La crisis del euro cumple dos años en las cumbres

  • Los líderes llevan reuniéndose dos años sin cerrar la crisis de deuda
  • Las cumbres reaccionan a los ataques de los mercados a la eurozona
  • Europa ha cambiado su arquitectura pero no a la velocidad deseada
  • La sensación de cumbre decisiva genera hastío en mercados y opinión pública
ALBERTO FERNÁNDEZ 

"Hoy era la hora de la verdad para la eurozona: o bien dejábamos a los mercados decidir el futuro del euro en nuestro lugar o éramos capaces de tomar las medidas necesarias". Con estas palabras el entonces presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, declaraba orgulloso el 8 de mayo de 2010 que los líderes europeos habían estado a la altura para salvar la crisis de la eurozona.

Dos años después, su sucesor en el Elíseo, François Hollande, y el primer ministro italiano, Mario Monti, sentenciaban en Roma su fracaso: "Las mejoras progresivas logradas en la gobernabilidad en la eurozona no son suficientes para proteger al euro de las turbulencias del mercado".

Entre medias, se han celebrado ocho consejos europeos ordinarios y varias reuniones extraordinarias de jefes de estado y de gobierno de la Unión Europea -formales e informales- con un mismo leit motiv -"salvar al euro"- pero la repetición misma del objetivo ha puesto en evidencia que no se logrado.

Salvar al euro

La misma retórica rodea a la cumbre que se celebra este jueves y viernes en Bruselas lo que demuestra, como sostienen Monti y Hollande, que lo avanzado no ha sido suficiente.

La prueba palpable está en la cadena de países que han tenido que someterse a un rescate soberano o bancario: Grecia, Irlanda, Portugal, esta semana Chipre y España (en este caso solo para sus bancos) mientras Italia se perfila como la siguiente en la lista.

La intervención de estos países ha ido acompañado de nuevos instrumentos europeos que se han ido ellos mismos quedando viejos: a la intervención en Grecia le siguió la creación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), de vigencia de tres años; mientras que tras Irlanda se produjo la concepción del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), de carácter permanente.

Además, a la intervención de Portugal le siguió un refuerzo del FEEF y la presión sobre Italia y España permitió que los fondos de rescate pudiesen rescatar a los bancos y comprar deudas en el mercado secundario.

Ahora, España quiere que el fondo de rescate ayude directamente a la banca y el primer ministro italiano quiere eurobonos, unas medidas que ya fueron planteadas sin éxito en cumbres anteriores por el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, y el del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y que vuelven a estar sobre la mesa.

El eterno retorno de los mercados, los rescates y las cumbres

Desde esa primera cumbre extraordinaria que 'salvó' a Grecia en mayo de 2010 -y que provocó como 'efecto colateral' un ajuste adicional para España que hirió de muerte al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero- la Unión Europea y los mercados se han metido en un singular juego del ratón y el gato que ha tenido en las cumbres europeas su escenario dramático.

En todos los casos, el esquema siempre ha sido el mismo: ataque a un país por malos datos macroeconómicos o de endeudamiento, al que le ha seguido la negativa alemana a darle ayuda sin condiciones para que los mercados condicionasen la toma de medidas de ajuste, lo que lleva a esos países a la petición de auxilio a Bruselas bajo una estricta condicionalidad.

Luego, la Unión Europea adopta supuestas soluciones finales para que esa situación no se repita, que son en principio bien recibidas por los mercados hasta que se leen la letra pequeña...y vuelta a empezar.

Primera cumbre clave. Grecia y el mecanismo de rescate 

La primera de las cumbres europeas en las que se jugaba el futuro del euro ocurrió a comienzos de mayo de 2010, pocos días después de que el Eurogrupo diese su visto bueno a la ayuda a Grecia.

Del encuentro sale la aprobación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, pero Alemania se niega a que fuese permanente (se estableció que duraría tres años) y exige la implicación del Fondo Monetario Internacional pese a la reticencia del Banco Central Europeo y la Comisión.

