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Alejandro Sanz besa a Madrid en la primera cita

  • El cantante madrileño ha agotado las localidades del Palacio de los Deportes
  • Durante casi dos horas, el artista ha repasado sus canciones más exitosas
  • Este jueves, Sanz ofrece un segundo concierto a punto de agotar entradas

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Alejandro Sanz, junto a su banda, arropados por un escenario con una gran carga visual
Alejandro Sanz, junto a su banda, arropados por un escenario con una gran carga visual EFE/ Alberto Martín

Setlist del concierto (Palacio de los Deportes, 26 de junio de 2013):

1. Llamando a la mujer acción
2. Cómo decir sin andar diciendo
3. Se vende
4. Desde cuando
5. Medley 1 (Nuestro amor será leyenda, El alma al aire, La Habana, Quisiera ser)
6. Camino de rosas
7. Medley 2 (Enséñame tus manos, Para que me quieras, Hay un universo lleno de pequeñas cosas, Me iré)
8. Cuando nadie me ve
9. Mi soledad y yo
10. Every Little Thing She Does Is Magic
11. Yo te traigo... 20 años
12. Corazón partío
13. No me compares
14. No es lo mismo
15. Looking for Paradise
16. La música no se toca
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17. Mi marciana
18. Amiga mía
19. Y si fuera ella

Cuando Alejandro Sanz juega en casa, lo suyo es algo más que un concierto. Hasta 14 mil personas se han dado cita este miércoles en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, en un parque temático en el que la gran atracción era corear todo el repertorio del artista madrileño.

Lo de Sanz es un partido seguro (un España-Tahití, para que me entiendan), ya que incluso insistiendo en un amplio repaso por su más reciente disco, el público reacciona positivamente, se desvive y canta a todo pulmón (ah, esos fans capaces de pagar hasta 100 euros por hacer karaoke con el artista delante). Con tres canciones de La música no se toca abrió el concierto pasadas las 22 horas: “Llamando a la mujer acción”, “Cómo decir sin andar diciendo” y un “Se vende” que ha sonado muy tajante sobre el escenario.

Un universo lleno de grandes canciones

Y a partir de ahí es cuando se suceden los éxitos de siempre, algunos de ellos recortados en un formato medley que pasa de “El alma al aire” a “Quisiera ser”; o de “Hay un universo de pequeñas cosas” a “Me iré”. Y no se crean que el público se enfada por este corto formato de canciones infalibles. No, porque Alejandro Sanz guía al público a la usanza de aquel flautista: les lleva encantados por su música, que repasa una variedad de estilos que a ratos suena a funky, a salsa, a flamenco, a R&B o a canción italiana.

Pero sí, aunque esta religión musical no se practique con asiduidad, llega un momento en el que cualquiera se sorprende a sí mismo rezando pasionalmente estribillos como los de “Cuando nadie me ve”; la más veterana de la noche, “Mi soledad y yo” (“una canción que escribí hace tres días”, bromeó); o una eterna “Corazón partío”.

Es cuando uno se da cuenta de que Sanz, con su cara de bonachón y su acento de ciudadano del mundo, nos la ha colado. El tipo a lo largo de la noche demuestra que posee un baúl inmenso de canciones que nos ha ido grabando a fuego en el subconsciente: “No es lo mismo”, “Looking for Paradise”, o las más recientes “La música no se toca” o “Mi marciana”.

El cierre de la noche atestigua que hay que tener algo especial para hacer que una multitud se desviva, y al unísono profese admiración y devoción. Se nota, y mucho, cuando el fin de la velada asoma con los acordes de “Amiga mía” e “Y si fuera ella”, dos “joyas de la corona” con las que termina la cita.

Bien rodeado

Sobre el escenario hay poco que reprochar al galán, que aparece flanqueado por una banda de 10 músicos a los que cede protagonismo constantemente a lo largo de la velada. Del multicultural grupo que acompaña a Sanz destaca el teclista dominicano Chris Hierro, una especie de Pepe Reina que a media velada se apoderó del micrófono para presentar al resto de sus compañeros, y para marcarse una versión muy cálida del “Every Little Thing She Does Is Magic” (una de Police que, curiosamente, pocos se animan a corear).

Eso sí, las más evidentes sobre el escenario son Brigitte Sosa (bajista) y Brittany Denaro (guitarrista), que en varias ocasiones monopolizan los focos gracias a unos arreglos que por momentos han sido en exceso rockeros. Para que luego digan que Alejandro ha olvidado a ese Moratalaz canalla...

La gran virtud de Sanz es hacer que parezca fácil. Y no lo es. Crear decenas de éxitos y descerrajarlos uno tras otro con absoluta tranquilidad y una entrega total, es complicado ante un público tan pendiente cada segundo. Pero sigue siendo él, y sigue siendo la voz que todos recordamos, la que en la primera cita embelesa a la chica y se la lleva al huerto.

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