El pontificado de Francisco se ha caracterizado por sus llamamientos a la sencillez y a un esfuerzo reformista que ha encontrado detractores dentro de la propia curia vaticana.
En estos cuatro años el papa argentino ha endurecido las penas contra la pederastia en la Iglesia, ha facilitado y descentrado las causas de nulidad matrimonial, ha abierto una discusión sobre el diaconato femenino y ha permitido que los sacerdotes puedan perdonar a las mujeres que hayan decidido abortar. De momento no se trata en ningún caso de cambios doctrinales, pero el impulso reformador de este papa que algunos consideran imparable, despierta resistencias cada vez más ruidosas.