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Vicente Aliaga nació en el Callao, en Perú, y desde muy pequeño su madre le hizo disfrutar de la Dichosa Cocina. Empezó a estudiar una especie de FP, y de ahí a su primera aventura: Lima.
Julius se traslada hasta Mundaka para conocer el hotel "Luruna" en el "Palacio Larrinaga" y a George, su propietario procedente de EE. UU. En Laudio se encuentra el "Balintxarreketa", un antiguo caserío reconvertido en hotel y restaurante. Allí, su propietaria y cocinera prepara unos puerros rellenos.
Nacido en Chiva, Valencia, la Dichosa Cocina entré en su vida gracias a su propio nacimiento. Para que él Pablo Margós, y sus hermanos tuvieran una buena vida, su padre cambió de oficio.
En el siglo XVI, el descubrimiento de plata en el Cerro Rico transformó a Potosí en uno de los mayores centros mineros del mundo y en el principal mercado del sur del Imperio español.
Para abastecer a esta enorme ciudad andina surgió una red comercial que conectó regiones productoras de vino en los actuales Perú, Chile y Argentina, impulsando el desarrollo de la viticultura en el Cono Sur.
Así, la demanda de la montaña de plata contribuyó a organizar rutas comerciales y paisajes agrícolas que integraron territorios muy distantes dentro de una misma economía imperial.
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Como les hemos comentado muchas veces, sin proveedores la Dichosa Cocina no existiría. Por eso nos alegra escuchar a Alejandro Mené, la tercera generación de Verduras Mené, de Zaragoza.
La tortilla de patata se ha convertido en un verdadero arte culinario en los bares vascos, donde se producen alrededor de 50.000 al día y es la protagonista indiscutible de los mejores pintxos.
En el campeonato de Euskadi de tortilla de patatas celebrado en Vitoria-Gasteiz todos buscan la famosa txapela amarilla que recibe el cocinero que haga la mejor receta de este plato de toda la vida.
El premio no sólo reconoce el valor gastronómico sino que genera millones de impactos digitales y un jugoso aumento de la clientela.
El concurso exige que las tortillas presentadas sean idénticas a las que se sirven a diario en los establecimientos, para evaluar la regularidad y la calidad real del producto, no versiones especiales.
Sin cortapisas, Dani Álvarez confiesa que su pasión por la Dichosa Cocina se debe a una abuela un tanto condescendiente con el nieto, y a que él era tirando a comilón.
Felipe V, primer Borbón de la monarquía española, vivió marcado por profundas crisis de melancolía que alteraron incluso su relación con la mesa y con el vino.
Mientras el ceremonial heredado de los Austrias convertía cada copa en un gesto político cuidadosamente coreografiado, el rey bebía poco y casi siempre por prescripción médica.
Preparaciones como el chaudeau o el vino dulce de Canarias formaban parte de su rutina nocturna. En esa corte de complejos rituales, el vino fue para Felipe V todo menos un placer. Fue, casi, una amarga medicina contra la tristeza.
En el Madrid de los siglos XVI y XVII, tras el traslado de la Corte en el año 1561, el rápido crecimiento demográfico transformó la vida urbana y dio un papel central a la taberna como espacio de consumo y sociabilidad.
El vino, más salubre que el agua de muchos pozos y gravado con sisas y millones, se convirtió en alimento cotidiano y en una fuente esencial de ingresos municipales.
Así, la red de centenares de tabernas sostuvo el abastecimiento y ayudó a equilibrar la nueva capital del Imperio.
El pistacho se ha consolidado como un alimento de tendencia. En solo una década ha sustituido miles de hectáreas de olivar, viñedo y cereal, especialmente en Castilla-La Mancha, que concentra el 80% de su cultivo. Su auge en la hostelería es tal que negocios especializados en Madrid han aumentado sus ventas un 200% en el último año.
Es un fruto rico en proteínas y grasas saludables que beneficia al corazón, al cerebro y a la digestión. Además, su color y textura lo convierten en un producto sumamente fotogénico y viral en redes sociales.
FOTO: RTVE
Pedro Montolío es un joven cincuentón que se atreve con todo. Su afición a la Dichosa Cocina proviene de sus padres, unos castellonenses de Montanejos que emigraron a Barcelona.
- Los participantes deberán reproducir en directo las elaboraciones de los jueces
- Miércoles 25 de febrero, después de ‘La Revuelta’ en La 1 y en RTVE Play
Cada invierno, entre febrero y marzo, la provincia de Soria se transforma en un epicentro gastronómico donde la trufa negra actúa como eje cultural, económico y culinario.
