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Una final de película y una remontada de 29 puntos dejan a los Knicks a un partido de ganar la NBA

  • Un palmeo sobre la bocina de OG Anunoby remata ante los Spurs la mayor remontada en la historia de las finales de la NBA
  • RTVE pudo vivir desde dentro del Madison Square Garden un partido histórico
Knicks firman la remontada histórica de 29 puntos para empatar las Finales NBA
Karl-Anthony Townsclava un mate ante el alero de los San Antonio Spurs Victor Wembanyama. Al Bello Getty
PEDRO SAN MIGUEL

Nueva York es, entre otras muchas cosas, una ciudad de sueños, de esperanzas que persisten más allá de lo que se pudiera imaginar. Una ciudad tan mágica como caótica, en la que los Knicks son una especie de pegamento que une a (casi) todos, tanto en los días malos, que de esos saben un rato sus aficionados, como especialmente en los buenos, como el de anoche, que no fue bueno, fue buenísimo, histórico incluso si nos atenemos a los datos, pues nadie en la historia de las finales había remontado una diferencia de 29 puntos (desde que se tienen registros). Nadie, hasta que anoche los Knicks regalaron al Madison Square Garden un partido que, de no haberlo visto, parecería de ciencia ficción.

Pero antes, vamos a retroceder al inicio de todo, al inicio de este cuarto partido apoteósico. Llegar al Madison fue toda una odisea. Incluso para la prensa. Cientos de policías protegían el perímetro y permitían únicamente el paso a los afortunados con entrada para este episodio inenarrable.

Nadie quería perderse el choque, mucho menos los famosos habituales en la primera fila. Spike Lee, Chalamet... y anoche también Taylor Swift, una de las más aclamadas por la afición neoyorquina cuando apareció en el videomarcador.

Naufragio de 27 puntos

Con un despliegue absoluto de estrellas y un pabellón encendido empezó el partido, pero no lo hizo de la manera que cabría esperar para los Knicks. Los de San Antonio lo bordaron en la primera parte, especialmente desde el triple, llegando a situarse en un 68% de acierto en el comienzo del segundo cuarto. Los Knicks naufragaban en defensa, y tampoco estaban respondiendo en ataque. Mike Brown, desbordado, probó de todo, hasta dar minutos a Hukporti en la rotación. Pero nada servía. Wembanyama castigaba cada acción cerca del aro, Harper ayudaba a cargar en la pintura y Vassell lideraba el enorme acierto de tres de los visitantes. El resultado: una ventaja al descanso para los Spurs de 27 puntos.

Con los impecables números de San Antonio en una mano, y el mal juego de los neoyorquinos en la otra, todo parecía acabado, pero si algo sobra en Nueva York, y más estos días, gracias a los Knicks, es esperanza. El optimismo es casi contagioso. No es que no haya quién dude, pero lo que no hay es quién después de dudar, entre al Madison y no salga convencido de que los Knicks pueden con todo. Y así salieron sus jugadores tras el paso por vestuarios; creyendo lo que nadie diría que podía suceder.

Poco a poco, canasta a canasta, los campeones de la conferencia este se acercaban en el marcador ante unos Spurs que, tras perder el acierto en el triple, no encontraban soluciones para retomar el frenético ritmo anotador del primer tiempo. Con Brunson y Anunoby tirando del carro en ataque, y con una defensa, ahora sí, rocosa y lo suficientemente dura como para afrontar una gesta como la que pretendían, se pusieron a 15 puntos antes de empezar el último cuarto.

Locura en el último cuarto y locura en las calles después

Difícil, casi imposible a falta de 12 minutos, pero los Knicks seguían creyendo. Y sí, cualquiera, en cualquier otro partido o ciudad hubiera escrito la crónica mucho antes, quizás con ese 29 abajo al inicio del tercero, pero aquí no, aquí nadie escribió una sola palabra porque nadie podía dar por muertos a los Kincks. No en su templo, no ante su gente, no en estas finales.

Brunson arrancó el modo leyenda el último cuarto y le siguió Anunoby, con Towns emergiendo al fin en ataque y Alvarado poniendo puntos fundamentales saliendo desde el banco. Los Knicks se acercaban en el marcador espoleados por una marea azul y naranja ante la que empezaban a retroceder los Spurs. Todo lo que les había entrado en la primera parte a los de San Antonio dejó de entrarles en la segunda y los nervios empezaban a aflorar. Claro ejemplo, el doble fallo de 'Wemby' desde la personal en la recta final. Daba la impresión de que hasta el quinteto de San Antonio creía que en la remontada de los Knicks, de ahí el miedo en cada tiro.

Finalmente, los neoyorquinos llegaron a la altura de San Antonio en el marcador y todo se decidió en las últimas posesiones, donde Anunoby fue el elegido para coronarse como el héroe de la noche. Primero con su tapón a Fox a falta de 12 segundos para regalar una última posesión a los suyos, que perdían solo de 1, y después con su palmeo, tras el falló de Brunson, para asestar el golpe definitivo a los Spurs y hacer estallar de alegría el Garden.

En época de Mundial, su palmeo es, para estos Knicks (y salvando las distancias), lo que la mano del Diego Armando Maradona ante Inglaterra en el 86 para los argentinos. Una canasta que sacó a toda la ciudad a la calle hasta altas horas de la noche; una canasta que acerca el título a la ciudad que nunca duerme, y menos ahora que con estos Knicks ya no pueden hacer más que soñar, hasta en lo que no parece posible.