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Nueve millones de habitantes en España sufre restricciones a la hora de utilizar el agua. La mayoría están en Cataluña, donde algunos municipios se quejan porque no tienen medios para controlar la cantidad de agua que se consume. Si superan las cantidades previstas en el decreto antisequía aprobado por la Generalitat, se enfrentan a multas económicas.

En Málaga, el Ayuntamiento va a cortar de forma progresiva el agua de las duchas en sus playas. En la provincia de Almería, algunos cultivos de frutas y hortalizas están en riesgo porque se ha recortado hasta en un 30% el agua que se destina habitualmente para regar.

Leandro del Moral, experto en gestión de recursos hídricos y catedrático de Geografía en la Universidad de Sevilla, señala en el 24 horas de RNE que "de momento estamos en una sequía grave, pero conocida". Además, del Moral explica que a este problema "se le añaden las olas de calor. Algo que es inédito". El catedrático de Greografía en la US es positivo: "En la ciudades, estamos consumiendo un 45% menos de agua que hace 20 o 30 años".



La gran humareda del incendio declarado en Puerto Real se ha podido ver desde muchos puntos de la bahía de Cádiz. Más de 250 efectivos trabajan sobre el terreno y ocho medios aéreos desde el aire, cuya labor se ha complicado por la cercanía a núcleos urbanos. Las descargas de agua puede dañar las viviendas. El fuego ha obligado, además, a cortar duarnte horas la AP-4. Varios vecinos de la zona han salido con cubos de agua para intentar frenar el avance de las llamas.

Los incendios forestales de Portbou (Girona) y Bonares (Huelva) ha sido estabilizados, pese a que en ambos casos las fuertes rachas de viento han dificultado las labores de extinción. Los equipos de emergencia se centran ahora en controlar completamente las llamas para evitar nuevos focos y en determinar las causas. Los vecinos ya han podido volver a sus casas y hacen balance de los daños provocados por el fuego, que ha dejado un paisaje desolador. Foto: EFE/ David Arjona

Al final de la tarde, los vecinos de Portbou, Llançà y Colera ya han podido regresar a sus pueblos. Las llamas se han quedado a cinco metros de sus casas. Ahora respiran más tranquilos pero ha sido una noche de pesadilla. El fuego rodeó el pueblo y ha dejado un paisaje de ceniza, afectando incluso algunos jardines. Quienes estaban de paso y no podían seguir su camino han pasado la noche en polideportivos. El de Llançà ha llegado a albergar a 140 personas.