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Ahmadineyad destituye a tres ministros, entre ellos el de Petróleo

  • Los ministros estaban considerados como aliados cercanos al mandatario
  • La crisis de  de Gobierno aumenta ya que el presidente no ha consultado con la Cámara

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El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, ha ahondado  la crisis política que atraviesa el país y el enfrentamiento que mantiene con el Parlamento al destituir de su cargo a tres ministros, entre ellos el portador de la estratégica cartera de Petróleo, Masud Mirkazemí.

Según la prensa estatal, junto a este último también han sido cesados los ministros de Industria y Minas, Alí Akbar Mahrabian, y de Bienestar y Asuntos Sociales, Sadegh Masulí.

Los tres han recibido una carta de la Presidencia en la que se agraden sus servicios y se explica que su destitución se debe a la aplicación de las directrices del quinto plan de reforma económica quinquenal, iniciado en 2010.

Ahmadineyad asegura que sigue el plan de reformas acordado

En uno de las capítulos del citado plan se insta al Gobierno a reducir el número de ministerios -en la actualidad son 21- a través de la unión de diversas carteras.

Esta misma semana, el Parlamento ha advertido a Ahmadineyad de que, aunque ese plan ha sido aprobado, debe consultar previamente con la Cámara su aplicación.

La decisión sorprende, además, porque los tres exministros están considerados aliados cercanos del mandatario.

Asimismo, añade más madera a la disputa con el Parlamento, ya que se produce en el momento en el que la Cámara aún discute la propuesta de unificar en uno los ministerios de Energía y Petróleo, por una parte, y de los ministerios de Trabajo y Bienestar y Asuntos Sociales por otra.

El nuevo cese se produce apenas un mes después de que Ahmadineyad emprendiera un pulso político con el propio líder supremo de la Revolución, el ayatolá Alí Jameneí, a causa de la destitución del ministro de Inteligencia, Haydar Moslehí, e hiciera pública así una crisis que parece apuntar a los pilares del sistema teocrático.

Durante las dos siguientes semanas, el mandatario desapareció de la escena pública, e incluso se ausentó de dos Consejos de Ministros, y azuzó los rumores de que podía ser obligado a dimitir o incluso ser revocado.

Tras nueve días de reto, Ahmadineyad cedió a las presiones de la la casta clerical y de los grupos conservadores, y regresó a la arena política.

De acuerdo con una información divulgada por la página web iraní Ayandeh (futuro), Jameneí habría dado un ultimátum a Ahmadineyad para que reincorporara a Moslehí o renunciara a su cargo.

La supuesta amenaza del líder supremo, que hasta la fecha ha defendido la reelección del mandatario pese a las denuncias de fraude electoral por parte de la oposición, no ha sido confirmada ni desmentida por fuentes oficiales.

El presidente iraní defiende su poder

Al parecer, bajo la polémica se esconde el deseo de Ahmadineyad de que la Presidencia tenga un mayor poder y su afán por defender a su controvertido jefe de oficina presidencial y cuñado, Esfandiar Rahim Mashaí, enfrentado a Moslehí y a los clérigos.

En este ambiente de crispación, la clase religiosa ha multiplicado en los últimos días la presión sobre el presidente, al que le ha advertido de que no sobrevalore su poder, mientras que las fuerzas de seguridad han practicado detenciones en el entorno más próximo de Mashaí.

Algunos de ellos han sido incluso acusados por los conservadores de hechicería.

Expertos aseguran, no obstante, que bajo las excusas legales se esconde, en realidad, el deseo de controlar el estratégico Ministerio de Inteligencia ante las próximas elecciones parlamentarias, previstas para el 2 de marzo de 2012.

La batalla en el seno del Gobierno comenzó el pasado mes de diciembre cuando Ahmadineyad destituyó por sorpresa, cuando se hallaba de visita oficial en África, al entonces ministro de Asuntos Exteriores, Manoucher Mottaki, al parecer aliado del presidente del Parlamento, Alí Lariyaní.

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