconfían de McCain
  • Los católicos blancos vuelve a aproximarse a los demócratas
  • El apoyo se dirime en el aborto, el matrimonio gay y la familia

   Toda la información de las elecciones, en el especial de RTVE.es

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Nueve de cada diez estadounidenses cree en Dios. Más de dos tercios cree en ángeles y demonios. Y cerca de un cuarto están convencidos de que los atentados del 11-S estaban profetizados en la Biblia. 

O en términos menos teológicos, como señala Obama: "La mayor brecha en la afiliciación política de los americanos blancos no está entre hombres y mujeres, o entre los que residen en estados rojos o azules, sino entre los que asisten a misa y los que no".

La población blanca que acude regularmente a misa vota mayoritariamente republicano desde 1992, a diferencia de lo que sucedía antes. En buena parte obedece al cambio de orientación política del sur, una zona más religiosa que el resto del país y que dio la espalda a los demócratas en los sesenta a cuenta de los Derechos Civiles.

El fundamentalismo cristiano es un grupo bien organizado que puede ser determinante en elecciones reñidas. Como sucedió en 2004, cuando la intervención de las iglesias cristianas fue clave para decantar el estado de Ohio a favor de Bush, y con él, a la nación entera. 

Cuando se habla de fundamentalismo, se suele pensar en los protestantes evangélicos. Son el 23% de los votantes y casi dos tercios votan republicano. Pero el fundamentalismo es más amplio. El arquitecto político de Bush, Karl Rove, vio el filón que había en los votantes católicos, más de un cuarto del electorado.

Como tal, el término voto católico no significa gran cosa. El único voto católico relevante, en términos electorales, es aquel influido por el hecho de ser católico. La piedra de toque es, una vez más, la asistencia regular a misa. 

Estos católicos activos son más conservadores que la media. Son patriotas, defienden la familia y están en contra del aborto. Karl Rove, en colaboración con el editor de la revista Crisis, Deal Hudson, consiguió alistarlos en sus filas. Llegó a puentear a los obispos en sus relaciones con los fieles y el sistema fue parecido al que utiliza ahora Obama, listas de e-mail y miles de voluntarios para movilizar a las bases.

El precio de mezclar política y religión

El resultado de aunar a católicos y evangélicos en sus filas fue demoledor. La derecha cristiana consiguió dar la victoria a Bush en sus dos mandatos. Y como todo apoyo, tiene su precio. Su influencia sobre el partido es muy poderosa. Buena parte del departamento de Justicia de la administración Bush está tomada por ellos

Los Derechos Civiles han pasado a ocuparse de los misioneros, se retrasa la píldora del día después, se limita el aborto, se recomienda la lectura de la Biblia para tratar el síndrome premenstrual, o se califican los métodos anticonceptivos de menosprecio a las mujeres.

Otro ejemplo significativo. Cuando Bush se definió a sí mismo como conservador compasivo, la mayoría interpretó que estaba a favor de mantener la red de asistencia social. No es así. Lo de conservador compasivo remite a The Tragedy of American Compassion, del fundamentalista cristiano Marvin Olasky, que propone retomar el sistema de asistencia social que imperaba en el siglo XIX. Entonces, eran grupos particulares de creyentes los que ayudaban a los necesitados y no el Estado.

Otra cuestión es quién se aprovecha de quién. Los fundamentalistas no aceptan la separación entre Iglesia y Estado y se han hecho con el control del partido Republicano en su camino al poder. Aunque también es cierto que Bush ha instrumentalizado los valores morales para distraer a los votantes, especialmente los blancos de clase baja, de los problemas concretos. Y con resultados tangibles.

En su libro, Qué pasa con Kansas, Thomas Frank retrata la estrategia: 

"El truco no falla, la ilusión nunca se disipa. Votad contra el aborto, recibiréis una rebaja de los impuestos sobre los beneficios del capital; votad para que nuestro país vuelva a ser fuerte, recibiréis desindustrialización; votad para que se cepillen a los profesores de universidad políticamente correctos, recibiréis desregularización del suministro de energía eléctrica; votad para quitaros de encima el peso del gobierno, recibiréis conglomerados empresariales y monopolios en todas partes, desde los medios de comunicación hasta la industria cárnica; votad para plantarle cara al terrorismo, recibiréis tentativas de privatizar la Seguridad Social; votad para darle una buena paliza a las élites, recibiréis un orden social en el que la riqueza se halla más concentrada de lo que jamás lo estuvo en nuestras vidas, en el que los trabajadores se han visto desposeídos de todo poder y en el que los directores de las grandes empresas reciben sueldos más allá de lo imaginable."

Kansas ha mordido el anzuelo. El 62% votó por Bush en 2004. Su población es mayoritariamente blanca y sus ingresos son menores que la media nacional.

Esta vez puede ser diferente

Las cosas han cambiado. Karl Rove y Deal Hudson ya no están en el equipo de campaña republicano. Obama no es Kerry ni Al Gore. Es creyente y lo demuestra sin disimulo. Es más, se opone a proscribir la religión de la arena política, un sambenito que ha perseguido durante décadas a los demócratas; más seculares, sí, pero no ateos. El flanco débil de Obama en este campo es su defensa del aborto. Con muchos matices, pero ahí está. Igual que su respaldo al matrimonio gay.

McCain no comparte la iluminación de Bush. Su fe es más naturalista y menos belicosa. Su ariete en el campo fundamentalista es Sarah Palin. Con los mismos argumentos de siempre: familia, oposición al aborto incluso en caso de incesto o violación y patriotismo. 

Pero el ticket también también tiene sus pegas, McCain es divorciado y su postura sobre las células madre es más ambigua de lo que gustaría a la derecha crisitana. Por no hablar del sarpullido teológico que les provoca que el republicano no sea capaz de definirse como episcopaliano o baptista. Amén de que McCain denunciara a dos líderes evangélicos, Pat Robertson y Jerry Falwell, como "agentes de la intolerancia".

Y la táctica de distraer a las masas con valores morales tiene esta vez un formidable contrincante. La crisis financiera es la principal preocupación de los estadounidenses, les duele el bolsillo, el empleo y los planes de pensiones. Y en última instancia, el engaño en política suele tener un recorrido corto. La prueba está en que el 48% de los evangélicos desaprueba la gestión de Bush, según la encuesta del Pew Research Center

De cara al futuro, también importa que sólo un 28% de los evangélicos blancos sea firme partidario de McCain, frente al 57% que respaldaba a Bush hace cuatro años.