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Vivian Maier: crece la fascinación por la niñera fotógrafa

  • Dos exposiciones, en Madrid y Barcelona, exhiben parte de su obra
  • Maier cuidó niños durante 40 años y nunca mostró sus instantáneas
  • La norteamericana está valorada como referente de la fotografía de calle

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Autorretrato sin fecha© Vivian Maier/Maloof Collection, Courtesy HowardGreenberg Gallery, NY

El nombre de Vivian Maier (Nueva York,1926-Chicago,2009) se ha convertido en fenómeno viral y mediático, en plena era del culto a la imagen.

La fascinación por la niñera fotógrafa, y por su trabajo de calidad excepcional, que nunca quiso mostrar en vida, no deja de crecer.

La autora ya es referente de la denominada “Fotografía de calle”, y brilla a la altura de maestros de la talla de Diane Arbus o Robert Frank.

En su tiempo libre, la cuidadora creó una realidad secreta con miles de fotos, grabó sonidos urbanos y rodó en Super 8 y 16 mm en las calles de Nueva York y Chicago en los años 50.

El peculiar carácter de Maier contribuye a agigantar el mito: La Mary Poppins de la fotografía era extremadamente introvertida y se comunicaba con el mundo a través de sus instantáneas. Se especula con que su retraimiento puede ser el fruto de una infancia desgraciada.

Su lazo con el exterior eran los otros, a los que plasmaba en imágenes magnéticas, creativas y sorprendentes. Extraía la poesía de escenas cotidianas protagonizadas por anónimos.

Tras dedicar 40 años al cuidado de niños, murió sola, en total ostracismo artístico y sin un céntimo; paradójicamente las mejores galerías del mundo exhiben en la actualidad su legado valorado en altísimas cifras.

Parte de su “densa y colosal “obra-la niñera realizó más de 100.000 fotografías- recala ahora en la Fundación Canal de Madrid en la exposición “Vivian Mayer. Street Photographer” (Del 9 de junio al 16 de agosto), la mayor muestra de la neoyorquina nunca antes expuesta en la capital.

Una propuesta incluida en PhotoEspaña 2016, que también exhibirá el 5 de julio el documental nominado al Oscar Finding Vivian Maier, realizado por John Maloof, el descubridor de su obra.

A la selección de 120 piezas de Madrid, que se completan con videos y visitas guiadas gratuitas, se suma otra exposición de Maier en Barcelona ("Vivian Maier. In Her Own Hands". Fundación Foto Colectania. Hasta el 10 de septiembre). Una prueba más del interés que despierta su particular mirada cargada de intuición y honestidad.

Una realidad mágica y secreta

Anne Morin, directora de diChroma phtography y comisaria de las muestras madrileña y barcelonesa, cree que a Vivian Maier le hubiera resultado “insoportable” la convivencia con el éxito.

A pesar de todo, la artista amateur no destruyó su obra, que vegetó en un trastero hasta que lo adquirió por casualidad el joven historiador Maloof en una subasta en 2007, y abrió la puerta a que alguien lo encontrara y lo diera a conocer.

“Probablemente, ella sabía que su trabajo era bueno (…) Tenía una cultura visual extensa. Solía frecuentar museos, el cine, compraba revistas, visitaba muchas exposiciones, y es alguien que tiene acceso a la creatividad de sus contemporáneos a los que finalmente se pudo comparar y de los que se pudo nutrir. Aún así, siempre quedó como alguien vanguardista, una pionera. Alguien que supo asentar su lenguaje antes que los demás”, analiza Morin en una entrevista con RTVE.es.

Sus numerosísimos autorretratos son otra forma de emerger una identidad que nunca pudo situar en primer plano por su condición de nanny. Le permitían encontrar su lugar en el mundo en una búsqueda casi rayana en la obsesión, según ella misma grabó en varias cintas.

Autorretrato sin fecha,Greenberg Gallery, New York

Las autofotos muestran imágenes inquietantes en las que rehúye la confrontación visual a favor de una perspectiva confusa, muchas veces interrumpida por un reflejo o un sombra.

“No le hubiera gustado comentar su obra ni participar en una rueda de prensa, pero si hubiera agradecido que el publico la viera y de esa forma se cerrara el círculo que ella dejó abierto. Al considerar su trabajo, la hacemos existir y la proyectamos en la historia de la fotografía”, asegura la experta sobre la herencia visual de la fotógrafa norteamericana.

La mirada de la fotógrafa de calle

Vivian Maier tomaba fotos de manera compulsiva. Aprovechaba sus paseos con los niños para retratar los barrios obreros de las ciudades.

Fiel a su estilo, llegaba, fotografiaba, y se marchaba. No establecía ningún contacto, y a menudo capturaba el instante en una sola toma de indudable belleza. Fuera de estas certezas su vida sigue rodeada de un halo de misterio.

En sus célebres composiciones de calle, Mayer elige seres desconocidos: marineros, paseantes, muchos niños, con los que empatizaba especialmente, y también vecinos de zonas depauperadas.

Armada de su cámara rolleiflex, no contextualiza ni juzga pero trasluce curiosidad y asombro. Posee un olfato extraordinario para convertir a sus retratados en héroes por unos segundos. Juega con las distancias como sello personal.

A veces se aproxima tanto, que invade la distancia de cortesía de las personas que se desvelan sin imposturas ante su objetivo. Al fin y al cabo, la niñera es uno de ellos. Sus fotos son casi una proyección de su personalidad y parecen una imagen dentro de otra.

'Mujer armenia discutiendo en la calle 86',1956, © Vivian Maier/Maloof Collection, Courtesy Howard Greenberg Gallery, New York

En otras ocasiones, una osada Maier acogota con su cámara, siempre situada a media altura, para extraer la reacción de los fotografiados, sobre todo en sus imágenes de clases acomodadas.

La fotógrafa trabajaba en la calle porque allí bullía la vida. El resultado es un enfoque hiperrealista, inconfundible, marcado por “cierto humor, ironía y un estilo humanista continuista de la tradición francesa”, en palabras de Anne Morin.

La obra de Mayer se considera clave en la “Street Photography” de la segunda mitad del siglo XX. Es una de las mejores cronistas de la esencia de las calles neoyorquinas y aún atesora múltiples secretos para disfrute de sus seguidores.

“Nos quedan muchos años para analizar, hacer el inventario, y revelar los más de 2000 carretes que dejó, que requieren un tratamiento químico especial. Tenemos para mucho tiempo porque no nos cansamos de ver una y otra vez las mismas imágenes”, concluye la comisaria sobre el ingente legado de la niñera fotógrafa.

Biblioteca Pública de Nueva York. 1952© Vivian Maier/Maloof Collection, Courtesy Howard Greenberg Gallery,NY

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