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Antonio Altarriba: "A las farmacéuticas les interesa que seamos enfermos crónicos"

  • El guionista y Keko publican Yo, loco, la segunda parte de su premiada Trilogía Egoista
  • Una crítica de las turbias prácticas de las farmacéuticas, que llegan a inventarse enfermedades para ganar dinero

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Fragmento de la portada de 'Yo, loco'
Fragmento de la portada de 'Yo, loco'

En 2014 Antonio Altarriba (El Arte de volar) y Keko (La protectora) nos sorprendieron con Yo, asesino (Norma), una espectacular novela gráfica en la que narraban las andanzas de un asesino en serie, que se basaba en grandes obras de arte para sus crímenes. Un cómic con el que lograron premios tan importantes como el de la Crítica en Francia. Entonces decidieron convertir la idea en una “Trilogía Egoísta”, de la que ahora se publica el segundo tomo, Yo, loco (Norma), sobre las prácticas ilícitas de las farmacéuticas.

“Es una trilogía en tono de thriller, que quiere tener crítica social –asegura el guionista-. Pensamos que las grandes corporaciones cada vez tienen más poder y su funcionamiento es más opaco. Toman sus decisiones más en función de los beneficios que de los intereses de la gente. Desde la industria automovilística, que truca las emisiones del CO2, a las prácticas ilegales de los bancos. O el aviso hace muy poco, por parte de Naciones Unidas, del riesgo que suponía que algunas multinacionales se estuvieran haciendo con el monopolio de las semillas y lo que puede ser significar eso para la agricultura y la alimentación”

”Ese problema es especialmente sensible en las farmacéuticas –continúa Altarriba-. Nuestra salud depende de lo que fabriquen y pongan en el mercado. Y hemos querido indagar en cómo perfilan los comportamientos de las personas, hasta llegar a catalogarlos como enfermedades mentales. Creo que se están inventando enfermedades mentales que no existen para aumentar sus ventas. Actualmente sacan sus mayores beneficios de los hipnosedantes, los ansiolíticos… los medicamentos para tratar trastornos mentales”.

Viñeta de 'Yo, loco'

“Por eso –añade- hemos querido observar cómo han ido evolucionando los catálogos de supuestas enfermedades mentales. Y tenemos la sospecha de que esas catalogaciones tienen a condenar ciertos comportamientos que no son graves, o que moralmente no resultan admisibles para algunos. Por ejemplo, la homosexualidad estuvo clasificada por la OMS como una patología hasta principios de los noventa. Eso me hizo pensar en que podía existir un grupo de especialistas, dedicados a inventar nuevas enfermedades para luego poder vender fármacos a esos supuestos enfermos que, en realidad, no los necesitan. En definitiva, que si no hay enfermedades las inventan”.

“La industria farmacéutica se mueve en esa paradoja de que su objetivo final, que sería curarnos, supondría su ruina. A las farmacéuticas no les interesa que estemos sanos sino que seamos enfermos crónicos. De ahí sale la intriga de Yo, loco” –concluye el guionista-.

Un libro en el que vuelve a estar presente el cinismo y el sentido del humor. “Es muy diferente al de Yo, asesino –afirma Keko-. Allí en los monólogos del protagonista había mucho sarcasmo e ironía que aquí es un poco más difícil de encontrar. También se diferencia el tono, porque allí el protagonista era un criminal y aquí es una víctima. Y vamos viendo a través de su monólogo como va tomando conciencia de lo que es su trabajo y cómo ese trabajo está al servicio de una maquinaria maligna. Y como decide luchar contra ello. Este mensaje es más positivo y menos amoral que el de Yo, asesino. Aquí el cinismo estaría en el bando de los malos. La cara que le echan para lo que hacen, que es sacar dinero del sufrimiento humano”.

Viñetas de 'Yo, loco'

Un thriller que mezcla intriga, acción y locura

El protagonista de la historia es El Doctor Molinos, que anteriormente era dramaturgo y que ahora se dedica a inventarse enfermedades mentales. Hasta que parece que él mismo empieza a perder la razón, lo que le llevará a replantearse su comportamiento y le llevará a descubrir una conspiración de tintes casi surrealistas.

