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Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey

Buenas noches,

Hace cinco años tuve el honor, por primera vez como Rey, de felicitaros la Navidad y de transmitiros un mensaje de afecto y buenos deseos para el nuevo año. Un mensaje también de compromiso con mi vocación de servir a España con lealtad, responsabilidad y total entrega.

Por tanto, os agradezco que me permitáis nuevamente compartir con vosotros unos minutos en esta noche tan especial. Y lo primero que quiero hacer, naturalmente, es desearos —junto a la Reina, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía— la mayor felicidad y paz en estos días en los que nos reunimos con nuestras familias y seres queridos.

Y en estas horas queremos tener un recuerdo muy especial con todo nuestro cariño para las familias y personas más afectadas y que más han sufrido –incluso trágicamente– las consecuencias de las inundaciones y las riadas que se han producido en España durante los últimos días, como lo fueron otras muchas a lo largo del año.

Se dice –y es verdad– que el mundo no vive tiempos fáciles. Quizás nunca lo sean del todo; pero los actuales son, sin duda, tiempos de mucha incertidumbre, de cambios profundos y acelerados en muchos ámbitos que provocan en la sociedad preocupación e inquietud, tanto dentro como fuera de nuestro país: La nueva era tecnológica y digital, el rumbo de la Unión Europea, los movimientos migratorios, la desigualdad laboral entre hombres y mujeres o la manera de afrontar el cambio climático y la sostenibilidad, entre otras…, son cuestiones, en fin, que están muy presentes y condicionan ya de manera inequívoca nuestras vidas.

Y junto a todo ello, la falta de empleo —sobre todo para nuestros jóvenes— y las dificultades económicas de muchas familias, especialmente aquellas que sufren una mayor vulnerabilidad, siguen siendo la principal preocupación en nuestro país. Es un hecho que en el mundo —y también aquí—, en paralelo al crecimiento y al desarrollo, la crisis económica ha agudizado los niveles de desigualdad.

Así mismo, las consecuencias para nuestra propia cohesión social de la revolución tecnológica a la que me he referido antes, el deterioro de la confianza de muchos ciudadanos en las instituciones, y desde luego Cataluña, son otras serias preocupaciones que tenemos en España.

Ahora, después de las elecciones celebradas el pasado 10 de noviembre, nos encontramos inmersos en el procedimiento constitucional previsto para que el Congreso de los Diputados otorgue o deniegue su confianza al candidato propuesto para la Presidencia del Gobierno. Así pues, corresponde al Congreso, de acuerdo con nuestra Constitución, tomar la decisión que considere más conveniente para el interés general de todos los españoles.

Os decía al principio que no vivimos tiempos fáciles; pero también creo que, por eso precisamente, debemos tener más que nunca una confianza firme en nosotros mismos y en España, que siempre ha sabido abrirse camino cuando hemos afrontado el futuro con responsabilidad, con generosidad y rigor; con determinación, pero también con reflexión y serenidad. Y tenemos razones sobradas para tener esa confianza.

El progreso de un país depende, en gran medida, del carácter de sus ciudadanos, de la fortaleza de su sociedad y del adecuado funcionamiento de su Estado.

El pasado 19 de junio tuve el gran honor de condecorar con la Orden del Mérito Civil a 41 ciudadanos procedentes de toda España. Mujeres y hombres, mayores y jóvenes, de orígenes y condiciones diversos, que son un verdadero ejemplo de dignidad y fiel reflejo de lo mejor de nuestra sociedad.

Pude apreciar personalmente su generosidad y espíritu solidario, su capacidad de sacrificio y superación, su disposición para ayudar a los demás y anteponer el bien común a los intereses particulares, su coraje en situaciones adversas; cualidades que son expresión de las virtudes cívicas que inspiran a la inmensa mayoría de nuestros ciudadanos.

Se trata, sin duda —y me interesa especialmente resaltarlo—, de actitudes que han ido forjando paso a paso la personalidad de los españoles y moldeando nuestra sociedad actual a lo largo de estas ya cuatro décadas de democracia.

Una sociedad que ha experimentado una transformación muy profunda, como jamás antes en nuestra historia; que vive conforme a valores y actitudes compartidos con las demás sociedades libres y democráticas; que es y se siente profundamente europea e iberoamericana; y que no está aislada, sino muy abierta al mundo y plenamente integrada en la sociedad global.

Una sociedad que ha hecho frente –y ha superado– situaciones muy difíciles con una serenidad y entereza admirables, demostrando una gran resistencia y madurez.