Restaurantes, cocineros y productores articulan su actividad en torno a este hongo aromático que define la identidad gastronómica local y atrae a profesionales y visitantes de todo el mundo.
El inicio simbólico de la temporada lo marca el certamen internacional Cocinando con Trufa, una competición culinaria que reúne a chefs de distintos países para crear el mejor plato con este ingrediente como protagonista.
Ocho cocineros procedentes de Europa, Asia y América participan cada año, trabajando junto a restaurantes colaboradores de la provincia, lo que convierte el evento en una plataforma de intercambio creativo y promoción territorial.
Lejos de concentrarse únicamente en la capital, la excelencia culinaria se distribuye por toda la geografía soriana, especialmente en pequeños municipios donde la tradición gastronómica se mantiene viva y se renueva con técnicas contemporáneas.
En Medinaceli, el restaurante Duque ejemplifica esta síntesis entre herencia y modernidad. Dirigido por Ángel Cortés, tercera generación familiar, y con Laura Luna al frente de sala, el establecimiento ofrece una cocina que respeta los sabores tradicionales mientras introduce elaboraciones refinadas. Incluso productos emblemáticos como el torrezno se reinterpretan en versiones innovadoras, demostrando que la creatividad puede convivir con el recetario clásico.
La ruta continúa hacia localidades diminutas como Los Villares, donde un hotel-restaurante familiar dirigido por Melania Cascante y su hijo Pablo Cabezón presenta un menú centrado en la trufa negra. Sus propuestas —bombones de trufa, croquetas, buñuelos de queso o canelones de brandada— confirman que la alta cocina no depende del tamaño del municipio, sino del conocimiento del producto y del cuidado en su tratamiento.
Uno de los hitos gastronómicos de la provincia se encuentra en Navaleno: el restaurante La Lobita, primer establecimiento soriano distinguido con estrella Michelin y dos Soles Repsol. Su chef, Elena Lucas, ha desarrollado una propuesta culinaria inspirada directamente en el entorno forestal que rodea el local.
Platos como la croqueta de trufa y coliflor o la codorniz con sopa de pan y mantequilla evocan aromas y sensaciones del bosque, reforzadas por un diseño interior que reproduce un pinar mediante materiales naturales.
La experiencia se completa con la labor del sumiller Diego Muñoz, cuya bodega de más de mil referencias permite maridajes precisos, incluidos vinos de edición limitada elaborados junto al enólogo Bertrand Sourdais.
Además de la trufa, la tradición repostera también forma parte del patrimonio gastronómico soriano. En Almazán, una histórica pastelería familiar elabora desde 1820 las llamadas “paciencias”, delicadas galletas de clara de huevo, junto a otros dulces tradicionales transmitidos durante siete generaciones. Estas recetas refuerzan la idea de que la gastronomía local no solo se basa en productos de temporada, sino también en la continuidad histórica.
El recorrido concluye en la ciudad de Soria con dos ejemplos que simbolizan pasado y futuro culinario. Por un lado, La Chistera, restaurante donde el chef José Antonio Antón combina cocina y espectáculo de magia, fusionando tradición e innovación en menús centrados en micología y producto local. Por otro, el proyecto de la joven cocinera Alba de Pablo, heredera de una saga familiar hostelera, que reinterpreta ingredientes autóctonos como setas, caza y trufa con una mirada contemporánea adquirida tras formarse con destacados chefs nacionales e internacionales.
En conjunto, la escena gastronómica soriana revela un ecosistema culinario cohesionado en torno a un producto emblemático. La trufa negra funciona como símbolo territorial y motor creativo, inspirando a cocineros de distintas generaciones. Su propuesta común se basa en una filosofía compartida: la excelencia surge cuando técnica, paisaje y memoria se integran en el plato. Así, la provincia ofrece una narrativa gastronómica singular, donde el sabor nace bajo tierra y culmina en experiencias culinarias difíciles de olvidar.
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- También restaurantes 'outsiders' que abren solo tres o cuatro días por semana con negocios rentables y premiados
Una de nuestras delicias gastronómicas es la tuber melanosporum, que conocemos más familiarmente como trufa negra. Desde hace ya unos años, España viene ocupando los primeros puestos en el ranking de países productores y exportadores en el mundo. Nos acercamos a Soria para conocer más sobre este producto con Blanca López, responsable de la empresa especializada Espora Gourmet, y con Javier Martín, cocinero del restaurante La Galiana que ha apadrinado al ganador del concurso internacional Cocina con Trufa que se ha celebrado también en Soria.
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