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El fuego que trae el cambio climático: megaincendios forestales que no se apagarán con más hidroaviones

  • El abandono del campo y la situación de 'estrés' de los bosques aumenta el combustible vegetal
  • Los expertos advierten de que la solución es gestionar el paisaje para que sea menos inflamable

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El incendio de Mendocino Complex, en California, es ya el peor de la historia de este estado de EE.UU.
El incendio de Mendocino Complex, en California, es ya el peor de la historia de este estado de EE.UU. AFP PHOTO / NOAH BERGER

El cambio climático junto al abandono del campo y la acumulación de combustible vegetal en unos bosques sometidos a una aridez extrema han traído una nueva generación de megaincendios forestales más intensos, más virulentos y más difíciles de extinguir. Un "polvorín" que se agrava, según expertos y ecologistas, por la presencia cada vez mayor de viviendas en medio del monte, como demuestra la tragedia de Grecia, con más de 90 muertos, el último ejemplo dramático de esta amenaza.

Algunos de estos incendios liberan tal cantidad de energía que son capaces de modificar la meteorología de su entorno generando columnas de convección que al enfriarse en altas capas de la atmósfera se desploman en forma de tormenta de fuego que multiplica los focos y extiende las llamas a una gran velocidad. Los técnicos los llaman incendios de "sexta generación" y empezaron a observarse el año pasado.

Es lo que ocurrió en Chile a principios de 2017, en los fuegos de Portugal de junio y octubre de ese mismo año con un centenar de muertos, y lo que está ocurriendo estos días en California con el incendio de "Mendocino Complex", que se ha convertido ya en el peor de su historia con más de 123.000 hectáreas quemadas, según explica Marc Castellnou, ingeniero forestal, jefe de los GRAF -el grupo de actuación forestal de los bomberos de la Generalitat de Cataluña- y presidente de la Fundación de Ecología del Fuego y Gestión de Incendios Pau Costa.

Incendios que superan la capacidad de extinción

El problema de estos últimos incendios, advierte este experto mundial en la materia, es que superan la capacidad de extinción. Su intensidad es tan elevada que seguirán siendo incontrolables aunque se multipliquen los efectivos. "No es un tema de recursos, no podemos atacar tormentas, solo puedes apartarte de ellos", subraya a RTVE.es en una entrevista telefónica. El umbral de la capacidad de extinción está en una intensidad de 10.000 kilovatios metro y los fuegos de Portugal, por ejemplo, alcanzaron una intensidad media de 138.000 kW/m y un pico de 238.000, puntualiza Castellnou.

Lourdes Hernández, responsable de incendios forestales en WWF España y licenciada en Ciencias Ambientales, explica que llevan años advirtiendo de que el cambio climático iba a traer superincendios y añade que lo ocurrido en 2017 lo confirma. Estos fuegos tienen "comportamientos extremos, muy virulentos, y son muy difíciles de predecir con los sistemas actuales", se producen fuera de la temporada tradicionalmente considerada de alto riesgo y están alcanzando "latitudes inéditas" como el Círculo Polar Ártico", resume Hernández, autora del informe El polvorín del noroeste [.pdf], publicado el pasado mes de julio.

Ante este nuevo escenario, ingenieros, bomberos forestales y ecologistas señalan cuál debe ser el camino. El abordaje de esta nueva realidad no pasa por aumentar los recursos destinados a la extinción porque no se apagarán con más hidroaviones, según los expertos, sino por gestionar el paisaje -actualmente "estresado" por el cambio climático y lleno de combustible por el abandono del campo- para que sea más resiliente, menos inflamable.

Desde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, las fuentes consultadas reconocen que el cambio climático "influye" en los incendios forestales, pero añaden que decir que los fuegos de sexta generación "tienen su base" en él "puede ser una forma de simplificación" porque hay múltiples causas. Sí coinciden en la necesidad de "invertir en gestión forestal" y en trabajar en la concienciación ciudadana.