El déficit oculto de Grecia coloca al país heleno al borde del impago a comienzos de 2010 al dispararse los intereses de su deuda pública. Atenas pide ayuda a sus socios ante “los ataques de los mercados” pero Alemania solo ofrece créditos bilaterales y cuando el país esté al borde de la quiebra.

La situación llega a un punto límite en la primera semana de mayo, cuando los ataques de los mercados provocan una pérdida del 3% en la Bolsa Española y el máximo de la prima de riesgo en 14 años (165 puntos básicos).

Grecia se ve obligada a pedir un rescate de 110.000 millones de euros que procederá del recién creado FEEF con una capacidad total de 440.000 millones de euros con apoyo de otros 250.000 millones del FMI. ¿El problema? Que el fondo solo es temporal y que reserva una buena parte (200.000 millones) a conservar la triple A.

Segunda cumbre clave. Irlanda y el consenso de Deauville

Tras un verano relativamente tranquilo, en el que el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy llegó a decir que la crisis había pasado, los mercados encontraron otro objetivo, el antiguo león celta, Irlanda, que caía debido a la explosión de la burbuja inmobiliaria, que se llevaba por delante a sus bancos.

A finales de septiembre el gobierno irlandés anuncia que su déficit público se disparará al 32% al inyectar más de 40.000 millones de euros en sus entidades financieras, lo que supone la reducción radical de su nota soberana y que se disparen los inteses de su deuda.

Ante rumores incesantes de un nuevo rescate a Irlanda, la canciller Merkel y el presidente Sarkozy se reúnen a mediados de octubre en la localidad de Deaville y marcan su propia agenda de salida de la crisis del euro: el fondo de rescate será permanente pero a cambio de una modificación del Tratado de Lisboa que incluya sanciones a los países incumplidores.

La crisis de la deuda vuelve en noviembre con el rescate a Irlanda. La Bolsa Española vuelve a niveles de julio y la prima de riesgo asciende a su máximo desde la creación del euro: 273 puntos básicos. A finales de mes y tras tres negativas de Dublín se pacta el rescate de 85.000 millones de euros.

Los líderes del euro acuerdan la creación del Mecanismo de Estabilidad Permanente (MEDE), que entrará en vigor a partir de 2013, cuando expire el FEEF y que en todo caso someterá a los países que se acojan a él a una fuerte condicionalidad macroeconómica.

A cambio Alemania pide la participación de acreedores privados, se niega a ampliar su capacidad y bloquea junto a Francia la propuesta del presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, de que haya eurobonos.

Tercera cumbre clave. Portugal y la ampliación del fondo de rescate

El comienzo del año 2011 es aprovechado por Alemania para lanzar su apuesta por la austeridad a nivel europeo, con la clara intención de generalizar el modelo germano a través del llamado Pacto del Euro.

Sin embargo, en marzo el gobierno socialista portugués está a punto de colapsar. El último paquete de ajustes para contentar las presiones de Alemania es rechazado por el Parlamento mientras se agudiza la presión sobre su deuda.

Lisboa pide más flexibilidad para el fondo de rescate y que se resuelva ya la financiación del fondo pero Merkel acuciada por elecciones internas, se resiste.

A finales de marzo la deuda portuguesa se dispara por encima del 9% y las agencias de calificación dejan su nota soberana al borde del bono basura. Tras resistirse en varias ocasiones, el ya dimisionario primer ministro portugués, José Sócrates, pide la ayuda a principios de abril.

Los líderes europeos finalmente aprueban la mayor dotación del fondo de rescate provisional a través de más avales de los estados y establece que el tratado para el mecanismo de rescate permanente se apruebe antes de finales de 2012.

El FMI dice que es insuficiente y que se permita la compra de deuda a países en problemas en el mercado secundario por el fondo de rescate.

Cuarta cumbre clave: El segundo rescate griego y el contagio a España e Italia

El verano de 2011 vuelve a colocar la crisis de deuda en el primer plano mundial. La crisis política en Grecia, que aprueba ‘in extremis’ las nuevas condiciones del rescate, provoca una cumbre extraordinaria a mediados de julio para aprobar nuevas medidas que calmen a los mercados.

A estas alturas ya es evidente la formación de un núcleo duro de la eurozona, liderado por Alemania, con Holanda, Austria y Finlandia, que quieren poner a los países periféricos al límite para que lleven a cabo sus reformas.

