En una pequeña villa del Cerrato, en Palencia, las casas se expresan en latín. Así lo han decidido sus propietarios, que quieren que se conozcan los encantos de su pueblo. Puestos a la obra han colocado en fachadas, dinteles y ventanas, más de un centenar de frases en la lengua de la antigua Roma. Con su acción han demostrado que una lengua muerta pueda dar vida a todo un pueblo.
La idea es de Andrés Román, un profesor de Filosofía jubilado que se dio cuenta de que Antigüedad, topónimo de la villa; Román, el apellido más común entre los vecinos, y Flora, diosa representada en la plaza de la iglesia, son palabras que provienen del latín. Una confluencia que ha convertido en recurso para promocionar a la población