Cambio climático y abandono del mundo rural

El cambio climático lo que ha hecho, según Marc Castellnou, es desplazar a los bosques del "rango climático" en el que nacieron y para el que estaban adaptados. En la nueva situación de aridez extrema, "el bosque tiene que gastar más, no puede competir y no está sano", enferma, lo que hace que se acumule combustible vegetal.

El cambio climático no prende el bosque, pero explica que el monte esté con un estrés hídrico muy grande, con un paisaje muy inflamable

A esta circunstancia se une el abandono del mundo rural y de los aprovechamientos que tradicionalmente se hacían del monte. "Nuestros paisajes han estado gestionados por el hombre durante siglos y ahora nos hemos vuelto más urbanos, lo que ha favorecido un paisaje continuo (...) El bosque puede vivir sin el hombre, pero son ecosistemas humanizados que, si de la noche a la mañana los dejamos abandonados, son más vulnerables", añade Castellnou.

La responsable de Campaña de Incendios Forestales de Greenpeace España, la ingeniera técnica forestal Mónica Parrilla, señala que "el cambio climático no prende el bosque, pero explica que el monte esté con un estrés hídrico muy grande, con un paisaje muy inflamable". Esta situación unida al abandono del mundo rural genera un "polvorín" en el que se "incrustan viviendas".

Algunos montes en España tienen una carga vegetal que alcanza las 40/50 toneladas por hectárea, según el presidente de la Fundación Pau Costa, cuando por encima de 10 Tn/h un incendio supera la capacidad de extinción. En los fuegos de Portugal, por ejemplo, la carga fue de entre 23-25 Tn/h.

Generaciones de incendios forestales, por Castellnou M. y Miralles M.
Generación Tipos de incendios
1ª años 50 a 60 Las tierras de cultivo ya no sirven de interrupción del combustible. Son incendios que queman de 1.000 a 5.000 hectáreas. Fuegos de superficie, principalmente impulsados por el viento.

2ª años 70 a 80

La acumulación de combustible permite incendios más rápidos y emisiones de chispas. Son incendios de 5.000 a 10.000 hectáreas impulsados por el viento y la topografía.
3ª, años 90 La acumulación de combustible permite continuidad de copas, resultando focos de copa y grandes columnas convectivas. Son incendios de 10.000 a 20.000 hectáreas. Ondas de calor extremas que alimentan incendios de alta intensidad. Mayor presencia de población civil en áreas forestales. Mayor riesgo.
4ª, desde 2000 Incendios que pueden empezar y ser extinguidos dentro de zonas de Interfaz Urbano-Forestal (IUF) y queman más de 1.000 hectáreas. Grandes afecciones poblacionales.
5ª, desde 2000 Megaincendios rápidos y extremadamente intensos con focos simultáneos de copas que afectan a diversas zonas de riesgo (IUF) amenazadas simultáneamente, principalmente durante las olas de calor.
6ª, desde 2016 Megaincendios causados por la aridez extrema consecuencia de cambio climático. Liberan tal cantidad de energía que modifican la meteorología de su entorno y provocan tormentas de fuego.

Fuente: Informe Greenpeace "Protege el bosque, protege tu casa"

La "paradoja de la extinción": cuanto más éxito más peligro

Los expertos apuntan a una causa más para explicar la sobreacumulación del combustible vegetal: la paradoja de la extinción. Marc Castellnou la describe de la siguiente manera: "Si somos muy buenos apagando incendios, la cosa irá bien durante un tiempo, pero el monte se cargará de combustible y se superará la capacidad de extinción. Cada vez tendremos menos incendios pero, si se nos escapan, serán más grandes".

Si somos muy buenos apagando incendios, la cosa irá bien durante un tiempo, tendremos menos incendios pero, si se nos escapan, serán más grandes

En 2017 se registraron en España cerca de 13.793 incendios forestales. El 63% de ellos fueron extinguidos en fase de conato, es decir, cuando todavía no habían alcanzado una hectárea, según los datos del Ministerio de Agricultura. El año pasado hubo 56 grandes incendios [aquellos que superan las 500 hectáreas] frente a la media de 20 de la última década.

