Egipto prepara una jornada de huelga en el primer aniversario de la caída de Mubarak

  • Un año después, las demandas de Tahrir no se han cumplido
  • Tampoco se ha emitido ninguna condena a los responsables de crímenes
  • Organismos internacionales denuncian retroceso en materia de derechos
ESTELA GIRALDO 

“Ciudadanos, debido a las difíciles circunstancias que atraviesa el país, el presidente Hosni Mubarak ha decidido dimitir y entregar el poder al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas”.

Con este mensaje, de apenas 30 segundos de duración, el que fuera vicepresidente de Egipto y jefe de sus servicios de inteligencia, Omar Suleiman, anunciaba el fin de tres décadas de mandato del rais. De esto hace justo un año.

La plaza cairota de Tahrir, centro neurálgico de las protestas, estalló en euforia, la emoción recorrió todo el país. Abrazos, gritos de júbilo, unidad. La presión popular y constante en las calles egipcias había forzado la renuncia del dictador, y eso, para ellos, constituía un logro digno de festejo.

Sin embargo, un año después, la revolución continúa y son muchos los que piensan que “no hay nada que celebrar, porque los cambios reales no se han producido”. Por eso, activistas y grupos políticos llaman este sábado a la desobediencia civil, cuando se cumple el primer aniversario de la dimisión de Mubarak.

Para esta jornada, estudiantes universitarios, movimientos revolucionarios y sindicatos han convocado una huelga general con el objetivo de presionar el traspaso inmediato de poder de la Junta Militar a un gobierno civil democrático. Miles de egipcios ya marcharon este viernes hasta el Ministerio de Defensa al grito de “abajo los militares”.

También exigen la dimisión del gobierno interino de Kamal Ganzouri (un hombre de confianza de Mubarak puesto a dedo por el Consejo Supremo militar), y la rendición de cuentas de los responsables del millar de muertos por la represión. Los Hermanos Musulmanes, por su parte, han rechazado la convocatoria.

Ninguna sentencia condenatoria a Mubarak

Pese a que en agosto se inició el juicio contra Mubarak, acusado, entre otros cargos, de ser responsable de las 850 muertes que hubo en los 18 primeros días de manifestaciones, no se ha emitido para él ninguna condena. Tampoco para sus hijos, Alaa y Gamal, ni para el exministro de Interior y sus asesores.

Las sesiones se prolongan en un proceso judicial que parece no tener fin. El fuerte despliegue de seguridad que se realiza en cada traslado del exdictador al edificio donde se celebran las vistas le cuesta a los egipcios 64.000 euros, en un país donde cerca del 50% de la población vive bajo el umbral de la pobreza.

Esta semana el Parlamento aceptó enviar a Mubarak a la prisión de Tora, al sur de El Cairo (ahora se encuentra en un hospital militar) y la reubicación de algunos de sus más estrechos colaboradores a otras cárceles del país.

Mientras, paradójicamente, al menos 12.000 civiles han sido condenados por tribunales militares, desde febrero hasta agosto, según datos oficiales. Por eso, organismos internacionales de derechos humanos alzan la voz contra la celebración de los juicios castrenses, sin las garantías legales requeridas.

El ejército y sus privilegios

Además de la asfixia del autoritarismo político, una de las principales causas que provocó la ira en las calles fue el deterioro generalizado de la economía que continúa a día de hoy. La privatización de empresas públicas empeoró las condiciones laborales de los trabajadores, y el aumento del precio de los alimentos en los últimos años se tradujo en un incremento de la pobreza.

Desde el año 2004 se fue tejiendo un movimiento obrero que protagonizó frecuentes paros en importantes fábricas del país. Se creó una lucha sindical que, a pesar de las prohibiciones existentes, fue organizándose y creciendo con otros grupos sociales urbanos, y juntos ganaron el pulso a Mubarak en la plaza Tahrir.

Sin embargo, el poder económico del ejército egipcio no se ha visto afectado. Los militares tienen sus propias empresas y controlan buena parte de la economía nacional. A lo que hay que sumar la relevante ayuda de EE.UU., que les embolsa 1.300 millones de dólares anuales.

“Algunos estudios cifran en un 35% el porcentaje de fábricas que están en manos militares, lo que demuestra su peso político”, explica a RTVE.es el profesor de Políticas Públicas y Relaciones Internacionales de la Universidad Americana de El Cairo, Ibrahim Awad. Y añade: “Nadie sabe cómo se manejan las finanzas de las Fuerzas Armadas”.

Los organismos de DDHH piden cambios

Durante este último año manifestantes egipcios han asistido a una fuerte represión por parte de las fuerzas de seguridad, que han cargado con violencia en protestas pacíficas, lo que ha provocado un sentimiento de desesperación y desamparo en muchos ciudadanos que dicen no sentirse protegidos por aquellos que los gobiernan.

Un claro ejemplo es lo ocurrido en el estadio de Port Said la semana pasada. Decenas de muertos y cientos de heridos en un partido de fútbol entre los equipos Al Masry y Al Ahly. La no actuación de la policía desató la ira en las calles con enfrentamientos durante los días sucesivos.

Por ello, instituciones como la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) han pedido al nuevo Parlamento egipcio “reformas que permitan desmarcarse de la política vigente durante el régimen del depuesto presidente y acabar con la situación de impunidad”.

Entre los reclamos: la derogación completa de la ley de emergencia (vigente desde 1981), la suspensión de juicios militares a civiles (y que figure en la redacción de la nueva Constitución) y la anulación de la legislación que permite el uso de munición real para dispersar manifestaciones.

Amnistía Internacional ha organizado varias manifestaciones en 16 países del mundo para este 11 de febrero, en homenaje “al coraje y la dignidad” de los protagonistas de las revueltas árabes, para que no continúe "este retroceso en materia de derechos".

Seguramente en el primer aniversario de la caída de Mubarak no se repitan en Tahrir las imágenes de alegría que vimos el pasado año. Este sábado muchos activistas egipcios participarán en una huelga como muestra de rechazo al gobierno militar actual. Ya han roto la barrera del miedo.

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