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En su noveno vuelo de prueba, la nave Starship ha alcanzado la órbita terrestre. Un avance para la misión de la empresa SpaceX, del magnate Elon Musk.

El despegue desde la ciudad Starbase, al sur de Texas (México), ha transcurrido con éxito. Sin embargo, tras varios minutos de vuelo, las fugas de combustible han provocado la pérdida de control de la nave. Se ha desintegrado y ha caído al océano Índico. Razón por la que el cohete no ha podido desplegar los satélites que tenían previstos.

Este año se han hecho dos lanzamientos más, en enero y en marzo. Ambos terminaron con explosiones pocos minutos después. Esta vez, Starship, de 121 metros de altura, ha reutilizado el propulsor Super Heavy por primera vez.

Los grupos ambientalistas ya han denunciado los riesgos de este tipo de vuelos. Pese a ello, la Administración Federal de Aviación (FAA) ha aumentado el número de vuelos de SpaceX. En concreto, podrá volar hasta 25 veces al año.

Tras su paso por el Gobierno de Donald Trump, Elon Musk se va a centrar más en sus negocios y ha adelantado que los próximos tres lanzamientos serán menos espaciados en el tiempo. Es decir, “uno cada tres o cuatro semanas”, ha explicado el empresario.

Cinco años marcianos, 10 años en la Tierra, es lo que ha necesitado este robot para determinar que hay microorganismos capaces de sobrevivir a las condiciones extremas de Marte, a través de la radiación ultravioleta.

Hasta ahora se pensaba que la radiación ultravioleta del sol, lo mataba todo. Sin embargo, con las nuevas mediciones aseguran que no es así. Las pruebas las ha recogido un instrumento español a bordo del Rover Curiosity, en Marte desde 2012.

Sin embargo, los científicos advierten que esos microorganismos terrestres, que son transportados por las naves y que sobreviven en el planeta rojo, podrían llegar a ser un problema si se dispersan más allá de la zona de estudio. Por lo que insisten en la necesidad de seguir aplicando estrictas medidas de seguridad planetaria en futuras misiones.

Desde la Guerra Fría, el espacio no solo se explora, sino que se disputa. Es un territorio estratégico. Hoy orbitan la Tierra más de 10.000 satélites artificiales. Muchos de empresas privadas como SpaceX, de Elon Musk.

Los tratados internacionales de Naciones Unidas en materia de derecho espacial se firmaron en un contexto de cierta armonización de los actores internacionales, concretamente en 1967, cuando pocos podían llegar al espacio.

Con los tratados internacionales obsoletos, son los propios países a nivel individual quienes acotan qué hacer en el espacio. En este sentido, no todos los países tienen leyes específicas. En la Unión Europea tampoco hay un marco común. Para ello, sería necesario un acuerdo mundial para establecer un marco legal adaptado a la nueva realidad.

Foto: Getty Images

Estos días de apagón eléctrico y digital muchas personas han levantado la vista y se han percatado de la belleza del cielo; también de las sugerentes incógnitas que despierta la bóveda celeste. En medio de este caos terrenal que se adueñaba de la península se han sorprendido de lo olvidado que tenemos al firmamento.

Pero no era así en todo el país. Concretamente en la isla de La Palma, aparte de no irse la luz, tenía lugar un encuentro en el que se debatía sobre la vida en otros planetas, sobre los océanos y también sobre el exceso de luz que provoca una cada vez más preocupante contaminación lumínica.

Se trataba del Starmus Festival, que no solo congregó a estrellas de la ciencia sino de la música, y del que acaba de llegar nuestra colaboradora Rosa Tristán. Hoy nos cuenta qué inquieta a los que más saben de las estrellas y los planetas.

También nos acompaña Xavier Barcons, director general del Observatorio Astronómico Austral ( ESO), que reclama más protección para los lugares de observación astronómica.

Katy Perry y otras cinco tripulantes alcanzaron los 100 kilómetros de altitud sobre La Tierra en una nave de la empresa Blue Origin, del magnate Jeff Bezos. La cantante se pregunta si es la única estrella del pop en viajar al espacio y lo cierto es que no es un privilegio al alcance de todos los bolsillos. Aunque la compañía no ha dado cifras oficiales, los expertos estiman en 600.000 euros por cabeza el precio de la aventura, pero prevén que se abaratará en el futuro. Las voces críticas alertan del impacto ambiental del turismo espacial. Mientras tanto, las tripulantes y Blue Origin han logrado ser el centro de la atención mediática.

La fiebre del turismo espacial se extiende entre los rostros más conocidos. Esta vez, la cantante Katy Perry es una de las seis mujeres que ha integrado la última misión tripulada del cohete New Sephard de la empresa Blue Origin. El vuelo ha tenido lugar este lunes, retransmitido en directo por la compañía del magnate Jeff Bezos a través de sus redes sociales y su página web.

Ha sido la primera misión turística espacial compuesta íntegramente por mujeres desde que Valentina Tereshkova despegara en solitario en 1963, aunque la cosmonauta soviética era ingeniera y piloto, a diferencia de las nuevas viajeras. Se trata del undécimo vuelo tripulado del New Sephard y el trigésimo primero en la historia del programa, que ya ha transportado a otras 52 personas más allá de la línea de Kárman, el límite internacional del espacio situado a 100 kilómetros de altitud. Blue Origin lidera, junto a SpaceX, de Elon Musk, y Virgin Galactic, de Richard Branson, el lucrativo negocio de llevar a millonarios fuera de la atmósfera terrestre. Es un mercado exclusivo, reservado para quienes pueden pagar experiencias que cuestan millones de dólares.