Una sociedad, en fin, emprendedora y generosa, que desarrolla una gran creatividad y un liderazgo indiscutible en muchos campos como la ingeniería, la medicina, la ciencia, la cultura, el deporte o la empresa.

Vivimos en un Estado Social y Democrático de Derecho que asegura nuestra convivencia en libertad y que ha convertido a España en un país moderno, con prestaciones sociales y servicios públicos esenciales como en educación y en sanidad; que está equipado con una gran red de infraestructuras de comunicaciones y transportes de vanguardia, y garantiza como pocos la seguridad de los ciudadanos.

Una Nación, además, con una posición privilegiada para las relaciones internacionales gracias a su clara vocación universal, a su historia y a su cultura. Quienes nos visitan, invierten aquí o deciden vivir entre nosotros, son testigos de todo ello, lo reconocen y lo destacan.

Es mucho, así pues, lo que hemos construido juntos, lo que juntos hemos avanzado. Y podemos sentirnos muy orgullosos de los valores que inspiran a nuestros ciudadanos, de la energía, la vitalidad y el dinamismo de nuestra sociedad y de la solidez de nuestro Estado. Y creo que es importante decirlo, no por una autoestima mal entendida sino porque es una realidad contrastada que debemos poner en valor.

Ante esa realidad no debemos caer en los extremos, ni en una autocomplacencia que silencie nuestras carencias o errores, ni en una autocrítica destructiva que niegue el gran patrimonio cívico, social y político que hemos acumulado.

Sin duda queda mucho por hacer, por mejorar y renovar. Para ello es preciso tener una conciencia clara y objetiva de nuestras fortalezas y de nuestras debilidades; y además, tener una visión lo más realista y completa de cómo y hacia dónde va el mundo.

Todo cuanto hemos logrado —como he comentado otras veces— no se ha generado de manera espontánea. Es el resultado, en última instancia, de que millones de españoles, gracias a nuestra Constitución, hemos compartido a lo largo de los años unos mismos valores sobre los que fundamentar nuestra convivencia, nuestros grandes proyectos comunes, nuestros sentimientos e ideas.

Y de entre esos valores, quiero destacar en primer lugar, el deseo de concordia que, gracias a la responsabilidad, a los afectos, la generosidad, al diálogo y al respeto entre personas de ideologías muy diferentes, derribó muros de intolerancia, de rencor y de incomprensión que habían marcado muchos episodios de nuestra historia.

En segundo lugar, la voluntad de entendimiento y de integrar nuestras diferencias dentro del respeto a nuestra Constitución, que reconoce la diversidad territorial que nos define y preserva la unidad que nos da fuerza.

Y en tercer y último lugar, la defensa y el impulso de la solidaridad, la igualdad y la libertad como principios vertebradores de nuestra sociedad, haciendo de la tolerancia y el respeto manifestaciones del mejor espíritu cívico de nuestra vida en común.

Estos valores llevan muchos años presentes entre nosotros y constituyen una seña de identidad de la España de nuestros días; pero no podemos darlos por supuestos ni tampoco olvidar su fragilidad; y por ello debemos hacer todo lo posible para fortalecerlos y evitar que se deterioren.

El tiempo no se detiene y España no puede quedarse inmóvil, ni ir por detrás de los acontecimientos. Tiene que seguir recorriendo su camino, sin encerrarse en sí misma como en otras épocas del pasado y levantando la mirada para no perder el paso ante los grandes cambios sociales, científicos y educativos que señalan el futuro.

Los desafíos que tenemos por delante no son sencillos pero, como en tantas ocasiones de nuestra historia reciente, estoy convencido de que los superaremos. Confiemos en nosotros mismos, en nuestra sociedad; confiemos en España y mantengámonos unidos en los valores democráticos que compartimos para resolver nuestros problemas; sin divisiones ni enfrentamientos que solo erosionan nuestra convivencia y empobrecen nuestro futuro.

Tenemos un gran potencial como país. Pensemos en grande. Avancemos con ambición. Todos juntos. Sabemos hacerlo y conocemos el camino….

Con ese ánimo y con ese espíritu, la Reina, nuestras hijas y yo, os deseamos a todos –y de manera especial a cuantos estáis lejos, trabajando y velando por nuestro país, o prestáis aquí servicios esenciales en estas horas– muy felices Pascuas y todo lo mejor para el Año Nuevo 2020. Eguberri on. Bon Nadal. Boas festas.

