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Bush da la mano a Clinton en el momento de su toma de posesión, el 20 de enero de 2001.REUTERS
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RTVE.ES El presidente saliente de EEUU, George W. Bush, y su sucesor, Barack Obama, han hablado sobre la importancia de trabajar juntos durante la transición ante los críticos desafíos que afronta el país, ha informado el equipo del senador demócrata respecto al momento histórico en el que el primer presidente negro ha pisado la Casa Blanca.
El presidente electo y su esposa Michelle han recibido
acogida "muy, muy calurosa" por parte de Bush y su esposa Laura, según afirma en un comunicado Stephanie Cutter, portavoz del equipo de transición de Obama.
Durante la primera hora Obama y Bush se han reunido en el Despacho Oval de la residencia oficial, donde mantuvieron un encuentro "productivo y amistoso", según Cutter.
"Tuvieron una discusión amplia sobre la importancia de trabajar juntos durante la transición en vista de los muchos
desafíos críticos" en el terreno económico y de seguridad que afronta el país durante cerca de dos horas, destaca el comunicado.
Michelle Obama, por su parte, ha mantenido un breve encuentro privado con la primera dama Laura Bush, con quien a continuación recorrió las dependencias de la residencia oficial. Tras su reunión, las dos han hablado sobre
cómo criar hijos en la Casa Blanca. "(Michelle) Obama se sintió honrada al conocer a la primera dama (Laura Bush) quien fue una amable anfitriona", dice el comunicado.
Momento histórico En un nuevo momento histórico, el primer presidente negro de Estados Unidos ha sido recibido por el presidente saliente, George W. Bush en la Casa Blanca, con quien recorrió las instalaciones de la residencia y mantuvo un encuentro privado como parte del ritual de transferencia de poder.
Obama ha acudido a la cita en una limusina negra con cristales ahumados y
acompañado por Michelle, poco después de aterrizar en Washington procedente de Chicago.
Sus dos hijas pequeñas, Malia, de 10 años, y Sasha, de 7, se quedaron en Chicago para ir al colegio, donde las despidió con un beso su padre esta mañana.
Los próximos inquilinos de la Casa Blanca han llegado a la residencia oficial
once minutos antes de la hora prevista, las ocho de la tarde hora española, y han posado para las cámaras durante unos breves instantes tras los apretones de manos y saludos de rigor.
El presidente electo se ha saltado ligeramente el protocolo al dar
una palmada en la espalda a Bush en un gesto característico suyo.
Michelle lucía un llamativo vestido rojo, mientras que Laura Bush eligió un más discreto modelo color café.
Encuentro incómodo Esta escena de colaboración entre Bush y Obama supondrá el primer gran momento de incomodidad del presidente electo que, a buen seguro, pensará en las veces en que ha calificado la labor de su interlocutor como
"ocho años de políticas fracasadas" o cómo definió el momento en que Bush abandonase la Casa Blanca como "un respiro de alivio para todo el mundo".
Obama tiene otros motivos para estar incómodo. En su libro
La audacia de la esperanza ha relatado sus anteriores encuentros con Bush, siempre con
un tono no demasiado condescenciente.
Del primero, ocurrido en 2004 junto con otros senadores recién elegidos como él, deja la siguiente frase: "Los ojos del presidente se volvieron fijos, el tono de su voz se tornó agitado y rápido, propio de una persona que no está acostumbrada ni ve con buenos ojos que le interrumpan, su sencilla afabilidad se convirtió en una certeza casi mesiánica".
Mientras Laura Bush muestra a Michelle Obama los secretos de la Casa Blanca, Bush también pensará en su impresión sobre su sucesor, expresada ante varios amigos durante las primarias demócrtas, donde aseguraba que veía a la senadora Clinton
"más preparada para ser presidente".
Sin embargo, la actitud de ambos está en las antípodas de generar conflictos. Obama ya subrayó el pasado viernes que va a acudir a la Casa Blanca con espíritu bipartidista y que espera "una conversación sustancial" entre él y Bush.
Por su parte, Bush ve esta reunión como una manera de librarse de su impopularidad apostando por una total transparencia en el intercambio de información, más aún en la actual crisis financiera.
Estos gestos ya se han apreciado en su discurso de felicitación a Obama y en la rapidez con la que se ha preparado esta reunión,
sin precedentes en la historia reciente.
Química personal
Además, más allá de sus profundas diferencias políticas -
Obama ya se plantea vetar leyes básicas de la Administración Bush como la referente a la investigación con células madre- siempre queda la posibilidad de que su
química personal funcione.
Eso pasó en 1960 cuando tras mantener una conversación de tres horas con el joven senador Kennedy, su antecesor, el republicano Dwight Eisenhower, que dó "sobrecogido por su conocimiento de los problemas mundiales, la profundidad de sus preguntas y su conocimiento de los temas", según un asesor de el general citado por
The Guardian.
Sin embargo, no siempre ha sido así. Los intercambios de poder en la historia de Estados Unidos han estado trufados de
comentarios hirientes, miradas rencorosas y, sobre todo, de incomodidad manifiesta entre un dirigente que se va y siente que su sustituto no está capacitado y otro que llega con afán de deshacer todo lo que ve a su alrededor.
Ganadores y perdedores
Por ejemplo, el propio Bush vivió un momento de lo más indeseable cuando se encontró el día de su toma de posesión con Al Gore, vicepresidente saliente y candidato perdedor tras el polémico recuento de Florida.
"Clinton tenía su carácter sociable normal, pero Al Gore no era precisamente un alegre campista", ha detallado a
The New York Times Ari Flescher, primer secretario de prensa de Bush, que califica este momento como
uno de los más amargos de la carrera política del presidente saliente.
Más ácido aún fue el encuentro entre
Jimmy Carter y Ronald Reagan en 1980. El primero no era sólo el presidente saliente; también había perdido por amplio margen ante un candidato que veía poco preparado.
Carter empezó a desplegar sus conocimientos sobre seguridad nacional, mientras Reagan le miraba de forma distraida y no tomaba notas. En un momento dado, el demócrata le advirtió: "El día empieza temprano. Un oficial de la CIA se reúne contigo a las siete de la mañana".
Reagan sin inmutarse le replicó: "Bueno, seguro que
puede esperar un largo momento por mí".
En la misma línea fue otro intercambio de poder, el de Truman y Eisenhower. El primero había definido al segundo como un general que sabía tanto de política como "un cerdo del domingo".
La postura del general fue radical: no aceptó su invitación a acudir a la Casa Blanca y
evitó a su predecesor hasta el día de su toma de posesión.