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La renuncia de Morales y su gobierno sume a Bolivia en el vacío institucional entre acusaciones de golpe de Estado

  • Junto al presidente, que deja el cargo tras 14 años, renunciaron su vicepresidente y los presidentes del Parlamento
  • Países como Uruguay y Rusia critican la intervención del Ejército y la policía, que forzaron la dimisión de Morales

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Decenas de bolivianos celebran en La Paz la renuncia de Evo Morales
Decenas de bolivianos celebran en La Paz la renuncia de Evo Morales. AFP

La renuncia de Evo Morales como presidente de Bolivia, así como de los principales cargos que podrían sucederle, ha sumido al país latinoamericano en un vacío institucional que amenaza con paralizar su funcionamiento y agudizar las manifestaciones en las calles, profundizando una crisis que varios países, como Uruguay y Rusia, consideran un golpe de Estado después de que el Ejército y la policía forzaran la caída del gobierno.

Morales, que llevaba 14 años al frente del país, anunció su renuncia este domingo después de semanas de protestas violentas contra su reelección, tildada por la oposición de fraude electoral, ya que el recuento inicial apuntaba a una segunda vuelta entre el mandatario y el expresidente Carlos Mesa, pero el escrutinio final acabó por darle más de diez puntos de ventaja y, por los tanto, la presidencia. Así, hace una semana, la Organización de Estados Americanos (OEA) recomendó repetir los comicios al hallar irregularidades en su celebración.

Y aunque Morales -que se pudo presentar a las elecciones solo por habilitación del Tribunal Constitucional pese a que en 2016 perdió un referéndum de reforma constitucional para esquivar la limitación de mandatos-, estaba dispuesto a volver a las urnasla actitud de las fuerzas del orden, que se negaron a contener a los manifestantes y le pidieron que dejará el cargo, acabaron por forzar su renuncia. Este lunes, ha enviado al Parlamento su carta de diumisión: "Mi responsabilidad como presidente indígena y de todos los bolivianos es evitar que los golpistas sigan persiguiendo a mis hermanos y hermanas dirigentes sindicales", señala el texto.

Su marcha además, no ha sido la única: también ha renunciado su gobierno, incluido el vicepresidente, Álvaro García Linera, así como los presidentes de la Cámara de Diputados y de Senadores, Víctor Borda y Adriana Salvatierra, respectivamente. Asimismo, también han dejado sus cargos el primer vicepresidente de la Cámara Alta, Rubén Medinaceli, y los tres del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo Morales. En definitiva, todos aquellos que, según la Constitución, podrían sucederle.

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Vacío de poder

De esa forma, Bolivia ha amanecido este lunes tras una nueva noche de disturbios y con un vacío de poder que preocupa dentro y fuera de sus fronteras. El Gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, ha pedido que los civiles retomen el control de la situación: "De acuerdo con la Carta Democrática Interamericana, es crucial que el liderazgo civil designado constitucionalmente mantenga el control durante la transición", ha indicado a Efe un portavoz del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental.

La solución es compleja, ya que depende, en primera instancia, de la actitud que adopte el Movimiento al Socialismo, que dispone de mayoría de dos tercios en las dos cámaras del Parlamento para, por ejemplo, nombrar un nuevo presidente del Senado que, de forma interina, ejerza la jefatura de Estado.

Así lo ha sugerido el líder de la oposición, Carlos Mesa, que ha acusado a Morales de haber roto la línea sucesoria constitucional. Mesa, que presidió el país entre 2003 y 2005, ha admitido que es una "tarea difícil", pero ha apelado "al sentido patriota y la responsabilidad" del MAS. En este sentido, ha avanzado que existen contactos entre parlamentarios de la oposición con los oficialistas, con el fin de garantizarles que no habrá represalias contra ellos.

Muchos cargos del oficialismo anunciaron su dimisión tras denunciar actos de violencia contra ellos, como el propio Víctor Borda, al que le incendiaron su casa. En este sentido, Mesa ha instado a la Policía y a las Fuerzas Armadas a que garanticen la seguridad.

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Un gobierno de transición

Para intentar desatascar la situación, la senadora del partido opositor Unidad Demócrata y segunda vicepresidenta la cámara alta, Jeaninne Áñez, se ha ofrecido este lunes para asumir la Presidencia y formar un Gobierno de transición que convoque nuevas elecciones.

En declaraciones a los medios, Añez ha reclamado "que quede bien claro que esto es simplemente una transición", añadiendo que, si se abre otra vía para nombrar a un presidente interino sin contar con ella, la va a aceptar".

Al mismo tiempo, ha reconocido que sería una "responsabilidad muy grande" y requeriría el "acompañamiento suficiente" de parte de los sectores cívicos y ciudadanos que siguen manifestándose en varias ciudades del país. "Si las condiciones se dan, si voy a tener el acompañamiento de la sociedad civil, obviamente de que estoy dispuesta a llevar adelante este reto", ha subrayado.

Por su parte, el propio Evo Morales, en paradero desconocido, ha instado a Carlos Mesa y a Fernando Camacho, uno de los principales líderes de las protestas contra él, a que "asuman su responsabilidad de pacificar al país y garanticen la estabilidad política y convivencia pacífica de nuestro pueblo". A través de Twitter, el expresidente ha tildado a ambos de "discriminadores y conspiradores" que, a su juicio, "pasarán a la historia como racistas y golpistas", además de volver a calificar su renuncia como un "golpe".

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Acusaciones de golpe de Estado

Es un calificativo que comparten países como Uruguay o Rusia, mientras que México, sin llegar a utilizarlo explícitamente, ha pedido a la OEA una "reunión urgente" para evaluar la situación en Bolivia: "A pesar de la gravedad de los acontecimientos, lo que hubo ayer frente al pronunciamiento militar y las operaciones militares, fue el silencio", ha señalado el ministro de Exteriores, Marcelo Ebrard.

Desde España, el ministro de Exteriores en funciones, Josep Borrell, ha lamentado que la repetición electoral que anunció Evo Morales, se haya visto "distorsionado" por la "intervención" de las Fuerzas Armadas y de la Policía y ha pedido que se garantice la seguridad tanto del mandatario dimitido como del resto de su gobierno, con la vista puesta en resolver el actual vacío de poder.

Borrell ha señalado que las conclusiones de la OEA "ponen en evidencia que se han producido fallos en el sistema que hacen que esas elecciones no puedan ser validadas", al tiempo que valoraba que Morales hubiera accedido a repetir las elecciones y renovar el Tribunal Supremo Electoral, si bien ha lamentado que la intervención posterior de las fuerzas de seguridad "hayan provocado una situación que hoy es de vacío de poder".

El opositor Carlos Mesa, en cualquier caso, ha negado que lo ocurrido en Bolivia constituya un golpe contra la democracia: "No hubo ningún golpe de Estado en Bolivia", ha insistido, sino que "el pueblo boliviano heroicamente ha dado una lección democrática", al forzar la renuncia de Evo Morales. Al respecto, ha argumentado que las Fuerzas Armadas simplemente instaron a Morales a renunciar para pacificar el país, pero "no salieron a la calle" ni presionaron para que renunciara, solo fue una "sugerencia".

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