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Ejemplar del diario Harpers Weekly, correspondiente a la época de la ley secaREUTERS/Lee Celano
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Decenas de destilerías se pusieron en marcha en EEUU con el final de la ley seca en los años 30REUTERS/Larry Downing
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Destiladora del siglo XVII, expuesta en el Museo del Cocktail Americano, en Luisiana.REUTERS/Lee Celano
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Decenas de destilerías se pusieron en marcha con el final de la ley seca en los años 30REUTERS/Larry Downing
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Decenas de destilerías se abrieron en EEUU con el fin de la ley seca.REUTERS/Larry Downing
EFE - WASHINGTON Este viernes se cumplen en EEUU 75 años del fin de la "ley seca", una prohibición que, lejos de reducir el consumo de licores,
provocó el auge de la corrupción y el crimen organizado, fuente de inspiración del cine y la literatura negra.
La prohibición, que
duró 13 años, entró en vigor en enero de 1920, cuando se aprobó la Enmienda 18 de la Constitución. Pronto fue evidente que no se iban a conseguir los resultados esperados.
"En general ha aumentado el consumo de alcohol, se han multiplicado los bares clandestinos y ha aparecido un ejército de criminales", comentó en 1932 el millonario
John D. Rockefeller, quien había apoyado la veda.
Esta experiencia es citada a menudo por quienes
promueven la legalización de la marihuana y otras drogas, pues después de tres décadas de "guerra contra las drogas", en EEUU hay casi dos millones de personas en prisión, y el negocio ilegal sigue medrando.
La Enmienda 18, que
declaró ilegal la producción, venta y posesión de licores destilados, fue resultado de décadas de campañas del llamado movimiento de temperancia, y de los problemas del alcoholismo en una población engrosada por una oleada de inmigrantes.
El noble experimento Los promotores de la Prohibición la llamaron
el noble experimento y
esperaban que reduciese el crimen y la corrupción, resolviese problemas sociales tales
como la violencia doméstica, y bajase la carga fiscal de prisiones y albergues para pobres.
La Prohibición contó con el
respaldo de sectores sociales muy dispares, desde los "progresistas", que querían mejorar la salud de los trabajadores, a la organización supremacista blanca
Ku Klux Klan, los grupos feministas, los cristianos sureños y los negros en áreas rurales.
Consumo de alcohol En 1919, mientras se procesaba la ley, el consumo per cápita de bebidas alcohólicas era de 6 litros al año, según un estudio publicado en 1932 por Columbia University Press.
En 1921 el consumo per cápita bajó a aproximadamente medio litro y ésa fue
la última buena noticia acerca de la Prohibición. En 1922 el consumo llegó a casi 4,5 litros, y en 1929 a cerca de 5 litros.
Consecuencias de la ley seca
La ilegalización tuvo el efecto económico lógico, como el
aumento de precios de las bebidas que se producían clandestinamente y se vendían descaradamente.
El costo de las bebidas subió rápidamente y la
destilación clandestina de licores o el contrabando de bebidas desde México, Canadá y el Caribe fomentaron las organizaciones delictivas que darían material a las películas y novelas de "gánsters" por varias décadas.
En 1920 el gasto en licores destilados equivalía aproximadamente al 40 por ciento de lo que se gastaba en bebidas alcohólicas, en tanto que el resto eran otros no destilados, como vino o cerveza.
En 1922 había subido al 90 por ciento. Los aficionados al trago consumían más licores, y muchas cervecerías y bodegas vitivinícolas se vieron
obligadas a fusionarse.
Otro impacto económico fue
la pérdida de unos 500 millones de dólares anuales en recaudaciones de impuestos, justo cuando el negocio se tornaba más lucrativo, y florecían las destilerías en países vecinos.
La
tasa de homicidios, que en 1920 era de 6,8 por cada 1000 habitantes fue de 9,9 en 1933, y desde entonces bajó cada año hasta menos de 6 por cada 100.000 cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial.
La Prohibición coincidió con una bonanza de especulación financiera, lo que ahora se denomina una "burbuja", y en el frenesí de los
Años Locos medraron pandillas criminales y
se hicieron famosos Al Capone y su rival Bugs Moran, que controlaban redes de destilerías, y
speakeasies (bares clandestinos), en muchos casos adjuntos a los casinos.
Antes de la prohibición había 4.000
convictos por delitos federales. En 1932 había 26.859 y la población en las cárceles federales había subido un 366 por ciento.
Fin de la ley seca Una década de Prohibición generó suficiente oposición como para que
Franklin D. Roosevelt prometiera su repudio durante la campaña presidencial de 1932. La ley
dejó de estar vigente el 5 de diciembre de 1933.