“Nos metemos en la cabeza de una persona que no sabemos muy bien si está loca o no –asegura Keko-, y que va a meterse en una aventura que es una auténtica locura. Un tinglado al que hemos añadido conspiranoia de la buena, con cosas parecidas a lo que hacía la CIA en los 50 con su programa de Control Mental MK Ultra (experimentaban nuevos sueros de la verdad en seres humanos para emplearlos en interrogatorios y torturas) en la época de la Guerra Fría”

No tenemos pruebas de que existan departamentos dedicados a inventar nuevas enfermedades mentales como pasa en el cómic –asegura Altarriba- Pero sí tengo una larga lista de pintorescas enfermedades, reconocidas como tales, pero que luego han desaparecido. En un momento de crisis como el actual hay una tendencia a psiquiatrizar las situaciones personales. Por ejemplo, cuando te dicen que si fracasas tienes que reinventarte, o que cada vez que fracasas es una oportunidad para encontrar nuevas oportunidades. Es una forma de exculpar las circunstancias y colocar el peso de la culpa en la persona. Eso me parece que, como discurso, que es psiquiatrizar un problema que es de orden económico, sociológico y político”.

“No sé si hay personas que inventan perfiles –asegura el guionista-, pero todas las enfermedades que aparecen en el cómic son reales y se han presentado en estudios médicos, como la Deuterofobia (miedo a que se acaban las vacaciones o llega el lunes), o la Neofilia (los que están locos por comprar todas las novedades). Son cosas muy ambiguas para que yo crea que te tengas que tomar una pastilla o un ansiolítico para superarlas”.

“Otra de las tesis del cómic –añade Keko- es que la locura se ha considerado siempre una forma de rebeldía. Por lo que, al final, no deja de ser una herramienta del poder para decir que alguien está loco, desacreditarlo y quitárselo de encima. Y es que el territorio de la locura y la psiquiatría muchas veces escapa a lo científico”.

Página de 'Yo, loco'

Los protagonistas

El protagonista de Yo, asesino se inspiraba en el propio Antonio Altarriba, por lo que Keko lo dibujó con sus rasgos. En esta ocasión el modelo para el doctor Molinos es otro: “No es Antonio ni soy yo. No voy a salir en esta trilogía ¡Gracias a Dios! A Antonio le gusta usar como modelos a personajes reales y siempre tiene referentes en la cultura francesa porque es muy francófilo. Por eso hemos elegido al gran loco de la literatura francesa, Antonin Artaud (Marsella, 1896 - 1948)”.

“Una de las cosas más importantes para la cohesión de la trilogía es el mundo del arte –añade Altarriba. Aquí también tenemos referencias a Van Gogh o al Quijote, que son otros de los grandes locos. Y es que también jugamos con esa idea de que la locura puede estar cercana a la genialidad”.

“Por eso el protagonista se inspira físicamente en Artaud -añade- un autor surrealista que escribió textos teatrales fundamentales y que terminó encerrado en un psiquiátrico. También tenemos el caso de Leopoldo María Panero, que siguió escribiendo en el manicomio. Todo esto recoge también ese espíritu de la anti-psiquiatría, que estuvo tan de moda en los 70, y que decía que no conviene banalizar la locura catalogando cualquier comportamiento fuera de lo normal como un trastorno mental”.

Página de 'Yo, loco'

El villano del cómic es el jefe de la farmacéutica. “Está basado –asegura Keko- en Martin Shkreli, un exempresario, que durante mucho tiempo fue la persona más odiada de América, porque con 26 años llegó a presidir una farmacéutica que vendía un medicamento imprescindible en la lucha contra la hepatitis y decidió subirlo un 5000% (de 13,50$ a 750$), provocando que mucha gente muriera por no poder seguir el tratamiento”.

“Y además se jactó de ello durante mucho tiempo -interrumpe Altarriba-, de ser un hijoputa. Era un tipo desequilibrado que compró la versión única de un álbum del grupo de de hip-hop, Wu-Tang Clan, por dos millones de dólares. También tenía en su colección la tarjeta de crédito de Kurt Kobain, un mechón de pelo de Elvis Presley… Yo le he añadido otras cosas como un bolso de Margaret Tatcher. Acaba de ser condenado en un juicio, porque siempre anda bordeando la ley. Y lo último que leí sobre él es que va a ingresar en prisión”.

