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17 muertos y 40 heridos han causado las ráfagas de disparos al aire que tuvieron lugar en Kabul para celebrar la supuesta caída del Valle de Panshir, el último bastión antitalibán. Mientras, en Kabul los talibanes borran cualquier mural que recuerde a la anterior etapa. Los niños han vuelto a las aulas. De momento, no hay imágenes de niñas aunque sí de profesoras. Pequeños grupos de mujeres han vuelto a manifestarse en la capital afgana, incluso encarándose con milicianos armados, para pedir que se mantengan sus derechos. La formación del nuevo gobierno se retrasa, mientras Catar negocia la apertura de corredores humanitarios en los aeropuertos y la ONU convoca para el 13 de septiembre en Ginebra una conferencia ministerial para recaudar fondos ante el eventual colapso económico del país.

Foto: Un miembro de la resistencia antitalibán en el Valle del Panshir (Ahmad SAHEL ARMAN/AFP)

Una veintena de mujeres afganas han salido a la calle en Kabul para reclamar su participación en el Gobierno afgano. Los talibanes prometieron un Gobierno inclusivo pero, en el caso de las mujeres, han pedido que esperen hasta nuevas directrices. Desde la OTAN señalan que es "demasiado pronto para juzgar al nuevo Gobierno" pero que les harán responsables de que han prometido. Informa Valle Alonso.

La Unión Europea quiere una presencia en Afganistán y mantener contactos con los talibanes si se dan ciertas condiciones, pero sin llegar a reconocer al nuevo gobierno que se forme. Así lo ha explicado este viernes el alto representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad, Josep Borrell, durante la reunión que han mantenido en Eslovenia los ministros de Exteriores de la UE.

"Para apoyar a la población afgana, tendremos que relacionarnos con el nuevo gobierno de Afganistánlo que no significa reconocimiento. Es una relación operativa", ha declarado Borrell.

Borrell ha asegurado que esta relación se incrementará dependiendo del comportamiento de los talibanes y de que el país no se convierta en "una base para exportar el terrorismo a otros países", respete los derechos humanos, el imperio de la ley y a los medios.

Afganistán debería también formar un gobierno interino con inclusión de otras fuerzas, autorizar la llegada de ayuda humanitaria y permitir que tanto los ciudadanos de otros países como los afganos que se sientan en peligro puedan abandonar el país.

"Para poder llevar a cabo esta evacuación y evaluar las condiciones hemos decidido trabajar de forma coordinada, coordinar los contactos con los talibanes, incluyendo una presencia conjunta de la UE en Kabul", ha declarado.

Foto: Jure Makovec / AFP

Karwan fue intérprete del ejército español en Afganistán durante años. Consiguió salir del país, pero su familia sigue allí. "Lo estoy pasando mal, no puedo dormir bien, no puedo comer bien, trabajo muchas horas". Ahora vive en Sevilla, pero teme perder a los suyos. Los talibanes les han amenazado de muerte. Sus padres y hermanos no pudieron coger ningún vuelo del operativo español y ahora están escondidos en Kabul. "No pueden salir de casa. Se están quedando sin dinero, la comida está muy cara. Mi hermano pequeño sale a comprar porque mi padre no puede salir. Ya no tengo esperanza." Y pide al ministerio de Exteriores una oportunidad, pegado al móvil.

Entre los refugiados que se van a quedar en España, está Khadija. Tiene 28 años, tres hijos, y hasta que los talibanes volvieron a tomar el poder, era presentadora de los informativos en la televisión pública de Afganistán. Ahora vive en un piso de acogida desde donde, dice, va a seguir luchando por los derechos de las mujeres y por su familia, que sigue escondida y amenazada, cada día que pasan allí su vida corre peligro: "De momento nadie sabe dónde están. Cada día es peor. Siempre puede haber circunstancia que los pueda delatar". El 21 de agosto, cinco días después de que los talibanes tomasen Kabul, Khadija subió a un avión rumbo a España. La periodista, que está estudiando español, no confía en que los talibanes instauren un gobierno inclusivo: "Se dice que tal vez mañana se va a conformar el nuevo gobierno pero la sociedad no lo va a aceptar. Mucha gente está en contra de los talibanes. No respetan los derechos humanos. Lo que les espera con este gobierno es volver 20 años atrás". 