"Apenas representan el 0,5% pero supusieron más de la mitad de la superficie quemada", subraya Mónica Parrilla, que alerta de los efectos que a largo plazo está teniendo la "carrera armamentística contra el fuego" que se ha llevado a cabo en las últimas décadas. En 2017 se quemaron 178.233,93 hectáreas en total frente a la media de 91.846,74 hectáreas de la última década.

Fuentes del Ministerio de Agricultura aseguran que un porcentaje "muy reducido de incendios contribuye a una gran superficie afectada", pero niegan que haya una "tendencia de aumento a lo largo de los años". En los últimos 25 años, destacan, el 1% de los mayores incendios ha afectado anualmente a una superficie comprendida entre el 17,13% y el 76,21%, con una "clara dispersión".

El problema de la interfaz urbano-forestal

El problema de los grandes incendios, en cualquier caso, se agrava porque cada vez hay más zonas donde el terreno forestal se mezcla con la presencia de viviendas muchas veces con una planificación urbanística desordenada. Estos lugares pueden convertirse en "verdaderas trampas" en caso de fuego como ha ocurrido en Grecia, alerta David Caballero, ingeniero de montes y coordinador del Observatorio Europeo de la Interfaz Urbano-Forestal (WUIWATCH). Los incendios en estos casos pasan a ser emergencias civiles porque hay vidas en peligro.

AFP PHOTO / Savvas KARMANIOLAS

Detrás de la proliferación de estas zonas en España no solo está la "explosión de urbanizaciones", en la costa principalmente, de los años 70, 80 y 90. Aunque la construcción se haya frenado, señala Caballero, "el bosque ha crecido incluso dentro de estas urbanizaciones con cada vez más carga de combustible". Ocurre también en pueblos, donde el abandono de las huertas y del aprovechamiento del bosque, ha hecho que las masas forestales que antes estaban lejos del casco urbano hayan llegado a la misma puerta de las casas, añade Lourdes Hernández, de WWF.

El cambio climático lo que nos está diciendo es que cada vez nos permite menos errores y desidia. Lo que nos dice es reacciona o perece

Estas áreas están obligadas a tener planes de autoprotección y emergencia, pero "el 80% de los municipios españoles en zonas de alto riesgo de incendios" no lo cumple, según explica Mónica Parrilla, de Greenpeace. El dato es una de las conclusiones del informe que publicaron el pasado mes de junio Protege el bosque, protege tu casa, que ofrecía además una calculadora para saber el riesgo potencial de una viviendaSe vive de espaldas al riesgo, advierten.

Caballero alerta sobre esta "desidia" a la hora de organizar estas urbanizaciones: "El cambio climático lo que nos está diciendo es que cada vez nos permite menos errores y desidia. Lo que nos dice es reacciona o perece. Lo de Grecia es un antes y un después. Puede ocurrir en España, en Ibiza, Valencia, Málaga, etc... en miles de sitios y ahora es el momento de empezar: o planificas o pereces". Este experto, que ha estado en Grecia estudiando lo ocurrido, recomienda analizar, planificar y hacer simulacros antes porque "cuando llega el incendio ya es tarde".

La solución pasa por hacer el paisaje menos inflamable

Marc Castellnou explica que ante estos incendios cada vez más grandes hay dos corrientes: la tecnológica, que apuesta por tener cada vez más recursos destinados a la extinción, o la solución que incide en que la salida es la gestión del paisaje para hacerlo más resiliente y menos inflamable y por la que él apuesta.

"La única solución es invertir sobre el paisaje, que no solo es un decorado. De la misma manera que invertidos en salud antes que invertir en medicamentos, hay que invertir en el paisaje (...) Los grandes retos son invertir en el monte y en ecosistemas capaces de soportar el cambio climático", señala el presidente de la Fundación Pau Costa.