Una de las curiosidades es que el protagonista de Yo, asesino, Enrique Rodríguez, hace un cameo. “Aparece fugazmente paseando por Vitoria –confiesa Keko-. Pero puedo anunciaros ya que en el tercer tomo, Yo, mentiroso, Enrique aparecerá por ahí. No como protagonista pero sí tendrá bastante importancia”.

Y es que los tres libros estarán relacionados. “Se pueden leer independientemente –asegura Antonio Altarriba-, pero habrá una intriga, de la que Enrique forma parte de manera esencial, que solo adquirirá sentido leyendo los tres tomos. En ese tercer tomo participará en un desenlace espectacular”.

“También aparece la mujer de Enrique –añade Altarriba-, que en este Yo, loco, hace los dibujos y los grafismo para los perfiles de enfermos que se van inventando. Pero creo que en lo que más se parecen los álbumes es que en todos estará esa idea del Yo; con un protagonista en crisis, que nos lleva de la mano a través de la historia. Y los tres libros también tienen en común la intriga policíaca”.

Página de 'Yo, loco'

Sueños y locura

La historia se ve interrumpida por los sueños del protagonista en los que repasa momentos clave de su vida. “Son muy importantes –asegura Keko- porque a través de ellos vemos la evolución del personaje. Sus pesadillas van marcando también el origen de la historia, cuando descubrimos que le pasa algo grave que se nos desvela a través de esos sueños que apunta en un diario. Las secuencias oníricas también nos sirven para separan los bloques de la historia, como elemento de transición. Esos sueños también incorporan las cosas que le pasan y anticipan lo que le va a ocurrir. Y cumplen una función estética, la misma que tenían los asesinatos en el primer libro, que es que yo también me luzca un poco” (ríe).

“Una cosa que descubrí haciendo el guion –añade Altarriba- es que el plomo que contienen algunas pinturas puede causar estados alterados. E incluso se dice que fue la causa de la locura de Van Gogh. Pero usamos el mundo de los sueños para entrar en una simbología y una temática del terror. Si Yo, asesino es un thriller policíaco en el que las escenas más terribles son los asesinatos, aquí las escenas más impactantes y angustiosas son los sueños del protagonista, que siempre nos revelan cosas sobre él”.

“Si entramos en la frase de Goya de que “El sueño de la razón produce monstruos” –asegura Altarriba- entenderemos por qué el protagonista se va sumiendo en un estado de alteración mental”.

Página de 'Yo, loco'

El rojo de la sangre sustituido por el amarillo de la locura

En el anterior libro, Yo, asesino, el color rojo de la sangre salpicaba las páginas en blanco y negro en los momentos clave. Un tono que aquí han sustituido por el amarillo. “Es una cosa de psicología del color básico. Un Maguffin que nos sirve como referencia o guiño porque tradicionalmente el color que simboliza la locura es el amarillo. No sé por qué pero es así, lo mismo que el verde es el color de la esperanza, el amarillo es el color de la locura. Y queda cojonudo con el negro. Personalmente el contraste del color con los elementos que seguimos jugando, de ir señalando elementos en los que el lector se fije, o son importantes desde un punto simbólico".

En el tercer tomo, Yo, mentiroso, el color elegido será: “El verde -nos adelanta Keko-. Porque el verde también tiene connotaciones negativas y porque también contrasta muy bien con el negro".

El escenario de los tres tebeos va a ser Vitoria. “Hemos intentado explorar lugares poco conocidos de la ciudad -añade Keko-. Pero en este segundo libro el personaje va a salir muy poco de los despachos. La idea de Antonio era que el entorno de la historia acompañara al protagonista en este revuelo interior que tiene, por lo que hemos hecho que salga muy poco al exterior. La locura también significa, a veces, confinamiento en uno mismo y el confinamiento al que te somete la sociedad. Y ese confinamiento está representado por este mundo de despachos y oficinas muy modernos, pero también muy impersonales, en los que se mueve el protagonista. Esta vez he usado mucha menos documentación, pero he tenido que tirar mucho de tiralíneas para trazar mucho espacio funcional y corporativo”.

En cuanto al tercer y último tomo de la trilogía, Yo, mentiroso, que versará sobre los políticos y sus falsas promesas, Keko nos avanza que: “Estamos ya con el casting de personajes. Antonio ya ha escrito una sinopsis muy extensa y estamos negociando con los editores. Espero que comencemos a trabajar antes del final de este 2018 y que pueda publicarse para octubre o noviembre de 2020”.

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