Una campaña 'colgada' del 'hung parliament'

  • Las encuestas apuntan a una cámara sin mayoría clara, la primera en 26 años
  • Los liberales tendrían la llave del Gobierno, pero el pactismo asusta
  • El sistema electoral podría ser la primera víctima de la  votación

Ver: Especial Elecciones Reino Unido 2010

El sistema electoral británico (first-past-the-post) entronca directamente con la tradición de un país que no tiene constitución escrita y en la que el bipartidismo recorre su historia política, empezando por la forma misma en la que está concebida la Cámara de los Comunes: a un lado el primer ministro y sus ministros, al otro, el jefe de la oposición y sus ministros en la sombra.

Tories y whigs primero, tories y liberales después, tories y laboristas en el siglo XX se han ido repartiendo la mayor parte de las 650 circunscripciones en las que está dividida Gran Bretaña gracias a que para ganar en cada una de ellas solo hace falta sacar un voto más que el rival.

Eso supone que buena parte de los votos emitidos en las próximas elecciones del 6 de mayo no servirán para nada: irán a parar a los candidatos que perderán en cada circunscripción, a pesar de que hayan logrado más apoyos que en pasados comicios.

La principal ventaja del sistema es que el diputado tiene un contacto directo con sus electores, ya que son ellos los que les elijen directamente y no a la lista de su partido, como ocurre en España.

El principal inconveniente es que toda esta arquitectura está llamada a fomentar el voto útil, es decir, que los ciudadanos se inclinen antes por el partido que tiene más posibilidades de ganar que el que realmente les gustaría votar.

ALBERTO FERNÁNDEZALBERTO FERNÁNDEZ 

Palabra de cuatro letras que agita los mercados, no deja dormir a David Cameron, es el último clavo ardiendo de Gordon Brown y convierte a Nick Clegg en el auténtico centro de la campaña electoral en Reino Unido.

Hung. El parlamento 'colgado' o, lo que cualquier analista del Continente está acostumbrado a ver: una cámara legislativa en la que ningún partido tiene mayoría absoluta.

España, Italia o Alemania, entre otros países europeos, tienen un parlamento así y no se ha producido ningún cataclismo político.

Requisitos para que se produzca: que los laboristas pierdan más de 24 escaños -lo cual es probable- y los conservadores logren aumentar sus huestes en menos de 117- que con el ascenso liberal demócrata también lo es.

Apretado escenario

Las úlimas grandes encuestas, publicadas en los diarios dominicales, señalan que los conservadores están en torno al 35 y 38%, los laboristas entre el 23 y el 28% y los liberal-demócratas entre el 25 y el 29%.

Con este panorama, los 'tories' serían los primeros en número de asientos, seguidos por los laboristas, queden o no por delante en número de votos que los liberales. Sin embargo, aunque la diferencia en votos sería mayor que la que obtuvo Blair hace cinco años, la mayoría absoluta no estaría a su alcance.

La posibilidad de un parlamento sin mayoría clara -el primero desde 1974- puede suponer un auténtico seísmo político, al introducir una tradición pactista sin apenas precedentes en la Cámara de los Comunes.

Además, abriría la puerta a una reforma electoral demandada durante años por los liberal demócratas, que les colocaría como la llave del Gobierno no solo a partir del 7 de mayo sino probablemente en elecciones sucesivas.

La causa: un sistema electoral que pierde legitimidad

El sistema electoral británico tiene legitimidad cuando los dos grandes partidos suman la inmensa mayoría de los votos, algo que ha ido cambiando poco a poco en la reciente historia electoral británica.

Si en 1979 la suma de conservadores y laboristas superaba el 80%, en 1992 era ya el 75% y en 1997 apenas superaba el 72%.

El cambio más radical -que anticipaba que algo se estaba moviendo en el nuevo siglo en la política británica- fue lo acontecido en las últimas elecciones, cuando los dos primeros partidos se quedaron por debajo del 70%.

Según las últimas encuestas, laboristas y conservadores no sumarán más de un 65% en estas elecciones, a pesar de que podrían tener casi el 90% de los escaños.

