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Claves de las elecciones de Grecia

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Los dos candidatos favoritos a primer ministro: Tsipras, a la izquierda; y Samarás, fotografiados en el último mes en Atenas. AFP AFP PHOTO / LOUISA GOULIAMAKI / ARIS MESSINIS

Grecia lleva cinco años protagonizando la actualidad europea: desde el primer rescate en 2010, tramo a tramo de préstamo, recorte tras recorte, huelga tras huelga, coalición tras coalición, la sociedad del país mediterráneo y los centros de poder político y financiero en Europa han temblado por distintas causas.

Esta larga tragedia griega está llegando a otro capítulo clave: las elecciones de este domingo, en las que, según los sondeos, parece que se producirá un importante cambio político.

Con todo, y en ausencia de jornada de reflexión, los partidos apuraban hasta última hora para pedir el voto en una reñida y austera campaña. Estas son las tres grandes claves de los comicios:

Syriza, la oportunidad de un cambio histórico

Syriza, acrónimo en griego de Coalición de la Izquierda Radical, ha recorrido en apenas tres años el camino entre la marginalidad electoral y la posibilidad de gobernar. Todas las encuestas le sitúan como primera fuerza, aunque en principio son capacidad para gobernar en solitario.

En todo caso, sería un hecho histórico que acabaría con el tradicional bipartidismo de Grecia, donde los socialdemócratas y los conservadores (que forman la actual coalición de Gobierno) se han alternado en el poder durante décadas.

Syriza se constituyó en 2004 como una plataforma de 13 grupos y personalidades de diversa filiación, desde comunistas de distintas corrientes a ecologistas pasando por socialdemócratas, que habían coincidido en campañas concretas.

Alexis Tsipras, de formación ingeniero, llegó a la primera línea de la política hace menos de una década, como candidato a la alcaldía de su ciudad, Atenas; y se hizo con el liderazgo de la Syriza coalición en 2008. Convertido en el azote de los Gobiernos, ahora, con 40 años, aspira a protagonizar un cambio que trascendería las fronteras del país.

Recomposición del espectro político

Igual de espectacular que el ascenso de Syriza ha sido la caída de los dos grandes partidos, especialmente el Partido Socialista (Pasok), que en 2012 ya perdió a casi tres de cada cuatro votantes: del 44% con el que arrasó en las elecciones de 2009 al 12%; y que ahora puede llevarse otro batacazo, según todas las encuestas.

La explicación va más allá del castigo a su gestión en los gobiernos durante toda esta crisis; y es que varias escisiones compiten ahora por ese electorado, el último, creado hace solo unos días, el Partido de los Socialistas Democráticos del exlíder del Pasok y ex primer ministro Yorgos Papandréu.

En total, hasta 18 partidos y cuatro alianzas electorales concurren a las elecciones griegas, y casi una decena tiene esperanzas reales de entrar en el Parlamento.

En la nueva Cámara seguramente no faltarán los comunistas, a la izquierda de Syriza, que ha obtenido escaños en todas las elecciones desde la caída de la dictadura militar. Y en el otro extremo, los ultraderechistas de Amanecer Dorado, que pese a estar acusados de formar una organización criminal, tener a sus líderes encarcelados y exhibir parafernalia neonazi, siguen buscando rédito con su mensaje xenófobo.

Por su parte, Nueva Democracia vuelve a presentar al primer ministro Andonis Samarás como garantía de “estabilidad”. Y cerca del centro, otra serie de partidos, como el To Potami creado el año pasado, aspiran a ser bisagra.

Seguramente, la fragmentación complicará la formación de mayorías en un escenario que ya se vivió en 2012, cuando en el plazo de un mes se tuvieron que repetir las también entonces anticipadas.

La inevitable renegociación de la deuda

Sea cual sea el desenlace de las elecciones, el gobierno resultante intentará negociar con sus acreedores un alivio a la deuda del país, que pese a la quita de 2012 ha pasado del 130% del PIB al 177% en estos cinco años, y es una de las más altas del mundo desarrollado.

Así lo asumen las autoridades de la UE y la mayoría de los analistas o inversores, conscientes de que el grado de exigencia de esa petición dependerá del vencedor: si gana Syriza, tratará de renegociar las condiciones de la deuda, así como los recortes impuestos, mientras los conservadores solo solicitarían cierta suavización en los pagos a la troika de prestamistas (integrada por el FMI y la Comisión y el Banco Central europeos).

Aunque desde Fráncfort y Washington (sede del Fondo Monetario Internacional) han amagado con romper con Atenas (y provocar su salida del euro) si el nuevo Gobierno no cumple las condiciones actuales, lo cierto es que los socios europeos parecen predispuestos a cierta flexibilización en los intereses y los plazos de los pagos, pero siempre a condición de que continúen las reformas exigidas hasta ahora.

Sin embargo, Syriza ya ha dicho que cambiará el rumbo y que las reformas aplicadas –que han derivado en drásticos recortes sociales– se sustituirán por otras como la lucha contra la corrupción, y una política de inversiones que sirva para impulsar el crecimiento y crear empleo aún a riesgo de no cumplir con el objetivo de déficit.

Desde el primer rescate en mayo del 2010, el PIB griego se ha contraido más de la cuarta parte, el Estado ha (mal)vendido buena parte de su patrimonio y sector empresarial, el paro está en el 25% (el 50% entre los menores de 25 años) y en término medio las rentas de las familias han bajado más de un tercio al tiempo que se han reducido y encarecido los tratamientos médicos.

Los testimonios de muchísimos ciudadanos dan cuenta de un auténtico sufrimiento en estos años ante el que han proliferado las iniciativas de autogestión para buscar alternativas de servicios sociales y económicas, que en algunos casos van más allá de la subsistencia.

¿Cómo se elige a los diputados?

9,8 millones de griegos mayores de 18 años y 25 días están llamados a estas elecciones anticipadas. Debido a que el censo no se actualiza hasta el 1 de febrero de cada año, los que han cumplido la mayoría de edad en lo que va de 2015 no podrán votar. Es decir, lo podrán hacer los nacidos en 1996 o antes. Todos ellos tienen, teóricamente, la obligación de votar, aunque en la práctica no sanciona a los abstencionistas (casi un 38% hace tres años). No se puede votar desde el extranjero.

Son elegibles los mayores de 25 años, con restricciones más importantes que en otros países europeos a funcionarios que ejerzan algún tipo de autoridad (incluidos cargos políticos locales o regionales).

De los 300 diputados, 238 se eligen mediante listas abiertas en 56 distritos electorales de diversos tamaños. Otros 12 se eligen mediante listas a nivel estatal, y en ambos casos con proporcionalidad casi total una vez superado el umbral mínimo del 3% para cada partido. Pero una vez realizado este reparto, la formación más votada obtiene directamente una bonificación de 50 diputados.

Hay una cuota para que al menos un tercio de las candidatas sean mujeres, pero no se contempla que deban situarse en puestos de salida (con posibilidades reales de elección), con lo cual en la práctica todavía hay muy pocas parlamentarias (18% en la Cámara saliente). Los colegios electorales estarán abiertos entre 7.00 y 19.00 hora local (una hora menos en la España peninsular).

El Ministerio del Interior suele anunciar los resultados casi definitivos la misma tarde-noche del domingo. Tras las elecciones, el jefe del Estado encarga la formación de Gobierno al líder del partido más votado. Si este no tiene mayoría o no logra formar una coalición en el plazo de tres días, el encargo pasaría sucesivamente al líder de la segunda o la tercera formación con los mismos plazos.

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