Merkel se resiste a una cumbre extraordinaria hasta el final y quiere retrasar un acuerdo sobre Grecia a septiembre pese al clamor de Francia, Italia y España, que consideran que la participación de la banca obligatoria supondría un impago parcial de la deuda griega de consecuencias imprevisibles.

El empeño alemán de forzar una participación de la banca en el segundo rescate a Grecia dispara la desconfianza hacia la prima de riesgo de los periféricos. La situación política en Italia no ayuda y España se encuentra a mediados de julio con una prima de riesgo de 330 puntos básicos, de nuevo su máximo histórico.

El consejo extraordinario del 21 de julio pacta la participación privada en el rescate a Grecia, aunque se considera un caso extraordinario para tratar de no dar sensación de impago.

Se cede también ante el BCE y el FMI y se permite la compra de bonos de países en el mercado secundario para relajar las primas de España e Italia.

Pero pese a la euforia inicial de los mercados, Moody’s coloca a Grecia al borde de la suspensión de pagos, lo que unido a la convocatoria de elecciones anticipadas en España y las dudas en Italia hace que la prima de riesgo de ambos países roce los 400 puntos básicos.

Quinta cumbre clave. La tecnocracia y el Pacto Fiscal

La recta final de 2011 desencadena una crisis política en los países sometidos a la presión de los mercados.

Los gobiernos democráticamente elegidos en Grecia e Italia son sustituidos por ejecutivos tecnocráticos de unidad nacional con la misión de aplicar los dictados de Bruselas para calmar a los mercados.

Mientras, a nivel europeo la apuesta por la austeridad da un paso más con la aprobación del llamado ‘Pacto Fiscal’, que impone la regla de oro presupuestaria en las constituciones nacionales, siguiendo el modelo alemán.

Los líderes europeos se reúnen en diciembre en una nueva cumbre decisiva para la zona euro. Alemania da marcha atrás en su petición de que los acreedores privados participen en el fondo de rescate permanente y acepta adelantar un año, a julio de 2012, su entrada en vigor.

A cambio, impone que los países que reciban la ayuda firmen el pacto fiscal, que obliga a establecer un máximo de déficit en la Constitución del 0,5%.

Las dudas siguen en torno al fondo de rescate: su financiación no se amplía e incluso se queda fijada en 500.000 millones dentro de su tratado de fundación. Además, se rechaza específicamente la recapitalización directa de la banca por oposición de Alemania.

A la sexta, ¿la vencida?

Durante el primer semestre de 2012, Europa constata que está de nuevo en recesión por la crisis de deuda y la solución de la austeridad germana empieza a ser cuestionada dentro y fuera de la UE.

La victoria de François Hollande supone un cambio de discurso, reorientado esta vez hacia el crecimiento. Sin embargo, la crisis política estalla de nuevo en Grecia mientras Bankia explota y vuelve la necesidad de soluciones urgentes.

En una reunión del eurogrupo convocada ‘in extremis’ España acepta finalmente un rescate bancario de hasta 100.000 millones de euros que se canalice a través del FROB. Sin embargo, el Gobierno sigue negociando el rescate para evitar que su condicionalidad someta su política económica a Bruselas.

La cumbre europea, presentada como clave para el futuro de Europa, debatirá la unión bancaria y la unión fiscal para que sean posibles instrumentos como los eurobonos, un fondo europeo de garantía de depósitos o el rescate directo a los bancos.

A cambio, habría una supervisión del BCE y la posibilidad de que Bruselas cambie presupuestos nacionales si no cumplen sus criterios de estabilidad.

La solución, en última instancia, es política, al menos para Goldman Sachs: "Si Ángela Merkel y sus colegas se ponen en pie juntos con el resto de la zona euro y se comportan con una auténtica unión esta crisis se acabaría este fin de semana", señalaba a Reuters Jim O'Neill, su jefe de gestión de activos.

La canciller, por su parte, lo fía más largo: No habrá eurobonos "mientras viva", aseguró en una reunión a puerta cerrada con los diputados de su partido.

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