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Hay esperanza para los diablos de Tasmania

  • Científicos australianos han identificado las células en las que comienzan los tumores
  • El cáncer facial ha matado ya al 70% de la población de estos marsupiales
  • Si no se encuentra pronto una cura los diablos desaparecerán del ámbito salvaje en 25 ó 30 años

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El marsupial de la risa histérica

El diablo de Tasmania es el marsupial carnívoro más grande que existe. Es negro con una banda blanca en el pecho y que llega hasta los hombros. Es del tamaño de un perro pequeño y muy fuerte. Su cabeza es grande, tiene las orejas erguidas y un hocico adornado por una gran trufa negra, muy húmeda, y largos bigotes. Su olor es desagradable y su aullido parece una risa histérica. Si no se encuentra una solución al cáncer que les mata tan rápidamente, los expertos calculan que se extinguirán en 25 ó 30 años.

Cría en cautividad

Para evitar la extinción del diablo de Tasmania está en marcha en el Zoo de Sydney el proyecto 'Salvemos al Diablo de Tasmania'. Por el momento hay 115 diablos sanos distribuidos por los zoos de todo el país y han nacido 34 preciosos cachorritos. El objetivo es conseguir 1.500 ejemplares sanos, una población suficiente amplia y variada genéticamente como para que tenga posibilidades de prosperar en el caso de que se extingan del ámbito salvaje.

Desde mediados de la década de los noventa la población del animal típico de las isla Tasmania, el diablo, está disminuyendo a pasos agigantados. El cáncer facial es el culpable. Los animales infectados mueren a los seis meses con tumores cubriendo su cara. En 1996 aparecieron los primeros casos y los científicos se pusieron manos a la obra en busca de las claves que expliquen porqué la enfermedad se extiende entre estos marsupiales como la pólvora. La revista 'Science' acaba de publicar los últimos descubrimientos. "Es un gran paso adelante en la carrera hacia la salvación del diablo de Tasmania", aseguran los científicos.

El cáncer que padecen los diablos es muy diferente a los otros conocidos. En primer lugar, se contagia, algo insólito y que solo se ha observado con otro tipo de cáncer en perros. Sucede durante las peleas. Cuando se enzarzan en una lucha, los diablos se muerden en la cara. Si uno de los individuos está infectado contagia al otro dejando células cancerígenas en el organismo sano que anidan allí. De esta forma comienzan a desarrollarse los tumores en la cara y la boca y en ocasiones se extiende a los órganos internos.

Los científicos han tomado muestras de tumores de 25 animales y "hemos comparado los genes que se expresan en las células cancerígenas de los diablos y con los expresados en las células de otros tejidos del animal y hemos descubierto que expresan genes que normalmente lo hacen en las células de Schwann", explica Elizabeth Murchison, la directora de la investigación dentro del proyecto Salvemos al Diablo de Tasmania, financiado por la Universidad de Tasmania y el gobierno australiano. Han descubierto que el cáncer comienza en ese tipo de células -que recubren los nervios para protegerlos- y gracias a ello podrán buscar maneras de combatir la enfermedad, diseñar tratamientos terapéuticos y vacunas preventivas.

Hallan una proteína que sirve para diagnosticar el cáncer

También han descubierto que los ejemplares que tienen cáncer tienen una proteína muy particular, la peroxina. Esto es algo importante, porque sirve como marcador de diagnóstico. Aquel demonio que tiene la proteína, está infectado sin duda. De esta forma, los ejemplares con diagnósticados serán aislados y será posible contener la enfermedad. "Los demonios pueden contraer diversos tipos de cáncer, sobre todo cuando son muy mayores, hay algunos que en apariencia son muy parecidos al cáncer de cara y son muy difíciles de diferenciar", ilustra la científica de la Universidad Nacional Australiana. Ahora, con el marcador, pueden identificarlos inequívocamente.

Una de las preguntas que aún no tiene respuesta y que será el siguiente paso de la investigación es por qué tras el mordisco las células que el diablo infectado deposita sobre la herida del que no infectado no son rechazadas por su sistema inmunológico. "Al fin y al cabo -explica Murchison- es como un trasplante y el organismo debería rechazar las nuevas células porque son un elemento extraño".

La hipótesis que más convence a los expertos es la de la endogamia. El diablo de Tasmania está aislado geográficamente. Han perdido diversidad genética. Contado a grandes rasgos, el sistema inmunológico de un diablo no detecta la diferencia entre sus células y las de otro diablo porque son muy parecidas.

En el oeste de Tasmania hay diablos que son resistentes a la enfermedad, porque son más diferentes desde el punto de vista genético. Los expertos están cruzando las distintas poblaciones de la isla. Quieren aumentar la diversidad genética que, esperan, incremente la población de diablos resistentes al cáncer.

Los estudios serán aplicables a la investigación médica

Todo aquello que descubran sobre este cáncer tan raro será aplicable a los humanos. Por el momento no hay ningún cáncer identificado que se contagie, pero en 1996 se produjo un único y misterioso caso en humanos: "Un cirujano estaba extirpando un tumor a un paciente y por accidente se cortó con el bisturí. Cinco meses más tarde desarrolló el cáncer de su paciente en la zona de la mano donde se había hecho el corte".

También continúa siendo un interrogante el origen de este cáncer. "La mayoría de los cánceres que están provocados exclusivamente por un agente externo provienen de la infección previa provocada por un virus, como por ejemplo, el virus del papiloma humano, que provoca el cáncer de cuello de útero en mujeres", explica. "Sin embargo, en el caso de los diablos de Tasmania no hemos logrado identificar ningún virus".

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