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El periodista y escritor mexicano Javier Valdez ha sido asesinado este lunes a tiros en Culiacán, capital del estado de Sinaloa (noroeste del país).

Valdez, de 50 años, fue interceptado y tiroteado desde un vehículo cuando caminaba por la calle.

Los agentes de la Fiscalía estatal ha encontrado al menos cuatro casquillos y han anunciado que basarán su investigación en el trabajo periodístico del asesinado.

Valdez era un periodista experto en narcotráfico y violencia. Corresponsal del periódico La Jornada en Sinaloa, fundador del semanario Ríodoce y autor de obras como "Narcoperiodismo", "Levantones", "Con una granada en la boca" y "Huérfanos del narco", Valdez obtuvo en 2011 el Premio Libertad de Prensa del Comité para la Protección de Periodistas y el Maria Moors Cabot.

Once periodistas fueron asesinados en México en 2016, en el año más violento para la prensa, lo que convierte este país en uno de los más peligrosos para ejercer el periodismo.

El 92 % de los migrantes centroamericanos atendidos por Médicos Sin Fronteras (MSF) han padecido la violencia en su país de origen o durante la peligrosa ruta que los lleva a través de México hacia EE.UU., ha denunciado este jueves, 11 de mayo de 2017, esa organización en un informe.

"El 92,2% de los migrantes y refugiados atendidos por los equipos de salud mental de MSF en 2015 y 2016 habían sufrido un evento violento en su país de origen o durante la ruta a través de México", señala el informe "Forzados a huir del Triángulo Norte de Centroamérica: Una crisis humanitaria olvidada".

Cerca de 500.000 personas entran en México cada año, procedentes en su mayoría de El Salvador, Honduras y Guatemala, la región conocida como Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA) y que es, hoy por hoy, una de las más violentas del mundo, destaca la asociación, que desde 2012 les ofrece atención médica y psicológica.

Según Médicos Sin Fronteras se trata de "una crisis humanitaria olvidada".

Sólo se habla del muro del norteese que Donald Trump prometió construir o reforzar con el dinero de los mexicanos para evitar la llegada de migrantes. Una promesa electoral que, por ahora, se queda sólo en eso, en promesa. Pero 3.000 kilómetros al sur, en la frontera de México con Guatemala, hay otro muro del que se habla menos; que no es visible porque no está construido con cemento y alambradas. Un muro plagado de trampas, puestas por los cárteles de la droga, los delincuentes comunes y hasta la policía mexicana, y cuyas víctimas son siempre los mismos: los más vulnerables: los 500.000 centroamericanos que entran cada año. Ellos protagonizan una crisis humanitaria sin parangón.

"Al cruzar la frontera sur de México la situación se convierte en un verdadero infierno. Los están esperando los criminales, los cárteles de la droga para secuestrarlos y exprimirles no sólo el poco dinero que traen sino la poca propiedad que tienen", asegura Fray Tomás Gonzales, que intenta paliar la situación dirigiendo un albergue para migrantes en Tenosique, Tabasco (México).

Médicos Sin Fronteras (MSF) también está en el terreno ofreciendo asistencia psicológica y sanitaria. En su último informe, titulado "Forzados a huir del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras, El Salvador): una crisis humanitaria olvidada", la ONG ha recabado numerosos testimonios que denuncian la colusión de autoridades y delincuentes. Uno de esos testimonios es el de una hondureña de 35 años que prefiere no decir su nombre y que ha cruzado cuatro veces la frontera sur mexicana.