Mónica Parrilla, de Greenpeace, advierte de que "estamos en una región en la que incendios va a haber", lo que hay que hacer es reducir la carga de combustible dinamizando el medio rural, fragmentando el paisaje para que no sea contínuo con labores de pastoreo, gestión de biomasa, etc. y con quemas de baja intensidad controladas por expertos.

Lourdes Hernández, de WWF, incide en la misma idea, "hay que gestionar el paisaje para reducir la inflamabilidad, lograr un paisaje que no sea tan fácil de quemar una vez que salta la cerilla". Esta experta advierte de que se está afrontando el problema de la misma manera que hace 30 o 40 años, "cuando los incendios han cambiado". "Estamos viendo que no se es suficiente con destinar más recursos a la extinción, estos incendios se apagan cuando cambian las condiciones meteorológicas o no queda más combustible por arder", añade.

"Hay que exigir valentía a los responsables políticos para dar la vuelta de forma radical a la forma actual de afrontar los incendios porque las condiciones climáticas no nos lo van a poner fácil (...) Tenemos la capacidad de prevenir los incendios de dentro de 20 años", concluye Hernández.

Desde el Ministerio de Agricultura insisten en que hay que abordar la prevención que "no es limpiar los bosques", sino invertir en gestión forestal porque "un monte gestionado es un monte cuidado y un monte cuidado tiene muchas menos probabilidades de sufrir un incendio y muchísimas menos de sufrir un gran incendio forestal".

Las "leyendas" y los "bulos" del fuego

Greenpeace y WWF España llevan tiempo advirtiendo sobre las "falsas creencias" que hay alrededor de los incendios forestales. Son "leyendas" o "bulos" que se repiten todos los años y que dificultan, según advierten estas organizaciones ecologistas, que se trabaje sobre las verdaderas causas de los incendios:

1. El terrorismo incendiario. Aunque es recurrente que las autoridades hablen de terrorismo incendiario -como pasó en Galicia en 2017 y en 2006-, la Fiscalía ha descartado que los fuegos de estos dos años fueran provocados por una trama criminal organizada. El ser humano está detrás del 78% de los incendios de los que se conoce la causa, pero no hay que confundir que un fuego sea intencionado [una quema de rastrojos lo es] con que haya una "intención dolosa" de quemar el monte, aclara Mónica Parrilla. Hay un 15% de incendios de los que no se conoce la causa y solo un 4% están provocados por rayos.

2. Incendios para recalificar el monte. Las organizaciones ecologistas también niegan que la Ley de Montes de 2015 esté detrás del fuego. Es cierto, como señala WWF en su último informe, que la reforma incluyó una excepcionalidad a la prohibición de recalificar durante 30 años siempre que existan "razones prevalentes de interés público de primer orden", pero no se ha usado en estos años en ninguna ocasión.

3. El eucalipto no es en sí el problema. El problema no es la especie en sí, sino el modelo de gestión que se hace de las plantaciones de eucalipto, muchas de ellas abandonadas, explica Lourdes Hernández. "Ourense, provincia que lidera la clasificación en número de incendios todos los años, apenas tiene eucalipto. En Galicia y Portugal arden más las zonas de matorral y pastizal que las masas de eucaliptar y pinar", recoge el informe El polvorín del noroeste

4. El aumento de las penas y la piromanía. Incendiar el bosque ya está penado con hasta 20 años de cárcel en el Código Penal. La solución, defienden los ecologistas, no es aumentar la penas, sino que se persiga el delito de una manera más eficaz, ya que solo "uno de cada mil incendiarios acaba juzgado", afirma Parrilla. La responsable de incendios forestales en Greenpeace también pide que no se confunda la piromanía, que es un trastorno mental que está detrás de menos del 9% de los fuegos, con el mal uso de la cultura del fuego, como la quema de rastrojos.

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