Las sondas espaciales, nuestros ojos en el Sistema Solar

  • Sus capacidades han aumentado exponencialmente con el paso del tiempo
  • Nos permiten alcanzar lugares del sistema solar inalcanzables de otra forma
  • Su coste mucho menor que el de las misiones tripuladas es una gran ventaja
Ampliar fotoImpresión artística de la Mariner 2 en el espacio

Impresión artística de la Mariner 2 en el espacioNASA-JPL

JAVIER PEDREIRA 'WICHO'JAVIER PEDREIRA 'WICHO' 

Además del 40 aniversario de la última vez que un ser humano pisó la Luna, este viernes se cumplen 50 años desde que la primera sonda interplanetaria alcanzara un planeta.

Fue la sonda estadounidense Mariner 2, que durante su encuentro con Venus aprovechó para tomar mediciones de la temperatura de su atmósfera y de su superficie, revelándonos que las nubes son más frías que la superficie, que de hecho es la más caliente de los planetas del sistema solar, de su campo magnético, y de la radiación en su entorno.

La misión de la Mariner 2 no estaba diseñada para entrar en órbita alrededor de Venus, con lo que la sonda siguió su camino hasta quedar en una órbita alrededor del Sol en la que aún está hoy en día, a pesar de que las últimas señales procedentes de ella se recibieron el 3 de enero de 1963.

La Mariner 2 no fue, de todos modos, la primera en establecer contacto con otro cuerpo del sistema solar, ya que ese honor le corresponde a la sonda soviética Luna 2, que el 14 de septiembre de 1959 se estampaba contra la superficie de la Luna al este del mar de la Lluvia.

No sería hasta el 3 de febrero de 1966 cuando se produjera el primer aterrizaje suave de una sonda sobre otro caso, de nuevo en la Luna, y de nuevo a cargo de una sonda soviética, la Luna 9, aunque también hay que decir que era la duodécima vez que la Unión Soviética intentaba un aterrizaje suave en otro astro.

Alto índice de fracasos

De todos modos esa época inicial de la exploración espacial se caracteriza porque el índice de misiones fracasadas es muy alto, ya que se estaba llevando la tecnología al límite, y de hecho aún en el caso de las sondas que conseguían cumplir el objetivo de la misión estas duraban muy poco tiempo antes de fallar.

Pero la tecnología fue avanzando rápidamente, y en buena medida gracias a los avances en electrónica pronto las misiones de las sondas espaciales empezaron no sólo a alcanzar un índice mucho mayor de éxitos, aunque sigue habiendo sonados fracasos, sino que su duración sobrepasa con creces sus objetivos iniciales.

Así, por ejemplo, las sondas Voyager 1 y Voyager 2, lanzadas en 1977, siguen en funcionamiento, camino de salir del sistema solar rumbo a las estrellas, y es previsible que su misión sólo termine cuando se queden definitivamente sin energía, algo que se calcula que podría ocurrir alrededor de 2025.

Opportunity, el rover de la NASA en Marte, también está estableciendo récords de duración, pues va ya para nueve años en activo cuando su objetivo inicial era durar 90 días.

En general en estos años las sondas espaciales nos han permitido acceder a sitios a los que la tecnología actual no nos permitiría llegar aunque quisiéramos y adquirir multitud de nuevos conocimientos científicos que compensan con creces la inversión realizada.

Llegada a otros planetas

Así hemos podido llegar a Marte en 1965 con la Mariner 4, a Júpiter en 1973 con la Pioneer 10, a Mercurio en 1974 con la Mariner 10, a Saturno en 1979 por la Pioneer 11, a Urano en 1986 por la Voyager 2, y a Neptuno en 1989 de nuevo por la Voyager 2, y la New Horizons va camino de Plutón, aunque ya no se le considere un planeta, a donde tiene previsto llegar en julio de 2015; de hecho alguno de estos planetas han recibido visitas de más de una sonda.

Pero también hemos visitado cometas, nos hemos traído de vuelta a la Tierra muestras tomadas de cometas remotos, de las partículas de viento solar, hemos colocado sondas como la Huygens en Titán, una de las lunas de Saturno, etc.

Es cierto que en la tesitura actual de crisis económica pocas agencias espaciales escapan de los recortes presupuestarios, si es que alguna lo hace, pero aún así parece indudable que los programas de exploración espacial robótica gozan de mejor salud que los programas tripulados, mucho más caros.

Claro que no hay que olvidar que además de todo lo que hemos aprendido gracias a ellas estas sondas se han convertido en nuestros ojos y sentidos en el resto del sistema solar, lo cual es poco menos que increíble y seguramente impagable.

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