Europa se reivindica frente a la indiferencia

  • Pese a que la eurocámara ha ido ganando competencias, la participación cae
  • Los partidos plantean los comicios en clave nacional y colocan a gente en retirada
  • Los ciudadanos no se sienten motivados porque no hay un liderazgo político resultante
  • Los eurodiputados tienen más margen de maniobra que los diputados nacionales
  • Más información en nuestro especial sobre las Elecciones Europeas
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ALBERTO FERNÁNDEZ - MADRID En 1979, cuando se produjeron las primeras elecciones europeas, casi un 62% de los ciudadanos de la UE acudieron a votar, pese a que el parlamento resultante apenas tenía competencias. Treinta años después, la eurocámara cuenta con tal capacidad de decisión que casi ningún tema puede ser aprobado sin su visto bueno...pero es probable que la vote apenas un 40%.

Ésta es la gran contradicción de las elecciones europeas y del trabajo que durante tres décadas -especialmente a partir del Tratado de Maastricht- han ido realizando sus señorías en Bruselas y Estrasburgo: han pasado de no contar nada pero ser importantes para la población a tener poder y ser considerados unos ceros a la izquierda por sus votantes.

Un parlamento más político

De que la mayoría política de la eurocámara sea de un color político u otro dependerá que iniciativas como el aumento del número mínimo de semanas de baja por embarazo, la extensión del periodo de vigencia de los derechos de autor, que se necesite una orden judicial para cortarte internet o que haya o no excepciones a la jornada laboral de 48 horas.

Más aún, si el Tratado de Lisboa se aprueba podrá decidir sobre algo tan importante para el organismo comunitario como los fondos agrícolas y tendrá más poder para elegir al presidente de la Comisión.

En realidad, este aumento de competencias será la culminación de la trayectoria emprendida a mediados de los 90 debido a la aplicación de Tratado de Maastricht, que establecía la codecisión entre Parlamento y Consejo, dejando a los legisladores alzar la voz en temas tan sensibles como los transportes, la protección de los consumidores y el medio ambiente.

De esta forma, la eurocámara poco a poco ha pasado de reivindicarse como tal a ser un punto donde se confrontan ideologías e intereses nacionales.  

Esta nueva forma de actuar hace que se rechace la directiva de ampliar la jornada laboral pero que se valide la de retorno de inmigrantes; que se dé el visto bueno a la directiva de servicios pero que se arremeta contra los gobiernos por los vuelos de la CIA.

El discreto encanto de ser eurodiputado

No solo eso: un análisis pormenorizado de lo que hará un eurodiputado español durante los próximos cinco años debería hacer que esto no ocurriese.

Por ejemplo, puede plantear una iniciativa al margen de su grupo parlamentario. Es más, es posible que logre parar una directiva de la Comisión y el Consejo con su labor individual. Además, rompe en ocasiones la disciplina de voto de su grupo europeo e incluso entre sus compañeros españoles.

"El eurodiputado tiene más capacidad de ser un representante de los ciudadanos que los diputados españoles, que están metidos en el engranaje de los grupos parlamentarios", subraya Alfredo Allúe, director del Instituto de Estudios Europeos, en Valladolid.

Las claves de esta circunstancia está en una anomalía de partida: en Europa no gobierna la mayoría parlamentaria, sino que existe un proceso de codecisión entre gobiernos de distinto color político y la eurocámara, donde se mezclan los intereses ideológicos y nacionales.

"Cuando la Comisión hace una propuesta directiva ya sabe si tiene mayoría en el parlamento, y si no la tiene se autocensura", señala Ignacio Molina, investigador del Real Instituto Elcano, que equipara esta labor de la eurocámara a la del Congreso estadounidense, donde una iniciativa gubernamental puede chocar con el rechazo legislativo.

El resultado se aprecia en el movimiento constante de lobbies que hay en Bruselas y Estrasburgo para lograr influir en los eurodiputados, algo que demuestra, según el investigador del Instituto Elcano, que "el poder normativo se encuentra en el Parlamento Europeo".

Primera tesis: la culpa, de los políticos

Ahora bien, la realidad es que las últimas encuestas apuntan a que la participación será aún más baja que en 2004, de forma que rondará el 40% en los 27, pese a los poderes del europarlamento. ¿De quién es la culpa, de los ciudadanos o de los políticos?

"A la gente no se le explica que hay una directiva de servicios, otra de retorno, por ejemplo, que se han aprobado en el parlamento europeo y que afectan a su vida diaria", se queja Allúe, que señala directamente a nuestros dirigentes.

Por eso, para Allúe el principal problema es "la falta de pedagogía" que se hace sobre la labor de esta cámara, que nace del propio desinterés de los políticos.

"Si Ramón Jaúregui, número dos del PSOE en las europeas dijo que el Parlamento Europeo es un cementario de elefantes, ¿cómo quiere que un domingo de junio deje de ir a la playa para ir a votar?", comenta de manera gráfica.

Esa misma reflexión se hace Ignacio Molina, que reconoce que en las formaciones políticas "hay mucha presión para colocar a gente incómoda o que está de retirada", algo que en el caso de España se complementa con otro elemento distorsionador: la territorialización de la lista.

Segunda tesis: El desinterés ciudadano

Sin embargo, a nivel general, Molina defiende la otra postura: a los ciudadanos nos interesan las elecciones en las que hay en juego un liderazgo político, "lo más importante a la hora de votar y que no existe en estas elecciones".

Por eso, para Molina el hecho de que la crisis haya convertido estos comicios en una especie de primarias, aunque es negativo porque distorsiona el debate europeo, tiene un elemento indudablemente positivo: evitará una caída en picado de la participación.

"Estoy convencido de que en todos los países de los 27 la clave será nacional, más aún con la crisis económica; de forma que el tema europeo queda diluido", se queja el director del Instituto de Estudios Europeos. 

Sin embargo, eso, a su juicio, no puede ocultar un dato irrefutable:  "Ahora en Europa hay mayorías y minorías y eso es muy importante. Si la gente lo ve aprenderá que su voto vale para algo", concluye Allúe.
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