Animalario Farm
- El director teatral Andrés Lima nos se presenta su ¡Ay, Carmela!
- Además anuncia el regreso próximo de Animalario
- CONTENIDO EXTRA: Mira la entrevista completa con Lima
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¡Ay, Carmela! El Musical
Dónde: Teatro Reina Victoria (Madrid).
Fecha: Hasta el 28 de julio de 2013.
Horario: Miércoles y jueves a las 20 h., viernes a las 21.30 h., sábado a las 18 h. y 21.30 h, domingo a las 19 h.
Entrada: Entre 29 y 32 euros.
Como si de una fábula se tratara, en el nuevo espectáculo que está preparando el grupo Animalario, los personajes son ocas y perros. Ocas –nos explicó su director, Andrés Lima- porque su padre decía que eran muy parecidas a nosotros. Son hermosas, estúpidas y agresivas.
La explicación que dio a la presencia de los perros tampoco nos dejó en buen lugar. "Sorprenden por su obediencia", dijo. Tuve que cortar este trozo de la entrevista pero se quedó en mi cabeza. ¡Qué normal nos parecía de niños vernos representados en patos, ratones, gatos, perros! No sólo en fábulas o cuentos, sino en los dibujos animados. ¿Por qué animamos a los animales? ¿Por qué les dotamos de alma, de ánimo?
No pensaba que me iba a preguntar esto. Al comenzar el artículo creí que iba a hablar de nuestra estupidez y nuestra enorme agresividad. De hecho somos un animal que no tiene ni dientes ni garras poderosas, y tenemos sometidos a todos los demás; y no creo que sea sólo porque somos los más listos. Nuestra mala uva aporta también su granito de arena.
“Es bastante posible que, a pesar de nuestra sofisticación verbal, los motores de nuestro comportamiento estén más cerca de la animalidad de lo que nos apetece reconocer“
Cerca de los animales
Se me han revuelto algo por dentro, algo raro y primitivo. Algo que tiene que ver con nuestra relación con los animales, con los peluches, con que hable Pluto o la abeja Maya. Algo que me lleva a un falso documental de Peter Greenaway titulado The Falls que hablaba de un acontecimiento violento e inesperado que había afectado a hombre y aves alterando su naturaleza. Y de ahí me he ido a La isla del Doctor Moreau y sus aberrantes trasplantes que tanto desasosiego producen.
Hermosos, estúpidos, agresivos y obedientes. La verdad es que por muy lejos que nos sintamos de nuestros amigos las bestias, como se los llama en algunos idiomas, no nos cuesta emparentarnos con estos adjetivos. Es bastante posible que, a pesar de nuestra sofisticación verbal, los motores de nuestro comportamiento estén más cerca de la animalidad de lo que nos apetece reconocer. Quizá somos una cabeza compleja que gobierna un cuerpo atiborrado de instintos, como uno de esos engendros del Doctor Moreau, y nuestra inteligencia actúa como resonador de una agresividad, de una estupidez y una absurda obediencia que nos hace temibles.