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El actor argentino Óscar Martínez durante la presentación en Valladolid de 'El ciudadano ilustre'.
El actor argentino Óscar Martínez durante la presentación en Valladolid de 'El ciudadano ilustre'. EFE rgl

'El ciudadano ilustre' o la destrucción del ídolo Nobel

  • La Seminci de Valladolid proyecta la película argentina seleccionada para los Oscar

  • Dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat y protagonizada por Óscar Martínez, premiado en Venecia

  • RTVE.es entrevista al actor, protagonista de grandes éxitos del cine argentino reciente

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Si te dan el Nobel de Literatura tienes dos opciones: recogerlo como la mayoría o rechazarlo como Jean-Paul Sastre (o no darte ni por enterado a lo Bob Dylan). La película argentina El ciudadano ilustre arranca con una tercera vía: acudir a la ceremonia para desprestigiarlo es su discurso. Así hace su protagonista, Daniel Mantovani, un ficticio novelista argentino que afirma, frente al rey de Suecia, que el reconocimiento es “la canonización terminal de un artista” que ya no incomoda, sino que complace.

Por encarnar a Mantovani, el actor argentino Óscar Martínez fue premiado con la Copa Volpi a la mejor interpretación del Festival de Venecia. Irónica coincidencia que recompensa a la sarcástica película de los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat. Argentina ha seleccionado a El ciudadano ilustre como su candidata para los Oscar. Con la participación de TVE en la producción, se estrena el 11 de noviembre en España tras un sorprendente éxito (por lo modesto de la producción) en la taquilla argentina.

La premisa bromea con el trauma de la literatura Argentina, que nunca ha ganado el Nobel pese a Borges, Cortázar o Sabato. Los creadores, de hecho, juegan con que Mantovani trascienda la película y han publicado un libro firmado por el personaje, que también posee una activa cuenta de twitter.

En pleno bloqueo creativo, descreído del mundo y de la literatura tras recibir el Nobel, Mantovani acepta la cutre invitación de su pueblo natal, Salas, del que salió hace 40 años para nunca regresar pero que es el centro de su universo literario. Con la frente marchita, vuelve para ser investido como ‘ciudadano ilustre’ de la población. Tras las cálidas loas iniciales comienzan a brotar viejas heridas personales y el desprecio de parte de sus conciudadanos. Nadie es profeta en su pueblo.

“La película me parece una metáfora de la Argentina: la idolatría y la destrucción del ídolo, el chauvinismo, el resentimiento y la envidia, entre otras cosas”, describe el actor, protagonista de algunos de los mayores éxitos del cine argentino reciente (Relatos Salvajes, Paulina).

Pese a la metáfora nacional, Martínez se muestra sorprendido por sus ecos. “Como pasa habitualmente, ‘pinta tu aldea y pintarás el mundo’: en Venecia fue recibida como una película italiana y los periodistas españoles decían que era aplicable a la realidad española. Seguramente por el hibridaje argentino: yo mismo tengo tres cuartas partes de sangre española y un cuarto italiana".

El ciudadano ilustre es una comedia incómoda que abre muchos debates: la ficción y la realidad, el éxito y el fracaso, las políticas culturales, el compromiso. Todo surge en una narración contaminada por la mirada, a veces altiva, a veces compasiva, y siempre un poco cínica de su protagonista.

“Mantovani es un personaje muy rico por sus contradicciones, como las ambivalencias que tiene con su pueblo, de atracción y rechazo. Aunque hace 40 años que no vive allí, todas sus historias se nutren de las historias de su pueblo. Tiene que volver a beber agua de ese aljibe porque si no se seca”, detalla el actor.

Martínez afirma que lidia con su fama mejor que su personaje (“tengo la suerte de que la gente se me acerca con afecto”) y que tampoco sufre de estima dentro de sus fronteras. “No me quejo de la valoración en Argentina, pero es verdad que el premio en Venecia fue vivido de otro modo, como si el reconocimiento exterior te avalara de un modo diferente”.

El 'Nobel' Mantovani cita en una escena el tópico de que la vida supera a la ficción. Y, sí, Bob Dylan le ha dado una lección a Mantovani. “Ni siquiera les atendió el teléfono: me parece más coherente que Mantovani que se presenta para relativizar el premio y agredirlo”, concluye Martínez.

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