  • Felipe VI cita en su mensaje de Navidad a los 41 ciudadanos a los que condecoró con la Orden del Mérito Civil en junio
  • Resalta con su ejemplo los valores de "diversidad", "generosidad" y preferencia por el "bien común" frente al propio interés

Los expertos calculan que podemos llegar a engordar entre 3 y 5 kilos por culpa de las copiosas comidas y cenas navideñas. Las recomendaciones de los médicos pasan por evitar los fritos y rebozados, huir de los alimentos hipercalóricos, apostar por los frescos, moderar el consumo de alcohol, hidratarse bien y no abandonar el ejercicio físico.

25 años después de su lanzamiento, el villancico All I Want for Christmas is you de Mariah Carey ha alcanzado el número 1 de la lista de sencillos más vendidos en Estados Unidos.

Además, desde hace unas semanas es una de las canciones más escuchadas en Spotify. Hasta la fecha, el single le ha reportado a la cantante unos 53 millones de euros

En estas fechas navideñas lo habitual es que muchas familias se sienten juntas alrededor de una mesa, pero en muchos casos antes de llegar a ese punto se han producido arduas negociaciones. ¿Con tus padres o con los míos? Un equipo del Telediario ha pedido a un psicólogo que dé algunos consejos sobre cómo sobrevivir a esos dilemas.

Según la Organización de Consumidores y Usuarios, en las últimas semanas los productos navideños que más se compran se han encarecido un 8,5%. Sin embargo, son muchos los que han apurado hasta este martes para hacer las compras de última hora.

Los mercados de toda España siguen llenos cuando faltan pocas horas para la cena de Nochebuena, lo que obligará a los rezagados a pagar un precio más alto por productos como el marisco o el cochinillo. 

La Navidad suele estar asociada a un sentimiento de alegría y felicidad, pero para mucha gente es un período difícil marcado las ausencias, la nostalgia y la melancolía. Una época de sentimientos encontrados que, según los expertos, pueden genera ansiedad y estrés en muchas personas por el bombardeo de mensajes felices, los excesos o los balances interiores que suelen hacerse al final del año. Las recomendaciones son no forzar aquellos que no se desea, centrarse en lo que uno cree que importa y alejarse de patrones establecidos.

Los rezagados que hayan dejado la compra de esta noche para las últimas horas se habrán encontrado en la pescadería cigalas a noventa euros o besugo a cincuenta.

Las borrascas y la mala mar que ha tenido a la flota amarrada en los últimos días, han hecho que ahora tengamos menos pescado y marisco y bastante más caro.

Lo comprueba en Vigo Óscar González. 
 

Una de las clásicas imágenes de cada Nochebuena es la de la ciudad de Belén y la tradicional peregrinación de cristianos que llegan a Jerusalén desde todo el mundo.

Allí ha estado durante toda la mañana nuestra corresponsal en Oriente Próximo, Cristina Sánchez
 

La Navidad es especial, y más para los mas pequeños. Muchos la van a pasar en el hospital acompañados de sus familias y del cariño de los médicos.

Con mucha resignación pasan los pacientes la Navidad en los hospitales. No tienen más remedio que adaptarse tanto a las circunstancias

como al menú del hospital.

Más afortunados se sienten los que están hospitalizados a domicilio, que a través de videoconferencias mantienen el contacto con médicos y enfermeras.

Informa Rosa Basteiro.

Como estos días muchos tendrán tiempo de jugar, hoy analizamos dos tendencias que conviven en el mundo del ocio electrónico. Por un lado el streaming y la llegada de STADIA, la plataforma de juego sin descargas que ha lanzado recientemente Google. Luego visitamos la oficina de Koch Media que son los encargados de traer a España la Mega Drive MINI, todo un monumento a la nostalgia gamer y cerramos con una sugerencia para jugar en familia estas fiestas, Mario y Sonic nos llevan a los Juegos Olímpicos de Tokio.

Una nueva mirada a los orígenes de las tradiciones de la Navidad en EuropaRegalar en estas fechas no es algo impuesto por motivos comerciales. Tiene un origen antiquísimo y hay que explicarlo por la relación con los dioses en la antigüedad. En esta época los romanos se intercambiaban regalos en honor de Estrenia, la diosa de la Salud. Las palabras "strennes" en Francés y "strenna" en italiano para designar los regalos de navidad vienen de esa tradición. Con la antropóloga Mónica Cornejo, descubrimos como regalar está asociado al simbolismo de la propiciación de la abundancia y de los personajes que traen los presentes.