Ana Ballesteros, investigadora asociada al CIDOB experta en Afganistán, ha explicado que la situación en es país es "complicada", pero "diferente a la de hace 20 años". "Están cambiando las relaciones internacionales y se plantean nuevos modelos", ha indicado en 24 horas de RNE, donde ha lamentado que los afganos "sean siempre utilizados por otros países para que consigan sus objetivos”. "No soy optimista sobre el futuro. Es una situación muy grave, una tragedia espectacular. A los talibanes les costará gobernar, varios grupos los intentarán sabotear y se producirá una catástrofe humanitaria", ha relatado la investigadora. Ha opinado que la decisión de la Unión Europea de aportar más dinero a los países vecinos del régimen talibán para evitar que los flujos migratorios lleguen a las fronteras de los países miembros "no es una solución efectiva": "Es adecuada para los intereses de Bruselas, pero no para los afganos que huyen, ni para Pakistán e Irán. La UE intenta paliar los efectos y que se use a los refugiados por grupos como la extrema derecha".

Ballesteros ha comentado que los talibanes pueden tener ahora “una forma diferente de hablar con el mundo", pero lo que hay sobre el terreno es lo que hubo desde el 1996 a 2001. "Quiebran derechos humanos y cometen crímenes de guerra. ¿Cómo vamos a hablar con ellos? Desprecian los derechos humanos y es difícil vender este diálogo y que ellos escuchen y hagan caso", ha sostenido.

Un equipo de Televisión Española está en la frontera entre Afganistán y Pakistán. Este país es el que más refugiados afganos acoge del mundo, cerca de tres millones. Miles de personas esperan, desde hace semanas, a poder cruzar este paso para salvar sus vidas de la represión de los talibanes, aunque Islamabad mantiene la mano dura en cuanto a la acogida y ha anunciado que no considerará a los migrantes afganos como refugiados.

Foto: EFE/EPA/STRINGER

Desde que los talibanes controlan las calles, la mayoría de las mujeres se queda en casa por miedo. Salgy aprovecha para estudiar, aunque es la que ha sacado la mejor nota de acceso a la universidad de todo Afganistán. Su duda ahora es si podrá convertirse en médico, porque las mujeres no pudieron cursar una carrera en la anterior etapa talibán.

Foto: U.S. Air Force/Master Sgt. Donald R. Allen/Handout via REUTERS

Frigo es miembro del mando de operaciones especiales del Ejército de Tierra con base en Alicante y uno de los militares que ha estado en el aeropuerto de Kabul durante las operaciones de evacuación hasta el pasado viernes. Frigo es un alias, por razones de seguridad, mantiene su anonimato. En 24 horas de RNE ha explicado que, cuando llegaron a la puerta del aeropuerto de Kabul asignada a España para las evacuaciones, se sintió “muy impactado por el drama". "Lo primero que recuerdo es ver cómo, sobre la muchedumbre, pasaba una silla de ruedas con una niña con parálisis cerebral y el olor, era nauseabundo", ha relatado y ha añadido que, una vez comenzaron a trabajar, esas sensaciones "pasaron a un segundo plano". "Hemos sido capaces de concentrarnos en esas circunstancias gracias al equipo que formamos y al entrenamiento, pero se te queda dentro todo lo que ves", ha sostenido. "Es duro ver a gente desesperada que no hemos conseguido sacar, pero lo más duro, sin duda, era ver niños metidos en aguas fecales, entre una muchedumbre, muchos de ellos al borde de la muerte por deshidratación o aplastamiento", ha relatado el militar. También ha indicado que, a pesar de los entrenamientos, del sacrificio y de la disciplina "nadie está preparado para una situación como la evacuación de Kabul". "Recuerdo con especial alegría dos momentos en particular: cuando fuimos capaces de localizar a una familia, de noche, entre cientos de personas en el canal de las afueras del aeropuerto, solo con la descripción de cómo vestían y cuando, después de 48 horas negociando con los talibanes la entrada de autobuses, conseguimos ver a un grupo de gente que se acercaba a la puerta y nos saludaban. Fue muy emotivo", ha explicado Frigo.