Sus rivales liberal demócratas sumaron un 22% de los votos en 2005 y obtuvieron solo el 9% de los diputados, menos de la mitad.

La peculiaridad de 2010: los terceros podrían ser los primeros

A la incongruencia que supone este reparto se suma el hecho de que el partido político que tiene sus votos mejor repartidos es el que gana más escaños porque pierde menos votos en circunscripciones en las que no tiene nada que hacer. En el panorama electoral británico, el partido que parte con una ventaja clara es el Laborista.

Con una serie de feudos inexpugnables en el centro, el norte y el oeste del país -además de Escocia- el número de escaños que pueden arrebatarle los conservadores y liberal demócratas es limitado en términos reales.

De esta forma, en 2005 los laboristas solo necesitaron una ventaja de 2,9 puntos sobre los conservadores para superar por 24 escaños la mayoría absoluta, hasta conseguir 349.

Para lograr una ventaja similar, en esas mismas elecciones los conservadores habrían necesitado sacar a los laboristas casi trece puntos de ventaja.

Así, el partido de David Cameron se ha centrado en hacer campaña especialmente en los conocidos como 'key marginal seats', es decir, aquellos escaños en los cuales la ventaja laborista o liberal demócrata fue tan escasa que el aumento de votos torie se puede concretar más fácilmente.

El problema fundamental es que la irrupción de los liberal demócratas tras la gran actuación de su líder, Nick Clegg, en los debates electorales, hace aún más imposible esta tarea.

Primero, porque el aumento de los votos liberales cierra la puerta a los tories a los asientos marginales de este partido que cortejaba y que se concentraban sobre todo en la punta oeste del país, el principal feudo del tercero en discordia.

Eso obliga a que los conservadores tengan que arrebatar más asientos aún a los laboristas, con el inconveniente también de que el ascenso liberal le puede quitar unos votos decisivos para lograrlo.

El resultado podría ser absurdo, pero lógico tal y como están las cosas: los laboristas quedaríanterceros en número de votos pero podrían ser incluso el partido con más escaños en los Comunes si la ventaja de los conservadores no supera los cinco puntos.

La consecuencia: un incierto panorama electoral

Si este resultado se produjese, la Reina de Inglaterra se encontraría con la siguiente paradoja a la hora de llamar al líder de un partido para formar gobierno.

En primer lugar, el partido con más escaños es el que ostenta el Gobierno, con lo cual la primera opción debería ser Gordon Brown, pero ¿tiene legitimidad para gobernar el partido que ha quedado tercero?

Por su parte, el partido con más votos, que en este caso podría ser el Conservador, también reclamaría formar un ejecutivo por la fuerza de los sufragios obtenidos.

El único precedente actual que existe se produno en el año 74, cuando el primer ministro conservador, Edward Health, se mantuvo unos meses en el poder pese a tener menos escaños que el laborisma Wilson.

Sin embargo, el pacto fue imposible y terminaron por celebrarse nuevas elecciones, en las que venció Wilson.

El líder liberal demócrata ya ha dejado claro que no apoyará a un Brown que quede tercero, pero ha dejado abierta una puerta aún más rocambolesca: sí estaría dispuesto a apoyar la elección de otro líder laborista que no fuese Brown en esa situación.

Los mejores situados serían el actual ministro de Exteriores, David Miliband, y el ministro del Interior, Alan Johnson. Las negociaciones estarían a cargo del 'maquiavélico' Lord Mandelson -auténtico líder en la sombra del Laborismo- y quizá de algún prominente ex liberal demócrata, como el ministro de Transortes Adonis.

En el otro lado, desde su llegada a la cabeza del partido, Clegg ha estado virando a la derecha, sobre todo en materia fiscal. Temas como el cambio climático o la recuperación de poder para la sociedad civil, así como una mayor sintonía personal pueden hacer que apoye a Cameron o que le deje gobernar en minoría.

En ambos casos, el líberal-demócrata tendría la sartén por el mango, aunque queda una tercera posibilidad: que los conservadores no logren la mayoría pero les baste con el apoyo de los nacionalistas escoceses y galeses y los unionistas de Irlanda del Norte. La solución, a partir del 7 de mayo.

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