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Las cenizas del científico británico Stephen Hawking descansan ya en la Abadía de Westminster, en Londres, junto al matemático Isaac Newton y el naturalista Charles Darwin, el mismo día en que su voz, con un mensaje de paz y esperanza, ha comenzado su largo viaje hacia un agujero negro, a los que dedicó gran parte de su carrera.

Familiares, científicos, astronautas, actores y jóvenes se han dado cita en Westminster para honrar al hombre que sentó las bases de la cosmología moderna y acercó al gran público, de manera didáctica y relativamente sencilla, el complejo mundo de los agujeros negros. Al servicio religioso se sumaron también unas mil personas procedentes de más de cien países, que, tras un sorteo hace semanas, obtuvieron entradas para despedir a Hawking, fallecido el 14 de marzo a los 76 años en Cambridge, en cuya universidad trabajó hasta el final.

La última teoría científica sobre el origen del universo desarrollada por el físico británico Stephen Hawking antes de morir el pasado 14 de marzo, elaborada a lo largo de 20 años junto a su colega Thomas Hertog, plantea que a partir del Big Bang el universo se formó como un vasto y complejo holograma, de modo que pueden existir otros universos muy similares al nuestro.